Quienes se encuentren en esta etapa sin el apoyo necesario —salud, educación y familia— se convierten en personas vulnerables, porque hay quienes asumen que ya son casi adultas; sin embargo, varias instituciones concuerdan que todavía debe considerárseles como menores de edad con sueños y metas por cumplir.
A este quinquenio técnicamente se le denomina pubertad. “Es donde se delinean los parámetros y posibilidades de vida de las personas en la edad adulta“, indica José Roberto Luna, especialista en juventud y educación del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).
“Algunas experimentan en este período sus primeras vivencias sexuales y otras, incluso, son obligadas a casarse, de acuerdo con informes del UNFPA y Population Council. También es en este lapso cuando se define la continuación de la menor en el ciclo educativo, el cual gira alrededor de su capacidad económica. Muchas se convierten en objeto de abuso sexual, niñas-madres, víctimas de violencia, trata, o son obligadas a hacer trabajos domésticos no remunerados.
Factor de cambio
Guatemala ocupa el primer lugar en Latinoamérica en número de partos en niñas entre los 10 a los 14 años. Además, es el tercero en embarazos de adolescentes —57 mil partos, aproximadamente, en el 2012—, según cifras del Osar.
Pero existe esperanza. En muchos países del mundo se ha iniciado un movimiento para cambiar esta realidad. Se ha determinado que la niña que continúa sus estudios es capaz de postergar decisiones importantes como la edad de unión con una pareja, la edad de tener el primer hijo, mejorar sus ingresos y, por ende, contribuir con el desarrollo de su comunidad y país.
Transformaciones
Los cambios biológicos y psicológicos en esta etapa están a la orden del día. “Es un período difícil, pues se acompaña de cambios físicos —menarquia—, crecimiento del busto, aumento de peso y estatura, transformación de sus facciones y significativo aumento de la actividad hormonal”, indica el psicólogo Guido Aguilar.
“Aparece el vello axilar y púbico, el ensanchamiento de caderas”, agrega Mirna Montenegro, directora del Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva (Osar).
Aguilar considera que estos cambios, muchas veces, les pueden causar preocupación, estorbo y vergüenza ante la sociedad, pues la mayoría no sabe a ciencia cierta lo que les pasa.
Entre los cambios psicológicos, Aguilar destaca la necesidad de independencia y el aumento de sus capacidades cognoscitivas. Para encontrar su propia identidad, la joven necesita apartarse y separarse de las figuras de identificación que tenía de niña —sus padres—, y lo hace por medio de la descalificación. Encuentra a los progenitores anticuados, fuera de moda y de la “realidad”, los tacha de viejos y de ridículos. Para el experto, la pubertad es importante justamente porque es el período en que se desarrolla la identidad. Quién quiere ser, cómo quiere ser, se define a sí misma y la dirección básica que quiere tomar en su vida. “Si los padres no la entienden pueden chocar fuerte y constantemente con sus hijas”, advierte.
Este proceso puede durar entre uno y tres años, explica Aguilar. En tal sentido considera que el apoyo de los padres es vital. “Lo más importante es que se informen y preparen”, asevera.
“Es en la adolescencia el momento en que los padres tienen que confiar en la educación que ellos mismos dieron a sus hijas desde pequeñas y saber que si fue una educación sólida en valores y costumbres, ellas seguirán por buen camino”, aconseja el experto.
Otro detalle es que es aquí donde comienza el interés y la aceptación del sexo contrario, al igual que la preocupación por el aspecto físico. Hay una presión social, pues quieren verse esbeltas, ser aceptadas por el grupo y en las redes sociales. Otra característica es la violencia, donde para muchas se marca el inicio del bullying o acoso escolar”, comenta Montenegro.
Ante la orientación sexual que demandan, son los adultos los responsables de proporcionarles la información correcta y completa, eliminando los tabúes, para ayudarlas a que el despertar a la vida adulta no sea traumático, que se acepten como son, evitando así, que se llenen de complejos y culpas que las marquen para el resto de sus vidas.
Todo esto debe ser considerado, debido a que la curiosidad en el tema sexual en esta etapa es sobresaliente, y las jóvenes tienden a buscar la información por medios equivocados, que muchas veces las confunde y desorienta, debido a la falta de confianza e incomprensión que muchas veces experimenta en su hogar.
El rezago de la niña rural
Wendy Marisol Yos, de 13 años, cursó 6o. primaria en la Escuela Oficial Rural Mixta de la aldea Chuiquel, Patzún, Chimaltenango. Junto a ella, otras 17 niñas terminaron este ciclo lectivo. Wendy, al igual que varias de sus compañeras, tiene el deseo de continuar estudiando, pero la realidad la ata. La mayoría de ellas solo terminará la primaria, porque deben ayudar a sus familias en las tareas agrícolas.
