A Vásquez Ampié, nacida en Carazo, Nicaragua, el 8 de enero de 1955, se le reconoce su contribución para que ese ron se haya convertido en un añejo tipo premium reconocido a escala mundial.
“Esta es una gran responsabilidad, pero disfruto mi trabajo”, afirma, a la vez que levanta un vaso corto de vidrio, lleno con la bebida alcohólica de color caoba. Lo rota con suavidad y observa cómo una delgada capa de ron cae sobre las paredes del vaso. Luego lo huele. “Se sienten varios aromas con notas de chocolate, caramelo, vainilla, madera y frutas secas”, expresa.
Le da un sorbo pequeño, para que su boca se adapte al sabor. Unos segundos después, da otro un poco más grande. Jala aire por la boca y lo saca por la nariz. “Con este ron se siente como si la boca tuviera una explosión de sabores”, comenta la experta, que el próximo año cumplirá 30 años de experiencia.
¿Cómo tomó consciencia de que tenía una habilidad especial para sentir aromas y sabores?
De niña era terrible con la comida. Si probaba algo y no me gustaba por su olor o sabor, simplemente no me lo comía.
Tengo una anécdota en la finca donde vivía, allá en Nicaragua. A mí nunca me ha gustado la leche, y para tomármela le echaba bastante café, vainilla o cocoa. Pero había una época en que le detectaba un olor diferente. Mi mamá me regañaba porque creía que eran mañas. Un día, paseando en la finca con mi papá, vi una planta que tenía un olor terrible y le dije: “¡Este es el olor extraño que tiene la leche!” Resulta que las vacas se la comían. De esa forma me fui dando cuenta de que tenía una habilidad diferente.
¿Por qué vino a Guatemala?
En mi país conocí a un guatemalteco. Luego nos casamos y me vine para acá. Primero trabajé en la Cervecería Nacional, en Quetzaltenango, por recomendación de un maestro cervecero nicaragüense. En 1984 empecé a laborar en la industria del ron.
¿Le costó abrirse campo en ese mundo, donde predominan los hombres?
Me hicieron muchas evaluaciones en el proceso de selección. Salía bien, aunque los encargados me ponían el “pero” de que era una mujer. Pensaban: “Es que ella es una señora”, “¡cómo se va a ir a trabajar a la destilería!”, que aquí y que allá. Pero fui avanzando y me contrataron. Con el tiempo, fui jalando a muchas más mujeres al grupo, pues creo que somos muy minuciosas y con más sensibilidad. Eso es importante en los controles de calidad o para quienes desean aprender este oficio.
En general, ¿cuáles son las características del ron?
Para que una bebida alcohólica se llame como tal, debe emplear como materia prima la caña de azúcar.
Por muchos años se produjeron rones blancos o livianos, que solo eran para mezclar. Pero Ron Zacapa abrió un nuevo nicho de mercado en el mundo, el premium, pues nuestro ron es más envejecido, complejo en aromas y sabores; de calidad. Ese es uno de sus méritos.
¿Qué tan reconocida es la marca en el mundo?
En muchos lugares ni siquiera usan la palabra “ron”, sino que piden un Zacapa.
¿Cómo se produce?
El 95 por ciento de los rones en el mundo tiene como materia prima la melaza, que es lo que queda después de producir azúcar. Zacapa, sin embargo, usa el jugo de la caña concentrado, el cual nosotros llamamos miel virgen. Esta tiene presente todos los azúcares que estaban en la caña.
Esa miel la fermentamos para que se forme el alcohol y demás compuestos que dan aromas y sabores; después se destila.
Estas tres partes del proceso las efectuamos en Tululá, Retalhuleu, donde se produce la caña de azúcar. Luego se lleva a Quetzaltenango, donde están las bodegas de añejamiento.
¿Por qué se añeja en esa región?
Porque es más frío y, por la altura —dos mil 300 metros sobre el nivel del mar— hay menos oxígeno. Con esas condiciones, el ron extrae de las barricas de añejamiento aromas y sabores especiales, pues el proceso es más lento. En cambio, si se añejara en clima caliente, el proceso sería más rápido y violento; eso, al final, se siente en el paladar.
