Revista D

Testigo de revoluciones

Desde la época de Jorge Ubico, María Luisa Magaña ha vivido de cerca dictaduras, golpes de Estado y revoluciones.

Para María Luisa Magaña Rossell, los años parecen no haber pasado, —está por cumplir 96— sus recuerdos están bien frescos. Cuando se le pregunta sobre los gobiernos a partir de Jorge Ubico, sus respuestas brotan de manera inmediata, sin titubeos y con detalles. Sus conocimientos históricos, quizá, se deben a sus dos matrimonios con militares cercanos a las cúpulas de gobiernos de distintas épocas. Además, monseñor Mariano Rossell y Arellano, quien fue partidario de la Revolución de 1954, era su familiar.

Estas condiciones le permitieron conocer de cerca a casi todos los mandatarios hasta la época de Julio César Méndez Montenegro (1966-1970), quien era su sobrino político. Esto le permitió participar en su campaña política y, posteriormente, ocupar un cargo en la oficina de Obras Sociales de la Esposa del Presidente.

¿Qué recuerda del gobierno de Jorge Ubico?

No sé por qué dicen que fue un dictador, porque él fue reelecto. Cuando cayó mucha gente estuvo en contra, porque fue un presidente muy querido por el pueblo. Durante su período hubo mucha estabilidad económica y política.

Para mí fue un gran mandatario. Edificó las mejores obras de Guatemala, como el Palacio Nacional, que se construyó durante su administración e inauguró poco antes de caer.

Algunas personas lo evocan cuando escuchan los hechos de violencia y corrupción de la actualidad.

Claro, fue un mundo distinto al actual, había mucha paz. Una vez mi mamá dejó su tienda abierta, en la avenida Bolívar y 1a. calle, por donde ahora está una gasolinera, y cuando iba de regreso, buscó la llave y se acordó que había dejado la puerta abierta. Su sorpresa fue que al llegar un policía cuidaba el negocio, así era Guatemala en esos años.

Dicen que acostumbraba supervisar personalmente las obras.

Es cierto, no había provinciano que no lo quisiera, cuando lo veían, generalmente en su moto Harley, decían: “Ahí viene mi tata”. La gente lo esperaba en sus giras para consultarle problemas de tierras, de trabajo, de mil cosas; les prestaba mucha atención y los solucionaba.

Pero luego la gente se indignó y marchó para pedir su renuncia en 1944.

El ambiente era parecido al que estamos viviendo hoy. Cuando asumió Juan José Arévalo la situación se compuso muchísimo, porque él fue un candidato de unidad nacional. Sin embargo, fue distinta durante la época del canche (Jacobo) Árbenz; fue muy revolucionaria, porque él compartió con líderes comunistas como Carlos Manuel Pellecer, y entonces se tiró mucho a esa ideología.

¿Cómo fue la llegada de Arévalo al país?

Cuando vino de Argentina fue muy ovacionado. Yo fui al aeropuerto para recibirlo, hubo marimba y cohetes a granel, no cabía la gente a lo largo de la 7ª. avenida. Él era un hombre muy culto, divino, lo quisimos bastante. Muchos ubiquistas se convirtieron en arevalistas.

Durante uno de los mitines en el atrio de la Catedral, cuando aún se buscaba quién podría ser el candidato, Juan José Orozco Posadas, a quien le decían el loco, grito: “El hombre ideal para encausar este movimiento es Juan José Arévalo Bermejo.

¿Qué opina del gobierno de Arévalo?

Él era un gran maestro en Argentina, por eso cuando fue Presidente impulsó la Educación. Fue un hombre muy querido, a pesar del gran recuerdo que entre los de la derecha tenían por Ubico, pero comprendieron que Arévalo era un presidentazo. En cuanto a la calidad de la educación, no hay comparación, por Dios lo digo.

Yo estudié en el Instituto Belén y hace unos 10 años fui a dos o tres actos que se llevaron cabo en el establecimiento y el mundo añora el Belén antiguo.

¿Se sintió mucho el cambio entre el gobierno de Arévalo y Árbenz?

Nosotros éramos amigos de Jacobo, quien era un buen militar, muy inteligente, pero las amistades lo empezaron a arruinar, incluso su esposa, la Maruca (María Cristina Vilanova).

Y de la Revolución de 1954 ¿qué recuerda?

La Liberación definitivamente estuvo apoyada por Estados Unidos y Mariano Rossell y Arellano, el arzobispo de Guatemala, quien se inclinó al cien por ciento a Carlos Castillo Armas.

En mi casa se reunieron varias veces Castillo Armas y mi esposo con los muchachos que lo apoyaban, pero yo nunca supe qué trataban, porque se iban al comedor.

¿Hubo mucha inestabilidad política después del asesinato de Castillo Armas?

