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Celebración de doble moral

Estamos en Cuaresma. Las procesiones y el fervor tomaron las calles, las tonalidades moradas invadieron los inmuebles y el sentimiento de arrepentimiento de los pecados está presente. Pero también llegó el “verano” y por lo tanto el momento de refrescarse con bebidas espirituosas y escapar a la playa.

Francisco Mauricio Martínez

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Esta dualidad es la que domina a la mayoría de guatemaltecos durante la Semana Santa. “Termina imponiéndose el sentimiento laico y las celebraciones vuelven al origen inmediato anterior de la religiosidad pagana”, afirma el semiólogo Carlos Velásquez, quien en esta entrevista hace una análisis de esta conmemoración desde la Semiótica.

¿Qué se festeja durante la Semana Santa, desde el punto de vista religioso?

En sentido lato, la Cuaresma es una celebración de penitencia, de rememoración del dolor y sacrificio de Jesús. Se traduce en una arenga hacia los fieles católicos, donde se les llama a arrepentirse de sus pecados.

En términos semióticos, se puede apreciar que muchos de los signos cristianos tienen que ver con el dolor y el sufrimiento. Recordemos la fuerza simbólica que ejerce el mito del pecado original. La mayoría de rituales se relacionan con la necesidad de hacer sentir culpable a los feligreses por esa falta que no cometieron pero que llevan arrastrando durante su vida y los pecados mundanos.

Y desde el punto de vista cotidiano ¿Qué se evoca?

Es tan real el sentido religioso como el pagano. De hecho la celebración de la Cuaresma se originó muchos siglos antes del nacimiento de Jesús. Hay noticias, incluso, de hasta cuatro mil años antes de nuestra era. Las carnalias eran fiestas griegas en honor a Saturno en las que prevalecían el desfogue, lujuria y el desenfreno. Coinciden también con el inicio de las reuniones báquicas, en honor a Baco, el dios del vino. Las saturnalias duraban hasta 40 días y terminaban con la crucifixión: el cruce y la resurrección del Sol en el equinoccio de primavera. Aunque el referente inmediato anterior al cristianismo es la religiosidad pagana de Roma y Grecia, en realidad, el símbolo de la cruz es mucho más antiguo. Por lo general, se relaciona con el cruce del Sol y su triunfo en la Naturaleza: inicia la primavera y los campos florecen.

¿Cuáles son los mensajes dominantes durante esta época?

El ciudadano común recibe información contradictoria. Por un lado, inmerso en una sociedad de consumo y en una lógica de la evasión, se marca como principio de la Cuaresma el Martes de carnaval. Con el paso de los siglos, esta terminó volviendo a sus orígenes paganos, como fiestas de la carne y del desenfreno. Sin embargo, inmediatamente después viene el Miércoles de ceniza: una cruz que recuerda que todos somos mortales y que debemos arrepentirnos de nuestros pecados, porque tarde o temprano moriremos. Ya metidos en la Cuaresma, el sentido más sobresaliente es el del sufrimiento, de la constricción, del arrepentimiento. Es decir, recupera el sentido de dolor y penitencia que caracteriza la visión cristiana. Nuevamente se evidencia esa pugna entre cuerpo (pecado) y alma (purificación).

¿Qué tan aferrados se encuentran estos mensajes en la sociedad?

Como sucedió en la alta Edad Media, en el ciudadano común termina imponiéndose el espíritu mundano, báquico, de las actividades paganas. La mayoría asume esta época como de fiesta y relajamiento. Aunque los devotos desarrollan los rituales oficiales católicos, no dejan de aprovechar el descanso y la posibilidad de salir y vivir momentos de esparcimiento.

En términos semióticos, el dualismo cuerpo-alma se manifiesta en una doble moral, que caracteriza la mayoría de pautas de conducta social en el mundo del consumo. Aunque se dediquen momentos para la reflexión del alma, se destina una buena cantidad de energía y recursos para el goce del cuerpo. Aunque se pregone el sentimiento cristiano, se termina imponiendo el sentido de alienación hedonista que caracteriza los actos de consumo y evasión. Es algo que va más allá del aspecto religioso y se inserta en el corazón mismo del sistema consumista.

