Escuche al actor de “Narcos”, Arturo Castro: “Soy más guatemalteco que el fiambre”

Su éxito como actor es creciente, pero también su afán por apoyar proyectos educativos para jóvenes en el país. Escuche la entrevista exclusiva que Arturo Castro concedió a Prensa Libre.

Seguramente lo ha visto. Su interpretación de David Rodríguez en la serie Narcos causó impacto. Pero lejos de encasillarse o resignarse a los estereotipos fílmicos ha buscado nuevos espacios para proyectar su talento, sin perder su esencia de guatemalteco, que reconoce como  “superpoder”.

El camino no ha sido fácil y por eso mismo Arturo Castro, nacido en Guatemala el 26 de noviembre de 1985, se identifica, se solidariza y actúa en favor de jóvenes guatemaltecos a través de la donación de laboratorios de computación o cursos de inglés.

“A mí nadie me puso en las manos mi carrera, tuve que trabajar mucho, pero sí me pusieron herramientas para ganar oportunidades. Eso mismo quiero hacer yo por estos jóvenes, que a veces son estereotipados injustamente”, expresa.

El actor concede esta entrevista después de grabar una película en Savannah, Georgia, junto a Ralph Fiennes (Hotel Budapest), Anya Taylor Joy (Gambito de dama) y el mismísimo John Leguizamo.

Acá puede escuchar la entrevista completa:

 

¿Qué tal la experiencia con la más reciente filmación?

Fantástica. Ralph Fiennes es genial y soy el segundo guatemalteco con el que trabaja. El primero fue Tony Revolori, en Grand Budapest Hotel. También Anya Taylor Joy  es genial, habla perfecto español porque ella es de origen argentino.  Me tocó actuar con 12 actorazos, reunidos todos por dos meses. Todos los días para mí era una verdadera clase de actuación. Es un drama con elementos de terror y también momentos satíricos, un género que no me había tocado aún.

Su fuerte ha sido la comedia

Un poco de todo. He hecho comedia, también drama, con Narcos y Mr. Corman, Alternatino. Pero es la primera vez que se mezcla suspenso con comedia.  Interesante.

¿Cómo resumir ese camino de su carrera actoral?

Mi primera actuación como tal fue en Guatemala. Yo tenía 4 años. Fue en el Teatro al Aire Libre (Centro Cultural Miguel Ángel Asturias) y fue en una pastorela.  Después empecé a trabajar en televisión, salía en un show llamado Conexión, que salía  los sábados, a las 8 de la mañana. Todos mis amigos estaban dormidos a esa hora para verlo. Ya en Estados Unidos comencé en teatro, en el 2008, y mi primer papel de televisión, en 2012. Antes de eso hacía muchos comerciales. Con eso me ganaba  la vida.

¿De dónde surge esa pasión por la actuación?

Me encanta el escenario, siempre me gustó. Mis hermanas siempre fueron muy talentosas, se metieron a clase de actuación y canto; yo las seguí. A los 17 años, la maestra Angélica Rosa me dio un monólogo de Shakespeare, aquel de ser o no ser, de  Hamlet. Estaba en inglés antiguo y, la verdad, no me hacía sentido.  No logré entenderlo.

A las dos semanas se murió mi papá. Fue una gran tragedia que costó superar. Pero cuando ya pasó algo el duelo recogí el monólogo, que había dejado de lado, y descubrí verdaderamente que el dolor del que hablaba este chavo hacía 500 años era justo lo que me pasaba a mí. Entonces la actuación es más que plata o fama: es una expresión profunda que nos hace sentirnos menos solos, más entendidos y también con mayor comprensión. Encontrar que la experiencia humana pueda ser la misma hace 500 años me hizo sentir mejor, menos solo.

¿Cómo llegó a EE. UU?

Me vine a estudiar.  Mi mamá sacó un préstamo para que me pudiera inscribir en una escuela de arte dramático (The American Academy of Dramatic Arts) en Nueva York. Soy el primero de mi familia que estudia en EE. UU., y fue un sacrificio grande el que hizo mi mamá. Audicioné para poder entrar en la academia. Estudié dos años y empecé a hacer teatro. Comencé con con visa de estudiante y luego comencé a tramitar la de trabajo. Pero no fue nada fácil, brother. El proceso migratorio es duro. No fue ni ha sido fácil. Tuve que documentar lo que hacía,  demostrar que estaba en la carrera que decía. Por eso tengo mucha empatía con mis hermanos migrantes y me alienta mucho tratar de hacer un cambio para que haya mejores procesos y también para que se valore mejor a los guatemaltecos.

