Vida

Cielos falsos

Lo falso lo abarca todo: Promesas, profecías y princesas

Dicen que los toreros se meten trapos especiales dentro del pantalón, sólo para dárselas de muy robustos. De manera que usted no crea en sus bultos cuando ellos hacen su tercio de banderillas.

Y es que a la gente le encanta presumir de lo que no tiene. No hay necesidad de descender a esas prácticas incivilizadas, las de los toros, para observar que estamos rodeados de falsas cosas y promesas marca Mickey Mouse. Si no, vea usted esas vitrinas que ofrecen fajas interiores con nalgas artificiales. Superando 10 meses de dieta, le embuten las carnes y le redondean todo para que luzca inmediatamente como las de la tele (algunas de ellas quizá también las usan).

Las apariencias lo abarcan todo: Promesas, profecías, productos y princesas. Los comerciantes del planeta se han hecho expertos en ofrecer opciones a los pobres -quienes no por pobres dejan de ser presumidos- para que compren prendas de marca. Les venden gafas para el sol marca Ray León, que son, de lejos, parecidos a los Ray Ban y además tienen los colochos de las letras bastante iguales. Cuando ascendió en el mercado la marca de tenis Nike, apareció la marca Nice, y las plumas Parker fueron imitadas por las Parkis.

A esas superficialidades súmele la imitación de otros productos como los electrodomésticos marca Oster, que de pronto le salieron primas pobres marca Aster; la ropa interior femenina Hanes encontró a su homóloga marca Hines. Las medias Lovable son imitadas por unas tales Lavable.

Aún más allá de las marcas, hay también profetas falsos que mercan hasta con su alma, asegurándole que el El Día está cerca y que si usted no diezma irá a parar al infierno. Y ahí está que no hubo fin del mundo ni en el 2000 ni en el 2001 y usted tendrá que renovar votos. Fueron falsas la lectura de las cartas y la lectura de la mano, pues los designios son como las marcas, y como dice Paul Auster: ?El falso profeta adivina; el verdadero profeta sabe?.

Ahora, lo invito a que tengamos juntos una pesadilla. Si acepta, tenga la bondad de seguir adelante: Una muchacha se quita su blanca dentadura y se desprende de la cabeza una peluca. Calva como un cisne, se arranca los trapos interiores y resulta que sus redondos glúteos eran de algodón aprisionado dentro de una faja. El sostén era un verdadero sostén, pues en realidad sostenía y mucho.

Engañados en un 80 por ciento, nos ponemos en guardia, a la espera de que ya se lo haya quitado todo, no sea que comience a desabrochar algún cinto, algún cordelito que revele más cosas. Pero no, afortunadamente ahora se queda de pie, despidiendo su olor a perfume Pasion, imitación de Poison.

Frente a ella, un señor se afloja una faja alrededor de toda su enorme panza. Aquello se desparrama.

Los músculos no son más que bolsas de carne cayéndole a los lados de su calzoncillo marca Airow (por Arrow). Ahora, el viejo (porque ahora tendría que verse muy viejo) se quita el bisoñé. Tiene un olor Drakkar (Dakar). Y los dos se miran frente a frente.

Fin.

Como dijera Jaime Sabines, ?yo no lo sé de cierto, pero lo supongo? que lo anterior ha sucedido alguna vez, en alguna habitación del mundo.

Ahora bien, hay quienes optan por dejarse engañar. Se pasean de noche por la 5a. avenida de la zona 1, y bocinan a una que parece mujer, que tiene falda corta y una blusa de pulmonía. Obviamente, con aquella enorme espalda y las diez capas de maquillaje, aquella saldrá caballero, pero habrá quienes prefieran descubrirlo después.

Las falsas promesas, los falsos perfumes, los lapiceros Bec, por Bic, los relojes Azeiko por Zeiko; las baterías Dubacel que imitan a las Duracell, y también los cielos falsos, todos, como dijera Parra, ?terminarán sacándome de quicio?.

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