Las oportunidades económicas, educativas y de salud marcan grandes diferencias entre las niñas del área urbana y rural. La desventaja más problemática de la niña rural es la pobreza, pues este factor les impide continuar sus estudios. Casi todas deben involucrarse en las tareas domésticas, pues el hombre es la prioridad en la educación. El destino de la mayoría de estas niñas será casarse jóvenes, tener hijos y largas jornadas de trabajo.
El estudio elaborado por Kelly Hallman en el 2004 y 2006 para Population Council, determina la enorme brecha de las niñas mayas. “Inician la escuela a una edad más avanzada y la abandonan más temprano que los niños y que las niñas ladinas de su misma cohorte. A los 14 años, menos de la mitad —40 por ciento— de las adolescentes de esta población continúa estudiando, cifra que desciende a 19 por ciento para la edad de 16 años.
Parte de las razones del abandono escolar en el grupo de niños y niñas de 7 a 12 años incluyeron la falta de recursos económicos y el desinterés personal. En el grupo de 13 a 14 años, las tareas domésticas y el trabajo fueron las principales razones.
De acuerdo con la antropóloga Alejandra Colom “las niñas-adolescentes ya casadas, generalmente están en la escala más baja de las prioridades en la familia”. De esa cuenta, la experta coordina desde el 2004 el programa “Abriendo oportunidades”, de Population Council, el cual brinda apoyo a mil 800 niñas indígenas en seis departamentos, mediante clubes que abordan temáticas de equidad de género, salud reproductiva y autoestima. Parte de su trabajo es fortalecer las capacidades académicas y laborales, para convertirlas en líderes en sus comunidades.
Las investigaciones de Hallman también revelan que los adolescentes mayas de ambos sexos enfrentan barreras en cuanto al acceso a la educación, servicios de salud y oportunidades laborales. Otra diferencia anotada por la experiencia de Osar es que en las áreas urbanas los embarazos en adolescentes se dan entre los 13 y 14 años, con una pareja de similar edad.
Plan Internacional es otra entidad que también trabaja en favor de la niña en 70 países del mundo. En Guatemala trabaja en 640 comunidades rurales de cuatro departamentos. Una iniciativa que han apoyado es la de reformar el artículo 81 del Código Civil para posponer la edad de matrimonio civil hasta los 18 años. Actualmente la edad permitida para la mujer es a partir de los 14 años.
Hay quienes consideran que el matrimonio a esta edad responde a patrones culturales. Colom asegura que más bien esto tiene relación con la pobreza. “A mayores recursos familiares, existe menos presión para casarse joven”, explica, “en una comunidad pobre, migrar o casar a una hija son razones para alimentar una boca menos y pasar el problema a otra familia”, afirma.
La Convención para la Eliminación de todas las Formas de Violencia contra la Mujer (CEDAW), indica que una práctica no puede considerarse cultural, si esta viola los derechos de las mujeres. “En nuestro caso, de las niñas”, asegura Montenegro.
La educación en prevención para evitar el abuso sexual y el embarazo son una materia pendiente. El Ministerio de Educación tiene a su cargo el programa Educación Integral en Sexualidad, el cual aún no funciona. Colom indica que los costos en prevención son mucho más bajos que atender un parto de alto riesgo.
Aumentar la cobertura en educación secundaria es otra de las tareas a las que el Estado debe ponerle atención, para garantizar un mejor ingreso a las féminas. Igualmente, el apoyo familiar para que puedan cumplir sus metas y sueños.
Ni un paso atrás
La situación de la niña en Guatemala es un tema que ha logrado sensibilizar cada vez más a nuevos actores. Instituciones privadas, internacionales y de gobierno suman esfuerzos para hacer más visible la realidad de la niña adolescente como parte de las políticas de Estado.
En salud sexual y reproductiva es donde se ha avanzado más, no así en prevención. Según Montenegro, hace falta cerrar brechas. “Una cosa es que los hospitales digan que van a denunciar, y otra que esto cuadre con los registros de nacimiento de menores. Agrega que “hace falta investigación social“, pues esta es vital para tener explicaciones y trazar estrategias.
Ana Luisa Rivas, representante auxiliar de UNFPA, dice que ahora hay más denuncias y se han mejorado los registros de nacimientos en niñas y adolescentes. “Reducir indicadores toma tiempo”, señala Rivas. Más allá de eso, revertir patrones de comportamiento de una cultura patriarcal y machista lo es más. Lo importante es que ya se empezó.