Kroos, el niño prodigio del Bayern, llega al Madrid con la copa del mundo

Toni Kroos llega al Madrid como el segundo futbolista alemán que aterriza en el Bernabéu con un Mundial bajo el brazo, después de que Bernabéu firmase a Breitner y su pelo afro en 1974. Y parecía inevitable que Kroos ganase la Copa del Mundo.

El alemán Toni Kroos es una de las grandes estrellas del nuevo Real Madrid. (Foto Prensa Libre: AS Color)<br _mce_bogus="1"/>
El alemán Toni Kroos es una de las grandes estrellas del nuevo Real Madrid. (Foto Prensa Libre: AS Color)

Según un estudio del profesor teutón Jürgen Udolph, especialista en genealogía, el apellido Kroos viene de una palabra alemana usada en la Edad Media (‘macros’) que se traduce como “vaso” o “recipiente para beber”. Coincidencias lingüísticas más o menos cogidas con hilos aparte, el nuevo refuerzo madridista es un genio precoz. Lleva en la élite desde que era un adolescente (debutó en la Bundesliga con 17 años) y con apenas 24 ya puede presumir en su currículum de este Mundial de Brasil recién conquistado con Alemania y una ristra de títulos en el Bayern: una Copa de Europa (2013), un Mundial de Clubes (2013), tres Bundesligas (2007-08, 2012-13 y 2013-14), tres Copas de Alemania (2008, 2013 y 2014), una Supercopa de Europa (2013) y dos Supercopas de Alemania (2010 y 2012).

Un recorrido plagado de éxitos para un centrocampista de corte y confección, maestro en el golpeo de libres directos y saques de esquina, que parece diseñado genéticamente y formativamente para ser futbolista profesional. Porque la familia Kroos vive para el deporte. Papá Kroos (de nombre Roland) iba para figura de la lucha grecorromana, pero una lesión en la mano le derivó al fútbol y ahora es un conocido entrenador juvenil, actualmente a cargo del equipo Sub-19 del Hansa Rostock. Mamá Kroos (de soltera Birgit Kammer) fue dos veces campeona de la República Democrática Alemana en badminton. Y Toni no es el único Kroos que triunfa ahora mismo en el balompié. Su hermano pequeño, Felix (23 años), milita en el Werder Bremen y llegó a ser internacional Sub-21.

Los orígenes de Toni están en el Greifswald SC (hoy el Greifswald SV 04) de su ciudad natal, Greifswald, una localidad de apenas 55.000 habitantes perteneciente al estado de Pomerania y bañado por el mar Báltico. Muy lejos de los tradicionales centros neurálgicos del deutsche fussball (Múnich, Frankfurt, Stuttgart, la cuenca del Rühr…). El Greifswald le acogió en categoría Benjamín junto a su hermano Felix porque el entrenador era el padre de ambos. Hartmut Schmidt, uno de sus técnicos, le recuerda así: “A Toni le faltaba ser más robusto físicamente y era un poco lento, por eso aprendió a desarrollar su talento técnico y sus trucos. Ya se le veían trazas de estratega y hacía muchas cosas con sólo echar un vistazo a la situación del balón. Jugaba con chicos dos años y medio más mayores y aún así era el mejor”. Werner Dengler, el jefazo de entrenadores del modesto club germano, lo resume de manera contundente: “Era vago para correr, pero con el balón es el rey”.

Con 12 años, vivió su primera mudanza. Las buenas referencias de Roland Kroos como técnico de categorías inferiores llegaron a oídos del Hansa Rostock, por entonces en la Bundesliga. Y con él se fueron Toni y Felix. El hoy futbolista blanco idolotraba al fino mediapunta francés Johan Micoud (por entonces la estrella del Werder Bremen) y rápidamente evolucionó en el equipo hanseático, jugando siempre como mínimo una o dos categorías por encima de su edad. En clase, era otro cantar. Su profesora, Sieglinde Heimann, desveló hace poco en Die Welt cómo era el Toni Kroos estudiante. “Venía a la Baltic School, pero había que ayudarle. Desde los 12 años se perdía una media de 40 días de clase al año por culpa del fútbol. Muchos profesores se quejaban, pero mientras sus notas fuesen decentes, se lo permitíamos, porque el chico progresaba muy rápido con el balón”. Tanto que en clases de educación física, cuando tocaba jugar al fútbol, lo hacía descalzo para equilibrar las cosas con sus compañeros…

En 2004 el Bayern, como acostumbra, extendió rápido sus tentáculos sobre el precoz talento norteño. Poco importaba que tuviese sólo 16 años. Invitaron a la familia a Múnich, donde les alojaron en el hotel donde casualmente estaba concentrado el Arsenal para un partido de la Champions. Allí , el joven Toni conoció a Henry y Lehman, por entonces el portero titular de los gunners y de Alemania. Al día siguiente, reunión con Hoeness en los cuarteles generales del club, en el 51 de la Säbenerstrasse. Kroos pasó el examen y el Bayern hizo lo que acostumbra: extendió un cheque por 2,3 millones y Toni Kroos se mudó a Baviera. A 660 kilómetros de casa.

