Las canciones que contiene la producción fueron compuestas en el antiguo reino de Guatemala para las Fiestas del Año Litúrgico. Son producto de la investigación realizada por Dieter Lehnhoff, compositor, director y musicólogo.
Las letras de las cantatas, tonadas y villancicos son de un contenido profundamente espiritual, expresado en un arcaico lenguaje barroco, así lo informa Cristina Altamira, solista en la grabación.
Las composiciones
Al norte fija, de Rafael Antonio Catellanos, compuesta en junio de 1780, compara en su letra la vida religiosa con la aguja de una brújula que no se deja distraer de su norte: el propósito de dedicarse a Dios.
La más antigua es Cándidos cisnes, de Manuel José de Quirós (1690-1765), una tonada dedicada a la Virgen de las Mercedes.
Quirós fue maestro de capilla de la Catedral de Santiago desde 1738 hasta 1765 y allí instruyó a su sobrino, discípulo y futuro sucesor, Rafael Antonio Castellanos (1725-1791).
Castellanos fue maestro de capilla de la Catedral desde 1765 hasta su fallecimiento.
De la pluma de este compositor provienen la mayoría de obras incluidas en el disco.
El villancico Oigan una jacarilla (1786), de sabor hispánico, hace eco del ambiente teatral de la tonadilla escénica popular, y en sus coplas concatena los versos a través de un atractivo uso del eco.
La cantata Dulces filomenas (1780), de Castellanos, enfatiza el amor de las criaturas por la Virgen.
A la tierna María, compuesta para la Fiesta de la Asunción de 1771, es una canción de cuna para la Virgen.
La Maternidad Sacra surgió en noviembre de 1775 en la ciudad arruinada -llamada desde entonces hasta la fecha la Antigua Guatemala- es una reflexión teológica y didáctica sobre la madre de Dios.
Pedro Nolasco Estrada Aristondo (1761-1804), maestro de capilla de 1797 a 1804, es el autor de la cantata para la fiesta de la Inmaculada Concepción Por más que las furias (1787). Esta obra revela el fluido dominio del estilo preclásico de este joven discípulo de Castellanos.
Ay, que se sube a los cielos (Amatitlán, 1791) fue compuesta por Castellanos para la fiesta de la Ascensión del Señor.
Y El villancico Jilguerillos acordes, compuesto en junio de 1785, está dedicado a San Pedro. Su letra habla, en imágenes barrocas, de la alegría con que toda la creación celebra al príncipe de los apóstoles.
La solista
Cristina Altamira ha interpretado más de cincuenta estrenos mundiales -para nuestro tiempo o absolutos- de tonadas, cantatas, misas, motetes, lamentaciones, salmos, himnos y villancicos de grandes compositores iberoamericanos de los siglos XVI a XX.
Desde 2001 escribe y conduce el programa radial educativo Barroco de Dos Mundos que se transmite semanalmente por Radio Faro Cultural de Guatemala.
-Los interesados en obtener el disco, auspiciado por Artes de Landívar, el Instituto de Musicología y la Universidad Rafael Landívar, pueden comunicarse a los correos electrónicos: arteslandivar@url.edu.gt., lehnhoff@url.edu.gt, partituras@web.de o a Millennium, musicahistorica@yahoo.com