Escenario

Artistas guatemaltecos presentan obras en la 11ª Bienal de Berlín

Mediante instalaciones, vídeos e ilustraciones, Edgar Calel y Antonio Pichillá abordan la resistencia maya en el marco de la actual muestra artística en Alemania.

Escena del  vídeo "Sueño de obsidiana" realizado por Edgar Calel en colaboración junto a Fernando Pereira dos Santos (Foto Prensa Libre: Bienal de Berlín)

Escena del vídeo "Sueño de obsidiana" realizado por Edgar Calel en colaboración junto a Fernando Pereira dos Santos (Foto Prensa Libre: Bienal de Berlín)

Desde el 5 de septiembre hasta el 1 de noviembre de este año, se lleva a cabo la décimo primera edición de la Bienal de Berlín, en Alemania. La muestra reunirá 75 proyectos artísticos internacionales; entre ellos los de los guatemaltecos Edgar Calel y Antonio Pichillá.

Este 2020 el lema de la Bienal es The crack begins within (La grieta comienza dentro), basada en una frase de la poeta egipcia Iman Mersal, la consigna funciona como detonante para abarcar la “falacia de reclamar por uno mismo la destrucción de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo”, según apunta el planteamiento de la muestra.

En un contexto de emergencia sanitaria provocada por el covid-19, la 11ª Bienal de Berlín pretende, además, crear un diálogo entre las propuestas artísticas de todo el globo y las formas en que los realizadores difieren en los distintos puntos de este.

Esta lógica aplica de igual manera en el caso de los guatemaltecos dentro de la muestra. Cada uno aborda la vivencia maya en diferentes espacios del país: por su parte, Edgar Calel se manifiesta desde temas relacionados a la vivencia kaqchikel, y Pichillá habla desde la experiencia tz’utujil.

Un jaguar, un bordado y algunos sueños

Para esta edición, Edgar Calel, de San Juan Comalapa (Chimaltenango), presenta tres piezas. La primera, Sueño de obsidiana, consiste en un vídeo que registra al artista caminando con una piel de jaguar sobre los hombros, a través de los inmensos pasillos del Pabellón Cicillo Matarazzo, ubicado en el Parque de Ibirapuera de Sao Paolo (Brasil).

En la obra, que fue trabajada junto al brasileño Fernando Pereira dos Santos, Calel aborda la espiritualidad y el arte maya relacionándolos al sentido de la piedra de obsidiana como espejo que “refleja la esencia deformada” de las personas. De igual manera, su acción evoca un ritual en el que, mediante cantos y gritos, Calel pide a los ancestros por el regreso de su animal espiritual.

Durante el vídeo, el artista lleva puesto un característico suéter azul, bordado con los 23 idiomas mayas de Guatemala; mismo que funciona como pieza artística. La misma se titula B’atz tejido constelación de saberes, y fue realizada junto a su hermana, quien bordó las palabras.

‘B’atz tejido constelación de saberes’ es una pieza elaborada por Edgar Calel en 2015. (Foto Prensa Libre: Bienal de Berlín)

Edgar menciona que esta acción es una reivindicación del lenguaje como herencia cultural y abrigo de los pueblos ancestrales. “Costurar es casi como sembrar el conocimiento que hay en cada idioma indígena”, expresa.

Además de estas piezas, el artista presenta durante la Bienal una serie de 38 dibujos elaborados con tinta china, carboncillo y lápiz, que engloban una narrativa de sueños, lugares y emociones experimentados desde un bosque. Ni ch´itiloj ri q´aq´/ Fonemas del fuego, sirve a Calel como una forma de interpretar cómo la naturaleza “pone filtros para sentir con intensidad” los espacios físicos.

Desde el propio territorio

Para esta edición de la Bienal de Berlín, Antonio Pichillá también aborda su relación con el territorio. El originario de San Pedro La Laguna (Atitlán) presenta cinco piezas, de las cuales una es un vídeo en el que el artista realiza un ritual de sanación hacia la naturaleza.

Titulado Golpes y sanación, el audiovisual se basa en la importancia de la figura del guía espiritual que, con un lazo, realiza golpes simbólicos entre los lugares y las personas que estuvieron vinculados en una experiencia traumática. Mediante la acción, Pichillá cuestiona el daño que el ser humano ha hecho a la naturaleza.

Las otras piezas consisten en esculturas e instalaciones elaboradas a partir de textiles pintados; arte con el que Antonio se reconectó después de egresar de la Escuela Nacional de Artes Plásticas en 1993.

Fuego, es una interpretación de la importancia de este elemento que “conecta con la naturaleza, los abuelos y sana”, dice el realizador. Abuela, presenta textiles pigmentados que se erigen entre nudos, flecos y formas abstractas en una escultura con la cual Pichillá retoma “los saberes de la cosmovisión”, y que fue titulada en homenaje a la mujer que teje; sinónimo de resistencia, autoridad y sabiduría.

Vista de la sala Gropius Bau, donde se exhiben las piezas de Antonio Pichillá. (Foto Prensa Libre: Bienal de Berlín)

De igual manera, las otras piezas exhibidas –Acción de un personaje árbol y Kukulkan– retoman la importancia de elementos relacionados al sentir de los elementos naturales; en este caso del árbol y la figura ancestral de la serpiente emplumada.

Dichas acciones fueron motivadas por la realidad de Pichillá en San Pedro la Laguna. Elaborar las piezas conllevó una responsabilidad: “No puedo hablar de algo que no sé y tampoco abordar temas que no me pertenecen. Hablo desde mi vivencia”, explica el artista.

Los contextos correspondidos por Antonio y Edgar, y sus interpretaciones, han valido a ambos realizadores un espacio en Alemania; resultado de su exploración artística. Por su parte, Renata Cervetto, quien fungió como una de las curadoras de la 11ª Bienal de Berlín -al igual que María Berríos, Lisette Lagnadound y Agustín Pérez Rubio- expresan que el valor de las obras de Calel y Pichillá dentro de la muestra artística dan cuenta de su historia, orígenes y cultura.

“Estas van más allá de su materialidad, ya que su energía se traslada a su forma de vida, su manera de relacionarse con la tierra, la naturaleza, su familia, sus tradiciones y rituales. Todo forma parte de lo mismo”, explica.

 

ESCRITO POR:

Alejandro Ortiz

Periodista de Prensa Libre especializado en temas sobre cultura y bienestar, con 5 años de experiencia.

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