Estamos ya a pocas horas de la celebración del más grande acontecimiento que el mundo haya conocido, del mayor regalo que Dios nos ha dado a los que creemos por fe que Jesucristo es el hijo de Dios, el Salvador prometido, el Mesías. Y con actitud cristiana estaremos suscitando el verdadero espíritu de la Navidad y cantar por todos los rincones de la tierra: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz, buena voluntad para los hombres. Como lo hizo aquella multitud de huestes celestiales que alababan a Dios aquella noche.
Debemos darle gracias a Dios, en todo tiempo, por este regalo de la vida, que es obra de su creación, y también por habernos bendecido con su amor, y por todo lo bueno que hay en nuestro alrededor. Ahora que estamos a las puertas de la Navidad, es necesario reflexionar para saber si con nuestra actitud de vida estamos viviendo esta Navidad como verdaderos cristianos, o si, por el contrario, superficialmente solo estamos viviéndola como un día de fiesta más, con derroche de regalos, exceso de bebidas alcohólicas, hartazgos y jolgorios ¡Y todo en nombre de la Navidad! ¿Y qué de Cristo? ¿Dónde está el verdadero propósito de la fecha de la Navidad? No es solo saber que un día nació un niño llamado Jesús y que hay que celebrarlo a su manera.
Seriamente, debemos reflexionar y preguntarnos si también nosotros estamos cayendo en esta práctica de vida, envueltos en convivios donde Cristo está ausente. Debemos meditar como cristianos auténticos sobre los planes de Dios cuando envió a su hijo Jesucristo, y saber que la Navidad es la mejor ocasión para que los cristianos reflexionemos sobre cuál fue el propósito de Dios al mandar a su hijo al mundo. Es posible que en estos días Dios quiere que demostremos nuestra fe por lo que hacemos, por nuestras obras; que sirvamos con amor al prójimo necesitado, que regalemos un juguete a un niño pobre con tierna tradición; un pan para el que tiene hambre, una frazada para abrigarse del frío.
Como dicen algunos anuncios, este es el mejor tiempo para compartir, y aunque parezca un lugar común, ciertamente el corazón está más sensible en estos días, y debemos pensar en los necesitados, en los ancianos y los niños, sin olvidar a las viudas y a los huérfanos. No dejemos de hacer una obra de caridad en estos días, y demos algo de lo que tenemos a los que nos necesitan. Porque Navidad también es caridad.
Esta es época de las pascuas de Navidad, y se ha extendido también a otros campos de la vida. Tradiciones y costumbres que alegran el ambiente con luces de colores y música navideña; se adornan los hogares, el comercio, las calles, y se degustan las tradicionales comidas de la temporada ¡Ah los deliciosos tamales!.
Pero, claro, también se multiplica la presión por las compras, que dejan vacío el bolsillo de los compulsivos compradores. Y esto, lógicamente, no es bueno, porque hasta induce a los niños a que se inclinen más por la figura de Santa Claus que por el niño Jesús. La Navidad es Cristo. Que cada corazón sea un nido de amor que anide sentimientos fraternales, de paz y comprensión.