En ese tiempo el director de la Policía, que le decían la Secreta, era Baltazar, no me recuerdo del apellido. Esa noche esperábamos algo fatal, grave, pero gracias a Dios no sucedió nada, quizá porque el pueblo no estaba tan divido como en la actualidad.

Unos 15 días antes de ese hecho vi al Presidente, porque Odilia Castillo Armas nos invitó a las esposas de los oficiales a un té en Casa Presidencial.

Ahora dicen que el soldado que le disparó a Carlos se suicidó, pero la verdad es que lo mataron. La muerte de Castillo Armas fue muy sentida en el Ejército.

¿Cómo se informaba usted de lo que sucedía?

Porque mi marido era coronel y en todos los movimiento toman en cuenta al Ejército. Él averiguaba todo y me lo contaba, yo ahora puedo platicar de eso, pero en ese tiempo no se podía hablar ni una palabra.

Después de ese Gobierno sucedieron los de Enrique Peralta Azurdia y Miguel Ydígoras. ¿Cómo los califica?

El período de Peralta Azurdia yo lo viví en San Francisco California, entonces no sé mucho. Precisamente regresé cuando cayó su gobierno. Ydígoras fue un hombre muy simpático (risas) por las cosas que hacía, fue un gobierno inofensivo.

Con la llegada de Julio César Méndez Montenegro los civiles recuperaron el poder

Él era primo hermano de mi marido, el coronel Montenegro, y para mí fue un gobierno maravilloso el de Julio. Yo trabajé en su campaña dando discursos ante las mujeres.

Pero antes asesinaron a su hermano Mario.

Sí, esa noche yo me encontraba en su casa, que estaba en la calle que da a la iglesia Santo Domingo. Mario se entró a bañar y afeitar cuando de pronto se escuchó un balazo, entonces la chatía, su esposa, subió inmediatamente a ver qué sucedía, pero el perro que estaba en la terraza empezó a ladrar fuertemente, sin duda lo asustó el balazo y ladró como loco.

Yo no puedo decir si Mario se suicidó o alguien lo mató, no se supo nunca.

Recuerdo que esa noche había mucha gente en la calle porque era el rezo de la fiesta de la Virgen del Rosario.

¿Causó conmoción esa muerte?

Por supuesto, incluso Julio César —su hermano— no quería aceptar la candidatura presidencial, porque estaba seguro de que sería el rector de la Universidad de San Carlos.

El día que fue electo Presidente de la República me dijo que su mayor felicidad hubiera sido ser electo rector. Entonces le respondí: ‘Pero como me dice eso usted, después de que recorrimos el país haciendo campaña’.

¿Por qué fue seleccionado Julio César para ser candidato presidencial después de la muerte de Mario?

Julio no tenía ambiciones de la Presidencia, a él lo jalaron porque era un gran intelectual.

Como era primo hermano de mi marido, nos visitábamos mucho, incluso, fue padrino de bodas de mi hijo en esos días. Una vez le dije: ‘Julio ya vio el alboroto político que hay’, y él respondió: ‘Sí chula, hay que hacerse a un lado porque eso está muy turbio’. Entonces le dije: ‘El licenciado Cabrera Cruz nos contó que usted es el posible candidato’. ‘Primero Dios seré candidato, pero para ser rector de la Universidad’, respondió.

¿Cuál fue su participación en la campaña?

Ofrecí discursos dirigidos a las mujeres, en los cuales les decía la verdad, lo que era Julio, y gracias a Dios ganó y terminó su período presidencial sin problemas.

Fue un hombre honesto y capaz. Durante su mandato fui vicepresidenta del Patronato de Obras Sociales de la esposa del Presidente.

¿Cuál era la participación de las mujeres en ese tiempo?

Era reducida y hasta veían mal que una estuviera metida en esos movimientos cívicos. Yo principié a participar en las marchas y concentraciones poco después del 20 de octubre de 1944, que fue un período bien convulso.

Cuando mi esposo Homero fue candidato a alcalde, y renunció por un infarto, me dijeron que yo aceptara la candidatura, les respondí que no porque mi intención era cuidar a mi esposo. Fue cuando les dije que se la propusieran a Meme Colom Argueta.

¿Y cómo era Colom Argueta?

A Meme lo tacharon de comunista, pero pienso que él era un hombre de avanzada, una excelente persona.

¿Qué opina de los gobiernos militares desde Carlos Arana hasta Romeo Lucas?

Arana era nuestro amigo y creo que fue un buen presidente. Cuando Aníbal Guevara ganó las elecciones (1982) yo vivía en Estados Unidos.

¿Qué piensa de los gobiernos civiles a partir de 1986?

Yo viví muy de cerca los gobiernos anteriores… de estos no sé qué decir.

Siempre se ha dicho que detrás de los gobiernos de Guatemala ha estado la mano de EE. UU. y los militares ¿Qué opina?

El Ejército no sé, pero EE. UU. toda la vida ha estado detrás.

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