El Centro Cívico es un proyecto truncado que después de casi 60 años de haberse concebido no ha sido concluido. De aquella maqueta soñadora solo se construyó la primera fase (1954-1966), que incluyó la Municipalidad, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), el Banco de Guatemala (Banguat) y el Crédito Hipotecario Nacional (CHN). El Ministerio de Finanzas (Minfin), la Corte Suprema de Justicia (CSJ), y el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) no se adaptaron al plan original.
“Es un centro de gestiones administrativas que no invita a quedarse y recrearse”, comenta la arquitecta Sonia Fuentes Padilla, de la Fundación Documentación y Conservación de Monumentos y Barrios del Movimiento Moderno (Docomomo), adscrita a la Unesco.
El objetivo central de los diseñadores de este llamado corazón de la ciudad era crear una serie de plazas y pasos peatonales donde las personas pudieran transitar desde la Ciudad Olímpica hasta el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias sin obstáculos, y que de esa manera fuera semejante a las grandes ciudades de los países desarrollados; sin embargo, se convirtió en un centro de gestiones administrativas gubernamentales, municipales y bancarias.
Cuando en 1966 se concluyó la primera fase, se suscitó una dinámica económica, política y social, como los cambios de gobierno y los destrozos materiales y crisis económica, a causa del terremoto de 1976, lo cual incidió en que otras instituciones como CSJ, el Minfin y el Inguat no continuaran con la traza y aplicación de la plástica de los primeros cuatro edificios. “Con esto se perdió la unidad que se buscaba dentro de todo el conjunto”, afirma el arquitecto Jorge Montes, uno de los diseñadores del proyecto original del Centro Cívico.
Montes formó parte de un grupo de arquitectos que en 1952 regresaron al país después de haberse graduado en universidades extranjeras. Los otros genios fueron Pelayo Llarena, Raúl Minondo —estudiaron en Estados Unidos—, Carlos Haeussler y Roberto Aycinena —en México—. Los murales son obras de los artistas Carlos Mérida, Roberto González Goyri, Efraín Recinos, Guillermo Grajeda Mena y Dagoberto Vásquez.
Para diseñar el Centro Cívico estos profesionales tomaron como base los lineamientos del VIII Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (Ciam), el cual proponía, entre otros puntos, la humanización de las urbes, mediante la creación de espacios que le permitieran al ser humano volver a convivir, que las personas fueran la finalidad de la arquitectura, y así desarrollar una vida en comunidad.
Estos espacios se conocerían, según el documento del Ciam, como “corazones de ciudad” y planteaba que “aquellos sectores urbanos que son lugar de congregación de masas, centros de vida colectiva y al mismo tiempo símbolos de la ciudad misma, son también centros de reunión de las artes, donde los principales monumentos se agrupan alrededor de plazas públicas y paseos, visitados por los turistas, orgullo de los ciudadanos; dan personalidad propia a la ciudad, que no puede concebirse sin ellos”.
El sueño: el peatón
Con cierta nostalgia, Montes recuerda: “Lo que propusimos fue construir una gran plaza superior en todo el entorno del Centro Cívico, para que el peatón pudiera caminar. Le dábamos especial importancia a la gente, buscábamos humanizar el área, pero no se logró”.
En el proyecto, según Montes, no figuraba la calle que divide la Municipalidad y el IGSS, donde ahora pasa el Transmetro, sino que fue concebido un parqueo subterráneo, y arriba, una plaza al estilo del juego de pelota maya. El área del parqueo de la comuna también era una plaza peatonal.
En la tesis doctoral La modernización en la ciudad de Guatemala, un estudio de la Arquitectura (estética, plástica y forma) de los edificios básicos del Centro Cívico (1944-1958), de la Universidad Nacional Autónoma de México, la arquitecta Fuentes Padilla afirma que el Centro Cívico prometía ser un megaproyecto, pero debido a que su desarrollo se interrumpió, “no vemos funcionando la propuesta urbanística en su totalidad”.
En la misma investigación se explica que en la primera fase estaban contemplados la Municipalidad, el IGSS, el Banguat y el CHN, y que la Ciudad Olímpica se integraría a nivel peatonal, lo cual no se logró, únicamente en el aspecto vehicular. Además, en el sector conocido como La Limonada se construirían otras áreas deportivas, pero fue invadido.