¿Dónde vivía cuando estuvo en Guatemala?

Primero estuve por allí por la carretera a El Salvador y después cerca del cementerio La Villa, zona 14. Pero, igual, iba a la zona 1 y me conocía el centro. Un guatemalteco normal.

¿Cómo fue el cambio cultural al llegar a EE. UU.?

La verdad es que encontré un montón de mara que me recordaba la manera en que yo pienso: los neoyorquinos se parecen en algo a los guatemaltecos: son chispudos, ambiciosos, con metas, así como los guatemaltecos desde que nacemos. En Nueva York conocí un montón de gente  trabajadora y emocionalmente fue encontrar un segundo hogar. Además, ¿sabes que? Nueva York  es como la zona 1 de Guatemala: no te perdés. Hay  calle, calle, calle; avenida, avenida, avenida. Igual que allá en el centro.

¿Cómo te va con  estereotipos que a veces marcan a los artistas hispanos, que les dejan papeles de narcos o mafiosos?

Ha ido cambiando para bien, en general. Los papeles se han vuelto más tridimensionales. No te niego, los primeros sí fueron algo así. Por ejemplo, estuve en The Goodwife como el lavaplatos Juan, y yo me preguntaba si después seguiría el pirata Juan o el doctor Juan. Sin embargo, se ha ampliado el criterio y la variedad. Cuando empecé a escribir mis propios shows empecé a dar una versión más real de lo que somos.

Se empezó a reír de los mismos estereotipos, como el espacio de comedia Artenatino

Pues sí. Comencé a hacerles burla a los estereotipos.  Para mí la exageración de los prejuicios, y a la vez retomarlo en otras vías, le fue enseñando a la gente que es ridículo que cualquier persona piense que los latinos somos todos solo de una forma.  Todas las personas tenemos potenciales, cualidades, defectos.

Gracias a Dios, cuando me dan un papel, si encuentro algo que me suena a prejuicio o a una generalización injusta  hablo con el director o con el guionista:  bro, esto sí lo veo estereotipado, o simplemente les digo: mira, no voy a hacer esto, brother. Pero usualmente la gente está abierta y se cambia. Es algo que tomó mucho tiempo, tener la valentía de decir algo para que te escuchen, pero está ocurriendo.

Fuera los estereotipos

Hay que romperlos, exagerarlos para que no sigan.  Quiero que la gente en EE. UU., cuando vea a alguien que no se parece a ellos, a un latino, puedan encontrar que no somos tan diferentes. Tenemos sueños, potencial y mucho que dar.

¿Cómo ve a Guatemala desde Nueva York?

Como una mina de talento artístico. Mira, en Guatemala vienen Óscar Isaac, Gaby Moreno, Tony Revolori, para un país tan pequeño en extensión. Yo no conozco tal cantidad de artistas de El Salvador o de Costa Rica que estén en escena y proyectándose. Es una mina de talento. Claro, lo que pasa es que cuando  estás preocupado por la economía, de qué vas a comer, no crees que puedas arriesgarte a poner a tus hijos a estudiar artes. Pero talento hay, y mucho. Por eso me gusta lo que hace Arjona, poniendo escuelas en donde también enseñan arte.

En una entrevista hablaste del concepto 200%

Yo no sabía que podía ser de dos lugares a la vez. Yo soy más chapín que el fiambre en un domingo de noviembre. Mantengo mi acento y no he perdido lo chapín. Nunca lo voy a perder. Pero eso no quiere decir que no pueda asimilar otra cultura. Entonces puedo ser cien por ciento chapín y cien por ciento neoyorquino. Podés ser y dar un doscientos por ciento de lo que sos. Mi superpoder es que vengo de Guatemala.

Aquello que me hace diferente es justamente lo que traigo de Guate, en donde crecí yendo a Atitlán y Amatitlán. Vi el peligro en Guate, pero también las cosas buenas de la gente. Crecí trepando el Volcán de Pacaya, y esas esencias no las tiene nadie más en esta industria en que estoy.

Tengo fe en los guatemaltecos. Nos han tocado gobiernos que, lastimosamente… bueno, espero que un día correspondan al carisma, la gentileza, la honradez de la gente. Los guatemaltecos somos resilientes y esa es una gran fortaleza.

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