¿Cómo interpretan los guatemaltecos Semana Santa igual verano y fiesta?

Como parte de esa doble moral a la que conduce el dualismo cuerpo-alma, el guatemalteco promedio termina asumiéndolo como una forma de vida. Por una parte, los cristianos evangélicos rechazan las celebraciones religiosas católicas, aunque replican en el fondo ese repudio a los placeres corpóreos. En el mismo sentido, aunque con una simbología diferente, los cristianos católicos viven un sentimiento religioso de constricción y recogimiento, pero no abandonan los placeres hedonistas que la sociedad de consumo alimenta y promueve. De esa cuenta, termina imponiéndose el sentimiento laico y las fiestas terminan volviendo al origen inmediato anterior de la religiosidad pagana.

¿Qué tanto inciden la publicidad y los medios de comunicación en estas concepciones?

La publicidad, en general, opera de la siguiente forma: se dirigen impulsos y símbolos que despiertan los instintos básicos del humano: sexo, placer, poder y prestigio, entre otros. El objetivo es eliminar la resistencia racional del potencial consumidor para volverlo una presa fácil. Una persona dominada por los instintos no razona, se “animaliza” y obedece a los condicionamientos que le ofrecen los anuncios publicitarios. Los medios de comunicación funcionan bajo los mismos principios.

¿Y esto qué tiene que ver con la Semana Santa?

Pues, justamente, que se renueva la oposición cuerpo alma de la que hablé, solo que manifestado en la oposición instinto-razón. De esa cuenta, el consumidor se ve inmerso en un bombardeo publicitario y cultural que doblega su razón, su sentimiento religioso, su conciencia moral para llevar por el instinto, el sentimiento pagano y el relajamiento moral. De ahí que, en la práctica y en el discurso que prevalecen en los medios, en el verano termine dominando el sentimiento pagano, báquico, instintivo, consumista y hedonista.

¿Por qué el color morado domina estas celebraciones?

Semióticamente simboliza espiritualidad, misterio, constricción, limpieza. De ahí su uso en sentido religioso. El atuendo de este color se lleva durante las procesiones sobrepuesto y exclusivamente para este momento. Por debajo, el feligrés común lleva su ropa ordinaria. De esa cuenta, el sentimiento religioso prevalece solo durante un momento. Simbólicamente, siempre termina imponiéndose el sentimiento mundano y la cotidianidad laica.

Algunos ven las procesiones con fervor religioso, mientras que otros como tradición y folclor ¿Qué opina?

Creo que los tres términos pueden considerarse complementarios o coincidentes. Quizás vale la pena aprovechar para hacer algunas reflexiones semióticas en torno a ellos. Hace un momento mencionaba algo acerca del sincretismo implícito en todos los sistemas mitológicos, y por lo tanto, en las religiones. Pues sobre ese aspecto vale la pena pensar sobre el sincretismo religioso. Es justo en los rituales de la Semana Santa guatemalteca en donde mejor se aprecia cómo el cristianismo europeo ha entrado en negociaciones simbólicas con las formas de religiosidad maya originarias y como resultado se observan expresiones con una riqueza cultural incalculable. Recuerdo un caso concreto, que puede servir como ejemplo paradigmático: En San Antonio Huista, Huehuetenango, las “procesiones” relatan la pugna entre judíos y apóstoles. Pero es una lucha que muy poco tiene que ver con la versión católica oficial: los judíos son seres enmascarados con antifaces que simulan figuras de animales, diablos, personajes populares, etcétera.

El ritual se desarrolla dentro de una dramatización más cercana al Rabinal Achí que a un Auto Sacramental europeo; por supuesto, acompañado de una marimba que entona melodías monótonas, muy cercanas al sonido melancólico del son tradicional. La religiosidad maya ha permeado a la cristiana y se ha filtrado hasta nuestros días en armónica convivencia con el cristianismo.

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