Revista D

El escritor fantasma

Hay quienes contratan a personas para que les escriban un libro. Los primeros son los que firman, como si fueran propios.

Durante años se ha rumorado sobre los autores fantasma. ¿Qué tan cierta es la leyenda? (Fotoarte Prensa Libre: Julio Lago A.)<br _mce_bogus="1"/>

Durante años se ha rumorado sobre los autores fantasma. ¿Qué tan cierta es la leyenda? (Fotoarte Prensa Libre: Julio Lago A.)

Por años se ha hablado de los llamados “escritores fantasma, sombra o negros”, que son contratados para redactar un libro, el cual es firmado por otra persona. Estos casos son frecuentes en biografías, memorias o libros de ficción de personajes mediáticos, famosos, políticos o millonarios. Se los acreditan ellos, pero los escriben otros.

La lista, aunque es larga, también abarca a consagrados como Alejandro Dumas, de quien se dice que tenía un equipo que escribía lo que él dictaba y luego este le daba unidad a la obra.

Algunos sospechan que Stephen King o el mismísimo William Shakespeare recurrieron a los servicios de los escritores sombra.

Han aparecido, asimismo, aquellos que portan la bandera del derecho compartido, con colectivos como Wu Ming, que en chino significa “sin nombre”. Sus integrantes, todos italianos, han escrito Q, 54 y Manituana, los cuales han tenido bastante éxito.

Un caso similar en Guatemala se da con el libro Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, escrito por la antropóloga venezolana Elisabeth Burgos Debray, quien grabó las historias de la activista guatemalteca, las transcribió, las ordenó cronológicamente y las publicó en 1983.

Caso emblemático

Uno de los  casos más sonados  gira en torno a la obra Pieles negras y blancas, firmado por Cata Podestá, una peruana acomodada con aspiraciones literarias. El libro, en realidad, lo escribió Mario Vargas Llosa, quien recibió el encargo cuando apenas tenía 23 años.

Sucede que en 1959, el hoy Premio Nobel de Literatura se había trasladado de Madrid a París junto a Julia Urquidi Illanes, su primera esposa.

Ambos afrontaban estrecheces económicas y vivían en una buhardilla del modesto Hotel Wetter, en el número 9 de la rue de Sommerard.

Urquidi Illanes hace alusión a ese episodio en su obra Lo que Varguitas no dijo (1983). En aquellos días —escribe— “llegó al hotel una dama peruana. Acababa de hacer un viaje por el oriente, y quería escribir un libro sobre sus experiencias. Habló con Varguitas. Quedaron en que ella le iría contando sus viajes y él escribiría el libro por una suma de dinero que consideramos suficiente  para los gastos extras de la semana. Le pagaría los viernes, de acuerdo con las páginas escritas. Todas las mañanas iba mi marido a la habitación de la viajera, para hacer el trabajo. Frecuentemente entraba yo a la pieza a escuchar sus relatos; estos eran bastante infantiles. Mario se divirtió con este trabajito”.

Urquidi Illanes, sin embargo, confunde Oriente por África —la aventura de Podestá ocurrió en este último continente—.

Vargas Llosa aceptó a fuerza de las circunstancias. Además, debió mantenerse en el anonimato, como buen escritor fantasma.

Pieles negras y blancas fue impreso en los talleres de P. L. Villanueva, en Lima, en octubre de 1960, y consta de 313 páginas. Es un libro de viajes, escrito en forma novelesca, con escenas dialogadas, lo que denota la familiaridad con el género que tenía Vargas Llosa, y sus deseos de fabular.

Para cuando lo escribió, el peruano se dedicaba a su obra maestra, La ciudad y los perros.

La experiencia de Vargas Llosa como escritor negro no pasaría de la anécdota si él mismo no le hubiera atribuido mayor importancia. Tanto así que en 1983 estrenó una obra de teatro, Kathie y el hipopótamo, basada en su relación con Podestá.

En esta pieza el escritor resucita al periodista Santiago Zavala, su célebre personaje de Conversación en La Catedral, y lo confronta con Kathie Kennety, la esposa de un banquero  que lo contrata para escribir un libro de viajes.

También resulta curiosa la reescritura de ciertos pasajes. En Kathie y el hipopótomo, Zavala dice: “Deambulo entre sepulcros piramidales y colosos faraónicos, bajo el firmamento nocturno, sinfín de estrellas que flotan sobre El Cairo en un mar azulino de tonalidades opalescentes”. Este fragmento, al compararse con el párrafo inicial del libro firmado por Podestá, se lee: “Deambulo por los flancos de las tumbas piramidales. Los filos se yerguen cual cuchilladas: hablan de crueldad. Una luz diáfana azulina destaca en tonalidades opalescentes el firmamento nocturno, la tierra amarilla, los colosos faraónicos y la soledad”.

Muchos años más tarde, en una entrevista, un periodista le entregó a Vargas Llosa una copia de Pieles negras y blancas. El escritor abrió el libro y se entretuvo leyendo unos párrafos. Luego frunció el ceño y dijo: “¿Cómo he podido escribir esto?”.

Poco después reveló que su pieza Kathie y el hipopótamo recreaba algo que le había pasado en sus primeros tiempos parisinos, donde, por razones alimenticias, hizo de ghost writer —escritor negro— de una dama que quería escribir un libro de viajes”.
 
Con información de El País y Revista Ñ, de Clarín.

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