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Qué le hace a nuestra salud mental la violencia que producen las armas

Aún cuando se salga sin una herida de bala, ¿cuánto daño puede provocar presenciar un tiroteo o saber de un ataque armado?

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Miembros de la comunidad se reúnen en el estadio Uvalde County Fairplex para rezar por quienes se vieron afectados por la masacre en la escuela primaria Robb Elementary School en Uvalde, Texas, el miércoles 25 de mayo de 2022.

Miembros de la comunidad se reúnen en el estadio Uvalde County Fairplex para rezar por quienes se vieron afectados por la masacre en la escuela primaria Robb Elementary School en Uvalde, Texas, el miércoles 25 de mayo de 2022. (Meridith Kohut/The New York Times)

Heather Martin era estudiante de último año en el bachillerato Columbine High School en Colorado en 1999 cuando dos hombres armados, también adolescentes, asesinaron a trece personas e hirieron a 21 más antes de que ambos se quitaran la vida. Martin terminó oculta detrás de una barricada dentro de un salón durante tres horas. Y, aunque no tuvo heridas físicas, presenció las repercusiones que dejó el tiroteo, el cual Martin describió como “horroroso”.

A pesar de haber sobrevivido a un suceso tan traumático, Martin no consideró cuánto pudo afectar a su salud mental. “Minimicé mi experiencia y siempre pensé: ‘A alguien le fue peor. Yo debería estar bien o mejor’”, comentó.

Sin embargo, no estaba bien. Martin tuvo pesadillas recurrentes durante años y con el tiempo dejó la universidad después de desarrollar un trastorno alimenticio y consumir drogas recreativas.

No fue sino hasta que pasaron diez años del tiroteo que Martin por fin encontró el apoyo que necesitaba y pudo reconectar con algunos de sus compañeros, “que me entendían, que también tenían dificultades, que no me juzgaban”, dijo.

Los tiroteos masivos se han vuelto más comunes durante la pandemia, al igual que otros tipos de violencia relacionada con las armas. En lo que va de este año, han ocurrido más de 200 tiroteos masivos en Estados Unidos, incluido en el que murieron diecinueve niños y dos maestras en Uvalde, Texas, el martes pasado. Sin embargo, más allá de las estadísticas, hay un número que es más difícil de cuantificar: la gran porción de personas que enfrenta los efectos psicológicos que produce la violencia.

El daño a la salud mental no solo afecta a las personas más cercanas a la violencia derivada de las armas. También se propaga por toda una comunidad y la nación, comentó Erika Felix, profesora adjunta de Psicología Clínica en la Universidad de California, campus Santa Bárbara, quien ha estudiado a los sobrevivientes de tiroteos.

“Se siente en todas partes”, afirmó. “En verdad debemos considerarla como una crisis pública de salud mental”.

Para los sobrevivientes, las familias de las víctimas y quienes viven cerca del lugar donde ocurrió un tiroteo, los efectos psicológicos pueden ser intensos y prolongados. Pueden incluir trastorno de estrés postraumático (TEPT), abuso de sustancias, autolesiones y trastornos depresivos significativos.

Le pudo pasar a cualquiera de nosotros

En una encuesta de 2018 que realizó Harris Poll para la Asociación Estadounidense de Psicología, el 75 por ciento de las personas de entre 15 y 21 años respondió que los tiroteos masivos eran fuentes importantes de estrés en su vida. La mayoría de la gente de entre 22 y 72 años dijo lo mismo.

El hecho de que el tiroteo de Uvalde le pudo pasar a cualquiera de nosotros “es muy perturbador”, opinó Sara Johnson, profesora de Pediatría en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, quien ha estudiado cómo el estrés crónico afecta el desarrollo y el comportamiento de los niños.

Algunas personas pueden desarrollar una idea de que el mundo no es un lugar seguro, que no se puede confiar en otras personas “o que son incapaces de cambiar las circunstancias en las que están viviendo”, comentó Johnson. “Este tipo de tiroteos masivos en verdad desgarran el tejido de la sociedad”.

No obstante, a pesar de la posibilidad de que haya efectos psicológicos de gran envergadura, hay datos limitados sobre lo que le hacen las heridas de arma de fuego a nuestra salud mental colectiva.

Los síntomas del TEPT pueden ser similares en adultos y en niños, señaló Nicole Nugent, profesora adjunta de Psiquiatría y Comportamiento Humano en la Escuela de Medicina Warren Alpert de la Universidad Brown y experta en identificación y tratamiento del TEPT.

Las personas con TEPT a menudo tienen problemas para dormir y pueden llegar a adormecer sus emociones, estar con los nervios de punta todo el tiempo o sobresaltarse con facilidad, mencionó. El mundo a menudo les parece inseguro y pueden tener recuerdos perturbadores en sus pensamientos diarios. Algunas personas tal vez intenten evitar cosas que les recuerden su trauma. Los adolescentes y adultos pueden recurrir al abuso de sustancias.

Los niños más pequeños pueden padecer dolores de estómago o de cabeza, así como una ansiedad de menor grado que los lleva a portarse mal o a tener problemas para concentrarse. También pueden participar en un “juego traumático”, en el que actúan el trauma que experimentaron, mencionó Nugent. Si el comportamiento persiste, “entonces empezamos a preocuparnos de que pueda apuntar hacia algo significativo como el TEPT”, comentó Nugent.

Cercanía a la violencia

Al igual que les ocurre a quienes padecen la violencia causada por las armas, las personas que viven cerca de ella también pueden sufrir.

Después de hablar con pacientes que tenían ansiedad, depresión o dificultades para dormir, Aditi Vasan, pediatra general en el Hospital Infantil de Filadelfia, decidió investigar cómo los tiroteos cercanos habían afectado el nivel psicológico de los niños de su comunidad.

“Cuando les pregunté cuándo habían empezado los síntomas, me dijeron que fue después de que le habían disparado a un compañero de clase, a un amigo o a un vecino”, comentó.

El estudio resultante, publicado en la revista médica JAMA Pediatrics en 2021, examinó los ingresos al departamento de emergencias entre 2014 y 2018 y encontró que los niños y adolescentes del oeste y suroeste de Filadelfia que vivían a unas cuatro o seis cuadras de donde había ocurrido un tiroteo fueron más propensos que otros niños a acudir a una sala de urgencias por razones de salud mental durante los dos meses posteriores al tiroteo. Las probabilidades aumentaban entre los niños que estuvieron expuestos a varios tiroteos y entre quienes vivían más cerca del lugar donde ocurría tal evento, a dos o tres cuadras. Sus síntomas incluían ansiedad, ataques de pánico, pensamientos suicidas y comportamiento autodestructivo, mencionó Vasan.

Atender los efectos psicológicos de la violencia derivada de las armas

Para los niños más pequeños a los que les ha afectado la violencia, Nugent recomendó conservar la mayor estructura posible, como horarios regulares para ir a dormir y tomar los alimentos.

“Buscan en nosotros pequeñas señales de que las cosas están bien y que están a salvo”, comentó.

Poco después del tiroteo en un cine en Aurora, Colorado, en 2012, Martin y una de sus amigas del bachillerato cofundaron The Rebels Project, un grupo de apoyo apartidista y sin fines de lucro para personas directamente afectadas por la violencia masiva. Con unos 1700 miembros, es una de las organizaciones más grandes de su tipo, comentó Martin.

La gente “minimiza el trauma y sus experiencias y esto la puede llevar a lugares muy peligrosos”, opinó Martin, quien ahora tiene 41 años y es maestra de Inglés en un bachillerato de Aurora. “En verdad se trata de reconocer que te ha impactado”.