Se trata de menores que sobrepasaron los límites de la travesura hasta caer en la crueldad y luego ser causantes de casos de violencia estremecedores y espeluznantes. Algunos de ellos fueron catalogados como psicóticos, y sus historias han obligado a investigar sobre las causas tempranas de esta patología.
Parte de los rasgos que caracterizan a estos pequeños delincuentes es que no sienten afecto o empatía hacia el prójimo y guardan mucho rencor por cualquier motivo. “Los psicópatas no se sienten culpables, porque son ciegos de la culpa”, indicó Frank Ochberg, expsiquiatra del FBI, tras la matanza de Columbine, Colorado, en 1999.
Uno de los dilemas de la psiquiatría es si esta es una patología congénita o adquirida, pero ciertamente aparece durante la infancia o la adolescencia.
En Estados Unidos, los menores que cometen asesinatos son juzgados como adultos. Durante el 2013 se dio a conocer que 79 menores de 14 años, de los casi dos mil 500 que han sido condenados, se encuentran cumpliendo cadena perpetua, de acuerdo con cifras de Human Rights Watch.
Uno de estos casos sucedió en Pennsylvania, en el 2009. Jordan Brown, un chico de 11 años, tomó la escopeta de su padre y le disparó en la cabeza a su madrastra, con ocho meses de embarazo. Después del crimen, salió de su casa y se subió al autobús para asistir a la escuela.
A la misma edad, solo que en el Extremo Oriente, la japonesa Natsumi Tsuji fue sentenciada a nueve años de prisión. En el 2009 degolló a una compañera con una navaja en el salón de clases, tras haberle vendado los ojos. Al parecer fue porque su víctima la llamó “gorda”.
El caso de Joshua Phillips causó terror en el mundo entero. Cuando su madre hacía limpieza en su cuarto se encontró con algo frío bajo la cama, buscó una linterna y descubrió el cuerpo de Maddie Clifton, una vecina de 8 años que tenía siete días de estar desaparecida y a quien golpeó hasta matarla. Por ese crimen, Phillips, 14, fue condenado a cadena perpetua en Florida, en 1999.
Otra cadena perpetua contra un menor se dio en Estados Unidos, en 1994. Fue el caso de Eric Smith, un chico de 13 años, tímido, de anteojos gruesos y orejas peculiares, de quien se decía que sufría acoso escolar, y a quien encontraron culpable del asesinato de Derrick Robie, 4. La víctima fue estrangulada, golpeada en la cabeza con grandes rocas y sodomizada con un palo.
En 1993, los ingleses Jon Venables y Robert Thompson, 10, secuestraron, torturaron y mataron a James Bulger, 2. El cuerpo del pequeño fue encontrado cuatro días después. Lo habían cubierto con piedras y colocado sobre las vías del tren, el cual lo arrolló.
Siempre en Inglaterra, la segunda niña en la lista es Mary Bell, una pequeña con un rostro de muñeca pero una historia de maltrato. Era hija de una prostituta y sufrió abuso sexual desde pequeña. Un día antes de cumplir 11 años, asesinó por estrangulamiento a un niño de 4, Martin Brown. Seis días después hizo lo mismo con Brian Howe, de 3 y medio, a quien le cortó los testículos. Fue declarada psicópata y encarcelada durante 12 años. El resto de su vida la ha pasado huyendo del estigma de su pasado.
El único caso en Latinoamérica que se conoce es el de Petiso Orejudo, cuyo nombre era Cayetano Santos, un argentino que con solo 7 años tuvo a varios menores como víctimas. Era 1904, y se le acusó de haber quemado viva a una niña. A otro niño de 3 años lo estranguló. Considerado uno de los mayores psicópatas en los anales criminales del país. Responsable de la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios.
Como ellos, hay más en la lista negra. Los anales criminales también registran casos como el del afroamericano Craig Price, en 1989, y el de Graham Young, quien tuvo varias víctimas por envenenamiento en la década de 1960 en Inglaterra.
Fuentes: www.cubadebate.cu/noticias/www.rpp.com.pe