Aunque Oliver Kahn, una institución en Múnich, comentó de él que era “el mejor jugador juvenil que he visto en muchos, muchos años”, su salto al primer plano internacional fue en el Mundial Sub-17 de Corea del Sur, en 2007, con 17 años y un serio problema de acné a cuestas. Aunque se llevó el bronce después de caer en semifinales 3-1 frente a Nigeria (hizo el gol teutón), fue elegido Balón de Oro del torneo. Marcó cinco goles (Bota de Bronce) y salió coronado en una cita en la que coincidió con dos de sus actuales compañeros, Illarramendi y Nacho, subcampeones con España. Por allí también estuvieron nombres que han llegado a la élite como James Rodríguez, Eden Hazard, Danny Welbeck y De Gea. Beckenbauer, presente en la cita coreana, bajó al vestuario para felicitarle. Su ascenso al primer equipo del Bayern estaba sellado.

Y al mes de volver, el 29 de septiembre de 2007, Hitzfeld le dio la alternativa. Fue en el 5-0 al Energy Cottbus y Toni jugó 18 minutos en los que repartió dos asistencias. No sólo se convertía en el más joven en debutar con la elástica del grande alemán (a los 17 años, 8 meses y 22 días), lo hacía además demostrando trazas de futuro crack mundial. Confirmadas poco después marcando un tanto y dando otro en el estreno del Bayern en la Copa de la UEFA 2007-08, remontando (2-3) al Estrella Roja serbio. Mehmet Scholl, un histórico del club, no se anduvo por las ramas: “Toni es lo mejor que he visto salir del Bayern”. Hoeness también colaboró al hype (“Le reservamos el 10, será suyo en el futuro”), pero lo amarró en corto prohibiéndole cualquier entrevista o contacto con la prensa y firmándole un contrato profesional hasta 2012. Entonces, cuando el cielo de Múnich parecía el único límite, Jürgen Klinsmann se cruzó en su camino. “Fue el entrenador erróneo en el momento erróneo para mí”, decía hace poco el propio futbolista. Y tanto. Pasó de promesa fulgurante a vivir en la grada y a los cuatro meses pidió irse. Tuvo problemas de adaptación pese a que tenía como padrinos a dos tipos experimentados como eran Van Bommel y Klose. Ya no estaba en la residencia y vivía solo en un apartamento. Tan solo se sentía que buscó al mejor amigo de todos: se compró un perro. En concreto, un Beagle de nombre Julius. Años después adquiriría otro, Lennox. Una situación insostenible de la que le salvó Jupp Heynckes, técnico del Bayer Leverkusen. Le acogió cedido por una temporada y media desde el segundo tramo de la 2008-09. El segundo año vino el salto de calidad decisivo y se ganó la llamada de Joachim Löw para la absoluta. Heynckes, que era como su segundo padre, ya avisaba: “Es un jugador de talla mundial”. Kroos le correspondía siendo un obediente discípulo: “El señor Heynckes es el que mejor sabe cuándo necesito una patada en el trasero”. En Leverkusen, Kroos llegó a decir lo que todo el mundo sospechaba: “Aquí he redescubierto el placer por jugar al fútbol”. Su madre lo corroboró: “Ese primer año en Múnich le dejó una cicatriz…”. Mirándolo en perspectiva, quizá sea una pista de por qué su camino, años después, le ha llevado a tener la valentía de ser alemán y dejar el Bayern.

Aquel año marcó la llegada de Kroos a la Mannschaft. Debutó en marzo de 2010, paradójicamente, en un amistoso contra Argentina. Löw cayó bajo su influjo y fue a sus 20 años el jugador más joven en la lista de Alemania para el Mundial de Sudáfrica. La idea, muy germana, era que fuese cogiendo tablas sin presión para liarla a largo plazo, en Brasil, como ha sucedido. Jugó, desde el banquillo, en el 4-0 a Argentina en cuartos, la derrota con España en semifinales y el partido por el tercer puesto ante Uruguay. Löw había plantado una semilla.

Casi lo mismo podía decirse del Bayern. A finales de 2009, cuando aún le quedaban seis meses en el Bayer, desde Múnich ya se anunció que volvería al club y no se prolongaría su cesión en Leverkusen. En el club le esperaba nuevo técnico. Klinsmann era historia y ahora el cetro era de Louis Van Gaal. Aprovechando las lesiones de Robben y Ribéry, se coló en el once y tuvo un total de 30 partidos (con dos goles y ocho asistencias). La explosión total y sin dudas fue la temporada siguiente, donde ya se fue a los 51 partidos (con siete tantos y 19 pases de gol), ya con Heynckes. Aún resuena la confesión de Hoeness por aquella época: “Llegué a pensar que Toni no tenía más potencial y que no iba a mejorar más. Pero ha tenido un desarrollo sensacional”. El ‘matrimonio’ perfecto se había reencontrado en el club más poderoso del país. Bajo su influjo, vino el Triplete en la 2012-13, aunque se perdió el descuartizamiento del Barça en semifinales y la victoria en la final contra el Borussia por una bursitis.  