¿En qué se diferencian los demás rones de Zacapa Centenario?
Tienen mezclas distintas y el añejamiento se hace de diferente forma.
En general, se usan barricas que antes añejaron whiskey americano, Jerez y vinos Pedro Ximénez.
De forma reciente se presentó Ron Zacapa Centenario, reserva limitada 2013. ¿Cuáles son sus características?
Se produjeron solo 30 mil botellas y serán distribuidas en ciertos países, entre ellos Guatemala, Italia, Alemania, España, Noruega, Suecia, Dinamarca e Inglaterra. Esta bebida mezcla rones de 6 a 24 años; en cuanto al añejamiento, pasa dos veces por las barricas de Jerez y en las de roble blanco. Tiene un color caoba y un grado alcohólico de 45. En cuanto al olor, se detectan notas de chocolate, vainilla, frutos secos tostados y caramelizados, madera y cítricos secos.
¿Cómo debe tomarse el ron?
Si le respondo de forma técnica, le digo que no se ha de mezclar. Pero eso, en realidad, depende del consumidor.
¿Cree que el trabajo que usted hace se echa a perder si el ron se mezcla con otra bebida?
Creo que al menos una vez en la vida hay que probar el ron tal cual es. Cuanto más se conoce el producto, más se valora. Pero, como le digo, todo queda en manos del consumidor.
En España, por ejemplo, mezclan el vino con una bebida de cola —el calimocho—. En esto intervienen cuestiones culturales.
¿Con qué sugeriría mezclar el ron?
Con tónica, pues queda muy bueno. También con café y miel; así sabe riquísimo. La verdad es que no importa con qué se mezcle, pues el ron tiene mucha personalidad y siempre se sentirá.
¿Qué ciudades dictan la tendencia en el mundo de la coctelería?
En definitiva, Londres, Nueva York y Sídney. Hace mes y medio estuve en un exclusivo restaurante y bar londinense; sus cocteles son impresionantes. Tienen una bebida preparada inspirada en Guatemala: Ron Zacapa, vermouth —el cual relacionan con la naturaleza guatemalteca— y vino Pedro Ximénez. Lo sirven en vaso alto. También le ponen una pequeña bolsa plástica, cuyo aire tiene aromas montañosos. Adentro, además, tiene una muñequita de las quitapenas. Quien sirve la bebida brinda una explicación bastante completa; no se limita a preparar y servir. Ese coctel vale alrededor de US$23.
¿Qué significa el petate que llevan las botellas de Ron Zacapa?
Simboliza nuestras raíces prehispánicas. Ese elemento, para los mayas, era un distintivo de la realeza, y lo relacionaban con el día y la noche, el Sol y la Luna, lo físico y lo espiritual.
Los petates para nuestras botellas los tejen mujeres de las comunidades indígenas de Quiché, así como de Jocotán y Camotán, Chiquimula.
¿Qué ha aprendido de ellas?
Una señora de esa región chiquimulteca me dio una de las lecciones más grandes de mi vida. Cuando las estábamos capacitando, hablamos de una cadena productiva. Pero ella me dijo: “Para ustedes esto será una cadena productiva, pero para nosotras es una cadena de vida. Ahora, debido a este trabajo, ya no tengo que elegir cuál de mis hijos va a comer”.
A veces una no se da cuenta de las grandes necesidades que tienen muchas personas, pero esa señora hizo que tomara consciencia.
Usted, debido a sus funciones, viaja bastante. ¿Cómo hace para balancear su vida personal con la laboral?
Me toca viajar a los países donde está presente Ron Zacapa, que son alrededor de 68. Pero tengo una ventaja: estoy divorciada. Ahora estoy casada con el ron, el cual, para mí, es mucho más fiel —ríe—. Mis hijos, además, ya están grandes. Mi trabajo no lo veo como tal; lo disfruto. A veces te cansas, pero eso está en la mente.