Montes agrega que en el sector comprendido entre la 6a. y 9a. avenidas, 18 y 20 calles, de la zona 1, conocido como el barrio Habana, se había planificado construir edificios de tres y cuatro pisos. El primer piso sería para negocios y los demás, para apartamentos. Incluso podía transformarse en una sección hotelera.
La segunda fase, según Fuentes Padilla, la integrarían el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias y el actual Museo de Armas, los cuales si bien están unidos al Centro Cívico por una pasarela —que debió ser más ancha— y una escalinata, se mantiene cerrada, debido a la inseguridad.
La tercera fase, agrega Fuentes, consistía en la construcción de la CSJ, el edificio del Mifin y el Inguat, los cuales se edificaron, pero en áreas diferentes a las previstas por los arquitectos.
Recuperar la gloria
El proyecto original, sin embargo, podría recuperarse, quizá no como lo soñaron sus diseñadores, pero sí retomarlo. Para ello un grupo de instituciones, entre ellas el Instituto de Antropología e Historia (Idahe), Docomomo y las facultades de Arquitectura de la universidades de San Carlos y Rafael Landívar, buscan concretar que sea declarado por la Unesco Patrimonio Mundial de la Modernidad.
El arquitecto Derson de la Cruz, encargado del Idahe del Centro Histórico y los conjuntos históricos de Guatemala, explica que después de haber analizado el proyecto original del Centro Cívico han concluido en que no solamente abarcaba las cuatro construcciones que se ven ahora, sino también edificios para la cultura, la religión —templo del Calvario— deporte, vivienda, comercio y los servicios que se prestan en la actualidad.
“Lo que se quiere es retomar esos planes para que con todos esos poderes se eleve a Patrimonio Mundial de la Modernidad por parte de la Unesco”, afirma el funcionario.
Agrega que lo primero que se debe hacer es crear una delimitación para estos cuatro edificios, que son los más emblemáticos, y crear un plan regulador para que no sean afectados por alteraciones que conlleven a que pierdan su categoría. Además el IGSS y la Municipalidad deben despejar las áreas de parqueo para transformarlas en plazas peatonales.
William González, de la Delegación del Patrimonio Mundial del Viceministerio del Patrimonio Cultural y Natural, explica que el primer paso es trazar el plan maestro y después ingresar la propuesta a la lista indicativa de la Unesco. Este documento debe contener que dentro del inventario de bienes del país se encuentra el Centro Cívico, y demostrar su valor universal.
María Elena Molina, directora de la Delegación del Patrimonio Mundial, indica que la Unesco toma en cuenta, al menos, 10 criterios, y uno de los que podría valorar es que los murales del Centro Cívico representan una época de la historia de Guatemala, lo cual se debe demostrar. “Ese es nuestro reto”, enfatiza.
González considera que otro gran valor del área es el ingenio creador que puede estar representado en los murales.
En la actualidad, las instituciones encargadas trabajan tres ejes: el plan de manejo, el documento que debe acompañar la petición para ingresar a la lista indicativa de la Unesco y la estrategia de sensibilización, para involucrar a todas las instituciones. De manera tentativa, el proyecto será lanzado el 20 de junio próximo.
Traza diferente
A nivel urbano, el Centro Cívico impone otro tipo de traza, introduciendo a la ciudad los ejes principales tipo bulevar, formado por cuatro edificios que están relacionados entre sí por medio de plazas y pasarelas.
El Palacio Municipal es un edificio de seis pisos, de 21 metros de alto, hecho de hormigón armado, vidrio y acero. El del Instituto Guatemalteco del Seguridad Social tiene ocho pisos y 24 metros de altura, construido de hormigón armado, vidrio y acero.
El Crédito Hipotecario Nacional es de cuatro pisos y 14 metros de altura, y el Banco de Guatemala, de 16 pisos y 70 metros de altura. Ambos fueron construidos de hormigón armado, losas nervadas, vidrio y aluminio.
Fuente: tesis doctoral La modernización en la ciudad de Guatemala, un estudio de la Arquitectura (estética, plástica y forma) de los edificios básicos del Centro Cívico (1944-1958). Universidad Nacional Autónoma de México. Arquitecta Sonia Fuentes Padilla.