FAMILIAS EN PAZ

Agentes de cambio

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Entrenadores como Simeone reconocen el desafío que implica manejar una plantilla de profesionales en un equipo. Su trabajo consiste en ayudarles a reinventarse, alcanzar todo su potencial y ubicarlos en la posición donde mejor rindan para lograr los objetivos del club.

Ocurre lo mismo en todo grupo social: en la familia, empresa o comunidad. Cada uno de nosotros no es ajeno a los desafíos de la misma, influimos en su transformación y desarrollo, de tal manera que lo individual se suma al logro de los objetivos del grupo.

Estamos inmersos en una cultura, en una forma de pensar. La transformación del individuo depende de la voluntad y el compromiso de cada uno. Por ejemplo, hay una premisa que indica que entre más jóvenes puedan tener acceso a educación universitaria, mejor desarrollo tendremos como nación. El punto radica en que tengan acceso a ella, pero principalmente en el deseo de cada uno de aprovechar esa oportunidad para llegar a ser un profesional.

Y no hay tarea más compleja para el ser humano que reinventarse a sí mismo, porque generalmente no cambiamos si las circunstancias no nos obligan a salir de nuestra comodidad. Dejar la zona de confort es enfrentar nuestros temores, identificar nuestros errores y aprender nuevas competencias para obtener mejores resultados, es decir llegar a ser mejores hijos, cónyuges, padres, trabajadores, profesionales, mejores ciudadanos. Se trata de un cambio profundo para el bien de sí mismo y para los demás.

Ahora bien, no se trata de convertirse en alguien que no se es o intentar ser diferente para acomodarnos a la cultura dominante, la cual es transitoria. Un cambio verdadero requiere de la transformación de nuestro ser interior, de nuestra forma de pensar y actuar, la cual no es algo que el hombre pueda hacer por sí mismo, sino es una obra que Dios hace en todo aquel que cree. Esto es así porque para el hombre es imposible cambiar las intenciones del corazón.

Nicodemo y el joven rico, son un claro ejemplo de ello: el primero, un hombre prominente en la sociedad, preparado, próspero, pero con un pensamiento adaptado a la cultura dominante, que reconocía a Jesús como maestro, pero que le buscó de noche para guardar las apariencias. El segundo, buscaba llenar un vacío espiritual pero aferrado a la comodidad de su riqueza. Ambos necesitaban de un cambio profundo en su vida y ello requería de un nuevo nacimiento, no en el aspecto físico sino en el espiritual.

Es el mismo cambio que todos necesitamos. Implica la muerte de los valores viejos para vivir conforme a valores totalmente nuevos, renovando nuestro entendimiento que va más allá de pensar y actuar correctamente, sino de formar nuestro carácter a la imagen del Cristo, el varón perfecto.

A partir de esta transformación del individuo, se cambian las relaciones y por ende a toda la sociedad. De manera que si hay alguna esperanza para los pueblos sobre la tierra, no se encuentra en la política, en el gobierno, en la economía o en la religión, sino en la fe en el hijo de Dios.

Seamos pues, agentes de cambio en nuestra nación.

platiquemos@familiasenpaz.com

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