Miles de niños cada día sueñan con brillar en el futbol nacional

Gritos de felicidad y de gol se pueden escuchar cada fin de semana en las canchas del Cejusa, donde unos  dos mil 500 niños y jóvenes practican  futbol moldeando los sueños e ilusiones.

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José se transporta siempre a pie y cuando tiene posibilidades lo hace en un bus. Un pan con crema o queso, o bien una dona con un jugo,   son platillos que le apetecen y que casi siempre consume. 

A su corta edad sufre más de lo que debiera. Sus zapatos se  ven descosidos y de una marca no reconocida.

Su semblante irradia nobleza, timidez y necesidad de triunfar. Su padre es mecánico y su madre, enfermera. Ambos trabajan para sostenerlo a él y a su hermano mayor. Son de escasos recursos y viven con lo justo.

Su pasión es el futbol y  sueña con jugar, cuando sea grande, como el máximo referente de Municipal, Carlos Humberto Ruiz, y el astro argentino Lionel Messi. Le gustaría jugar con los rojos —equipo de sus amores— y el  FC Barcelona. Retos grandes  que algún día desea alcanzar.

“Soy puro rojo, y cuando juego me gusta anotar muchos goles y robar balones para dárselos a mis compañeros de equipo“, expresa con una voz suave.

“Cuando estoy en un campo de futbol me siento muy feliz. Siempre me ha gustado patear el balón  y de grande quiero ser un gran futbolista, así como el Pescado o Messi”, afirma   José,  de   7 años, quien vive en San José la Comunidad, zona 10 de Mixco, un sector popular y afectado por la violencia.

El pequeño quien  cursa primero primaria, pertenece a la Academia de Futbol  Siempre Rojos.

 “Es tímido en el colegio, pero cuando toca un balón se convierte en todo lo contrario. Se llena de ilusión y de alegría. Es por eso que aunque no le podamos dar lo mejor, lo apoyamos con lo poco que tenemos y haciendo coperacha entre la familia para que pueda practicar el futbol. El ver su rostro nos obliga a respaldarlo”, menciona con la voz entrecortada su  madre, Marisol Chávez.

OTRA CARA

Pablo Muralles tiene 10 años. Se transporta siempre en vehículo, usa zapatos de marca y de su rostro emana confianza y optimismo.

Juega con la categoría moscos del club Comunicaciones. Es extrovertido, cursa cuarto primaria en el Colegio Evangélico El Shaddai de la zona 14 y reside en el kilómetro 19.5 de la carretera a San Lucas, en   residencial Las Hojarascas. Cuenta con  el apoyo incondicional de sus padres.

 Este pequeño sueña en un futuro cercano jugar como el cerebro actual de Comunicaciones, José Manuel Contreras, y poder ser el nuevo Messi y jugar en el cuadro catalán.

“Me gusta cómo juega el Moyo, aunque también Messi. Sueño con jugar en los cremas, para anotar muchos goles y poder ser campeones”, agrega, ilusionado, Pablo.

Sus padres son profesionales. Jorge Muralles —papá— es un reconocido administrador de empresas, y su madre —Gabriela Liquidano— es psicóloga industrial. Tiene solo un hermano y vive rodeado de un ambiente tranquilo y económicamente estable.

“Tratamos de darle todo lo que necesita para que pueda desarrollarse en el futbol. Lo apoyamos en todo sentido y esperamos que busque la profesionalización”, refiere su padre.

COMUNIÓN

Estos relatos   parecieran ser totalmente opuestos: Pablo Muralles tiene capacidad económica y vive en un ambiente estable, mientras que José Barrera no posee suficientes recursos y vive rodeado de muchos problemas. Uno es rojo y el otro crema.

El gusto por el futbol, el deseo de profesionalizarse y el de trascender  los lleva  a  un punto equidistante de comunión, en donde no importan los estratos sociales, la vestimenta y los gustos, y en donde lo que  vale es el deseo y las condiciones que puedan ir desarrollando.

Los dos menores coinciden también  en que compiten en unas de las ligas de futbol menor más reconocidas en Guatemala: Cejusa (Centro Juvenil Salesiano) y en donde han jugado figuras de la talla de José Contreras, Carlos Ruiz, Carlos Figueroa, Claudio Albizuris y Dwight Pezzarossi.

En el Cejusa convergen miles de historias —similares a las de José Mario Barrera y Pablo Muralles— de niños y jóvenes que juegan cada fin de semana al futbol  para entretenerse en una actividad sana.

 “Pasámela, estoy solo”,  “Qué golazo metiste”, “¿Vieron que les dije que íbamos a ganar?”, “Hoy sí que te luciste”, “Casi te sale la jugada de Messi”, “Vos podés, mijo”, “Desmarcate, pedí el balón”, son los múltiples gritos que se pueden escuchar cada fin de semana en las canchas del Cejusa por parte de  niños, padres de familia y técnicos.

Formación integral

“Nuestra institución no solo busca que los chicos jueguen futbol, sino en darles una formación integral, en donde predominan los valores cristianos y morales, para que sean ciudadanos de bien para la sociedad guatemalteca”, afirmó el sacerdote salvadoreño Francisco Hernández, director del Cejusa desde el 2013.

“Esta obra salesiana —sin fines de lucro—  busca enseñarle al niño antes que participe en cada juego que debe ser obediente a los mandamientos de Dios”, explicó el religioso.

Una peculiaridad del Centro Juvenil Salesiano es que antes de entrar a disputar cada encuentro,  los niños y jóvenes reciben una charla formativa cristiana, requisito que si no  cumplen no pueden ser tomados en cuenta por su equipo.

“Una de nuestras misiones es la evangelización,  que se convierte en un requisito básico para que el muchacho sea un buen cristiano y un buen ciudadano, ya que así puede tener ese temor de Dios”, refirió el sacerdote.

“Por ser un centro salesiano, también aprovechamos a los estudiantes de Teología para que sean parte de ese proceso de evangelización que damos tanto para que los niños y jóvenes puedan hacer su proceso de primera comunión, confirmación y todo tipo de sacramentos, ya que hemos pensado llegar hasta el matrimonio”, agregó.

Catequesis general y  específica brinda el centro salesiano, que subsiste solo con los ingresos que les deja la Liga.