¿Quién era en realidad el traidor?

Judas a quien le llamaban Iscariote, será acaso que estaba destinado a ser el traidor o por el contrario, fueron sus mismas decisiones las que lo llevaron a un trágico final.

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Le llamaban Iscariote, algunos atribuyen el sobrenombre a la palabra griega “sicarius” que significa asesino; sin embargo existe una opinión más entendida y verosímil: “Judas tenía un nombre bastante común en su tiempo”.

En la película Jesucristo Superestrella, de 1973, se presenta a Judas como víctima de Dios, en un papel determinado del cual no puede escapar. Pero ¿estaba irremediablemente destinado a ser traidor?

Algunos defensores de Judas, que lo eximen de culpa e incluso lo exaltan al atribuirle el mérito por detonar la pasión y crucifixión de Jesús, hechos central de la Redención cristiana.

Los teólogos de la biblia añaden que si bien es cierto que en el misterio de la Providencia de Dios alguien tenía que ser traidor, quien fuera a cumplir con ello, Judas o quien lo hubiera hecho, en ningún momento fue obligado o inducido por Dios. Los mismos actos libres de la voluntad de Judas fueron determinando su decisión final, incluso su forma de muerte.

Tal libertad fue subrayada en la década de 1940, por el jesuita Ferdinand Pratt, en la biografía Jesucristo, su vida, doctrina y obra: “Es necesario creer que Judas no era indigno en el momento de su elección. Más tarde se apoderó de su alma el demonio de la avaricia, de la ambición y la envidia y esto lo precipitó al abismo”.

¿Por qué lo traicionó?

Aún es un misterio la motivación específica de Judas para vender a su maestro, el mismo que le había confiado la administración del dinero de todos el grupo, pero se han trazado varias hipótesis, en base a su perfil y a reacciones registradas por los evangelios.

La codicia ha sido la razón popularmente aceptada, pues el mismo San Juan hace constar que el Iscariote hurtaba dinero de la bolsa común a su cargo, al igual que registra el capcioso reclamo que hace a Jesús cuando una mujer derrama un frasco fino de perfume, cuyo valor calcula el mismo, con sospechosa exactitud, en 300 denarios.

Por ello hay dos posibilidades: una el temor a perder la estima de Jesús tras ser denunciado sus desfalcos. La otra, los anuncios del Mesías de su propia muerte, que lo habrían llevado a pensar en alguna ganancia antes de que tales avisos se cumplieran.

Pero no era un simple avaro, pues él habría quedado satisfecho con el lucro obtenido al traicionar a Jesús y sin embargo devolvió el dinero y se suicidó.

Su actitud

Tras ver el sufrimiento de Cristo Judas sintió el horror de su pecado, pero le faltó la confianza: no lloró las lágrimas del amoroso dolor del apóstol Pedro. Aquellas 30 monedas se le hacían un peso insoportable en el bolsillo.

“Judas no sintió arrepentimiento, que es algo espiritual, sino remordimiento que es algo psicológico, por eso decide suicidarse” refieren los historiadores bíblicos.

Es dudoso si se ahorcó en cuanto devolvió el dinero. Algunos dicen que lo hizo después de la resurrección de Cristo, al enterarse del gran prodigio que no esperaba.

La secta denominada de los cainitas, sostenía que Judas, al traicionar a Jesús había hecho una buena obra pues así había permitido la salvación.

Tal postura quedó registrada en un manuscrito, denominado Evangelio de Judas, que registra así mismo varias conversaciones entre este personaje y Jesús.