Derecho a elegir y ser electo

La relación entre la participación ciudadana y la democracia es indiscutible y la primera no existe sin que se permita la libre participación a sus ciudadanos para expresar sus emociones y pensamientos relacionados con la forma en la que se sienten gobernados, y más allá, si el sistema no permitiese escuchar las propuestas y demandas de los diferentes actores sociales en relación a proyectos de beneficio colectivo, fortalecimiento institucional y acciones que buscan mejorar la calidad de vida.

La consolidación de la democracia es más que un proyecto político, es un proyecto de nación, en donde cada uno de los ciudadanos juega un papel muy importante, porque para hablar de democracia es importante entenderla, entender de qué se trata, cuáles son sus principios y sus límites y también porque no existe democracia sin participación ciudadana.

Una de las expresiones más claras de la participación ciudadana es el derecho a elegir y a ser electo, la máxima expresión de la participación con libertad dentro de un sistema político democrático.

En la primera vuelta del actual proceso electoral participaron más de veinte binomios presidenciales, al extremo que ni siquiera en el sistema de cómputo había lugar para ellos, y como consecuencia, el Tribunal Supremo Electoral decidió distribuir los votos de los últimos lugares entre los demás candidatos.

Para algunos, la candidatura debe ser un buen negocio, para otros un tema de ego, algunos podrían querer aprovechar la incertidumbre y convertirse en la opción emergente, como sucedió en el año 2015, o quizá simplemente fue un momento de locura.

En este contexto, toda candidatura tiene por lo menos tres historias: la del candidato, la del partido que lo respalda y la verdadera, aquella que responde a los intereses de quienes respaldan el proyecto político.

Los intereses pueden ser diversos, desde el apoyo a otros candidatos o partidos, quizá utilizar la estrategia “divide y vencerás”, y reducir las posibilidades de los verdaderos contrincantes. Otra puede ser evitar que el partido político desaparezca y buscan así la cantidad de votos mínima que la ley les exige para subsistir.

También está el darse a conocer con los ciudadanos y/o con otros políticos para ser elegidos o apoyados en futuros eventos electorales, aprovechar y adueñarse del financiamiento electoral e inclusive solapar fuentes de financiamiento electoral para otros partidos políticos; otro interés puede ser el desarrollo de partidos que en el futuro puedan ser herramientas de negociación e inclusive ser comercializados. Además, el exceso de binomios presidenciales que participaron en la primera vuelta forman parte de una historia inconclusa, llena de motivos oscuros e intenciones diversas que se convirtieron en tema de discusión y asombro por parte de la ciudadanía.

Lo cierto es que algunos de estos binomios nunca fueron una opción elegible, ni siquiera son motivo de recuerdo, simplemente se constituyen como parte de esa historia que llegó a plasmar sus fotografías en las papeletas electorales, como parte de historias personales que quizá ni los familiares más cercanos llegarán a comprender.

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