Valenti lo intuyó y utilizó plenamente. Minimizando el detalle de la anécdota, llega casi hasta la abstracción. Los retratos realizados por Valenti, digamos que existe en ellos ritmo de repetición incesante, de empastes y brillos y de minúsculos golpes cromáticos.
De tal manera que, si tuviéramos que dar un signo distintivo a sus retratos, esta sería la vigorosa y acentuada expresividad de estos. Al fin y al cabo la realidad es un espejo roto en donde en cada fragmento se refleja la realidad completa, y es misión del pintor descubrir y hacer ver a los demás la completa realidad, y esto lo logra Valenti a través del retrato y en general en toda su obra.
En el retrato ?Odette?
Una joven de extraña belleza, vemos el rostro de una concreta realidad, pero tan irreal como ciertos estados anímicos. El retrato seduce por la delicadeza del grafismo, la gracia del movimiento y la riqueza del color. Pareciera que el pintor quiere olvidar la realidad visible, pero deja al descubierto, la sinuosidad del arabesco compositivo, en donde palpitan toques vivos llenando de destellos el rostro y los hombros de la joven.
El color es de subida tonalidad, dejando que los tonos se supediten a él. La sombra de la cabeza en el cuello, ?corta? a esta, dando la sensación que la misma flotara o estuviera suspendida o separada del cuerpo. A pesar de la expresión de la joven, Valenti se muestra despiadadamente pesimista.
Otra obras
?La pintora? con claros acentos impresionistas, de las pocas obras de Valenti de decidido talento optimista. El artista ?suelta? al pincel manejando el empaste con excelente soltura. Existe fruición y optimismo de vivir en esta obra. Los colores se arremolinan, los verdes de la vegetación tocan el blanco de las nubes. La sensación de vivir ese instante de felicidad es total. Pero hay que seguir el ritmo de pincel, el cual forma, no un conjunto sino una entidad única.
En ?El Beso? (1911)
Valenti nos muestra la descomposición plástica del ser humano, surgido a partir de Picasso y logrando a través de la esquematización y el desceñimiento de las líneas.
Valenti en esta obra desorganiza formas y mata al color a fuerza de mezclarlo. En el ?Retrato de Jaime Sabartés? el pintor captó a éste en un momento de abandono. El triángulo oscuro formado por el cuerpo, está rodeado por brillos móviles y temblor de reflejos que palpitan en todos los puntos del cuadro.
Lo que seduce en este retrato es ese caudal de luminosidades, captando así la personalidad brillante y compleja de Sabartés. En el ?Retrato del doctor Morales?, Valenti no se apartó del naturalismo, la veracidad del parecido privan en el pintor, el cual acude a brillos quietos, y a formas y planos que estabilicen la luz.
Su modelo parece estar visto con cierta asepsia atemporal. En la obra ?Ataque de la caballería?, una forma de subjetivismo y libertad, no quiere traicionar lo que con tanto énfasis ha buscado, para ello nada mejor que tomar modelos alejados de la realidad, y acudir al ?tema histórico?, en donde puede utilizar toda la libertad plástica.
En esta obra existe un claro parentesco con la obra del catalán Mariano Fortuny (1838-1874). El formato utilizado por Valenti, llamado formato de ?gabinete?, era muy al gusto de su época.