Una vez más, y ya sin Heynckes en el banquillo, en Múnich volvieron a tener dudas sobre Kroos. “Es un genio vago”, llegó a decirse de él. Y con Guardiola no hubo paraíso. Acostumbrado a ser el punto de apoyo con el que Heynckes movía la (demoledora) palanca del Bayern, en el cambio de régimen al del técnico catalán, perdió su aureola. De hecho, Kroos bien rápido abrigó suspicacias de que se habían acabado los días de vino y rosas en cuanto vio el empecinamiento con el que Pep exigía el fichaje de Thiago Alcántara, un jugador joven y de características muy similares. Kroos pasó a perder cierto peso en el sistema muniqués y a vivir un tira y afloja con su técnico. El pasado 29 de enero, todo estalló. Pep le sustituyó en un reñido 2-1 al Stuttgart y el mediocentro escenificó su ira lanzando al suelo sus guantes con violencia. Mandzukic también fue sustituido y le negó el saludo al técnico. Ambos fueron ‘crucificados’ por Guardiola en el vestuario. “Podéis estar en desacuerdo conmigo, pero jamás lo hagáis a ojos de todo el mundo”, les dijo. Una bronca que desveló el Bild y que enloqueció al extécnico culé, que inició la caza del topo que lo había filtrado a la prensa. Kroos pagó el pato chupando banquillo los dos partidos siguientes y Mandzukic también quedó señalado. Hoy, los dos están fuera: Toni en el Madrid y el delantero croata en el Atlético. Aún y con eso, se ha ido de Múnich por la puerta grande: pese a la derrota en semifinales de la Champions precisamente frente al Madrid, se apuntó cuatro títulos (la Liga y Copa germanas a las que unió el Mundial de Clubes y la Supercopa de Europa).

La relación de cierta desconfianza entre el Bayern y Kroos, enlazado a esas desavenencias con Pep y el poco interés del club alemán en pagarle los siete millones netos que pedía por renovar (el mismo salario de Götze), han mandado al talentoso mediocentro directo a los brazos del Madrid. A la capital española viene un chaval sencillo, poco amigo de la farándula y asentado en familia. En Alemania, incluso, tiene fama de aburrido. El 14 de agosto del año pasado nació su primer vástago, Leon, fruto de la relación que mantiene con su pareja, Jessica, desde hace cuatro años. La fama y el éxito no le han alterado el ecosistema mental. Sigue siendo tan hogareño que todos los años se lleva a su familia al completo a esquiar a la estación austríaca de Kitzbuehel. A menudo llama a su padre tras los partidos para que le analice al detalle su actuación si no ha quedado convencido de algo. Tan apegado que lo luce en la piel, en el bíceps izquierdo lleva tatuado el nombre de su hermano Felix y en el antebrazo el de su primogénito.

Además, Toni es un gran aficionado a la música, aunque más bien chapado a la antigua. Le encanta un veterano grupo de pop alemán, PUR, extraño para un chico de su edad, porque el fandom de esta banda ronda más bien la cincuentena. El nuevo futbolista blanco se presentó en un concierto en Nuremberg y Hartmut Engler, líder de PUR, le invitó al backstage. Kroos le devolvió el favor con unas entraditas para un partido del Bayern, luego ensancharon su amistad al calor de las playas de Mallorca, y ahora son íntimos. De hecho, Kroos fue el primero en escuchar el último disco que han publicado cuando aún no estaba siquiera editado. “Que le gustemos tanto indica que es un persona sensible, en el campo, de la manera en que trata el balón, y fuera de él”, bromeaba Engler en el Bild. Su gusto en materia musical también incluye a Herbert Grönemeyer, algo así como el Julio Iglesias alemán. Desconecta jugando al tenis, es fan irredento de Roger Federer, y viendo la NBA (le tiran los Mavericks de su paisano Nowitzki) y sólo tiene dos ‘vicios’ conocidos, el Comunio (“Juego en una liga privada y pierdo, pierdo, pierdo”, confiesa Kroos en su propia web) y el poker (“Un gran juego, más basado en el instinto, el conocimiento humano y la maestría, que en la suerte”).

En el Real Madrid, ha entrado con fuerza. Fue presentado el pasado viernes y dejó una perla que a buen seguro habrá sentado como un disparo en Múnich: “El Real es el mejor equipo que hay y está un paso por encima del Bayern”. Los diez mil madridistas que acudieron al Bernabéu para verle vestido por primera vez de blanco con el ‘8’ a la espalda, seguro que lo disfrutaron de lo lindo…