Escenario
Quién es Nikolai Grube, el epigrafista alemán que aprendió idiomas mayas para descifrar la escritura jeroglífica en Guatemala
Nikolai Grube lleva más de 50 años estudiando la escritura maya y en Filgua 2026 presentó su nuevo libro sobre el Códice de Dresde. Esta es su historia.
Nikolai Grube lleva más de 40 años viajando a Guatemala para estudiar la escritura maya. (Foto Prensa Libre: Cortesía Nikolai Grube)
Enamorado de la cultura maya, el epigrafista alemán Nikolai Grube lleva más de 50 años dedicado al estudio de la historia y a las investigaciones epigráficas y arqueológicas para descifrar la escritura maya.
Desde hace cuatro décadas viaja constantemente a Guatemala para adentrarse en la selva y estudiar los textos jeroglíficos de los sitios arqueológicos del país. Para ello, incluso, ha aprendido idiomas mayas.
Entre sus estudios más recientes figura el del Códice de Dresde, reconocido como el manuscrito maya prehispánico mejor conservado. Grube se dedicó a traducirlo y acercarlo al público por medio de su nuevo libro Kumatzin Wuj Jun, presentado el martes 14 de julio en Filgua 2026.
En entrevista con Prensa Libre, desde Alemania, Nikolai Grube cuenta su historia, cómo surgió su vínculo con la cultura maya y por qué Guatemala siempre ocupa un lugar especial en su vida.
¿Cómo surge su interés por la epigrafía?
La epigrafía me interesa desde mi juventud; desde niño me llamó mucho la atención. Leí varios libros sobre arqueología y después empecé a leer sobre los mayas y la escritura jeroglífica, que todavía no estaba descifrada, pero ya se daban los primeros pasos. Entonces quería contribuir al desciframiento de esta escritura y, cuando tenía unos 14 años, publiqué mi primer artículo sobre la escritura jeroglífica.
¿Qué le atrajo de la cultura maya?
Me enamoré de la cultura maya en todos sus aspectos: la arqueología, la historia del pueblo maya en la época colonial, la antropología y los idiomas mayas. Todo me interesa. Por eso viajé mucho a Guatemala, donde tengo colegas y amigos, algunos de los cuales hablan k’iche’ y otros idiomas mayas. Eso me dio más iniciativa y más fuerza para aprender idiomas mayas.
¿Por qué vio necesario aprender idiomas mayas?
Empecé a aprender idiomas mayas porque me di cuenta de que no se puede descifrar la escritura sin conocimientos lingüísticos. Se necesita un buen conocimiento de, al menos, un idioma maya para entender cómo funciona la escritura. Al principio aprendí maya yucateco, el idioma de la península de Yucatán. Viví casi dos años allá. Después empecé con kaqchikel.

¿Cómo ha sido la experiencia de hacer sus estudios en Guatemala?
Viajo cada año varias veces a Guatemala. La primera vez fue en 1984, cuando todavía era un poco difícil por la violencia. Viajé a Petén y no era tan fácil movilizarse: había muchas patrullas que controlaban a los pocos viajeros que había en ese tiempo. Era complicado llegar a sitios arqueológicos de difícil acceso en la selva. Pero siempre me ha gustado caminar en la selva y ver textos jeroglíficos en ciudades mayas que todavía no han sido estudiadas o no aparecen en los mapas.
De todos sus hallazgos, ¿hay alguno que lo haya sorprendido más?
Lo que más me impacta ver, por ejemplo, en relación con los códices, es que en el Códice de Dresde, y también en los códices de Madrid y París, hay capítulos sobre los cargadores de los años. Esos son los días en los que puede terminar un año, según el calendario maya. Hay mucha información sobre el calendario sagrado cholq’ij, el calendario de 260 días. Ahí se puede mostrar bastante bien qué se practica todavía hoy y cómo era la ritualidad del calendario en los siglos anteriores a la invasión. Por eso es muy interesante hacer este trabajo y mostrar que la cultura maya actual tiene mucho en común con lo que está escrito en esos textos.
Justamente su nuevo libro Kumatzin Wuj Jun es sobre el Códice de Dresde. ¿Qué contiene?
Lo que presento es una traducción, página por página, del Códice de Dresde, también llamado Códice de los Mayas. Se encuentra en Alemania, en la Biblioteca Estatal de Sajonia, y es uno de los cuatro códices mayas que existen. De ellos, es el más bello, sofisticado y mejor conservado. Tiene 78 páginas. Kumatzin significa culebra y wuj es la palabra para libro en kaqchikel. El título se refiere a la manera de doblar un códice. Un libro maya es como un biombo: una tira larga de papel que se dobla. No tiene hojas que se puedan abrir, sino que debe desdoblarse.

¿De qué trata el Códice de Dresde?
Trata sobre astronomía, agricultura, lluvias, enfermedades y rituales para los dioses. Es un libro para que un sacerdote consultara los días buenos o malos, realizara rituales, curara enfermedades y pudiera prever eclipses lunares y solares. También contiene un capítulo sobre el planeta Venus. Un sacerdote que sabía consultar el códice podía decir cuándo Venus estaría visible en el oriente, cuándo desaparecería y cuándo volvería a verse.
Su libro se presentó en Filgua 2026. ¿Por qué es importante que podamos acceder a él?
Porque es un documento clave para la cultura maya. Es uno de los libros más importantes de la América prehispánica y conecta directamente con la identidad maya, la espiritualidad, el calendario y el pensamiento maya antiguo y moderno.
¿Podríamos entenderlo, incluso, si no tenemos conocimientos básicos de epigrafía?
Exactamente. No es un libro dedicado a un público especializado, porque mi idea era explicar el códice no solo a científicos, sino también a lectores interesados, sin muchos conocimientos previos, que simplemente quieren conocer más sobre la cultura maya, el calendario y la manera en que los mayas escribieron su memoria cultural y sus conocimientos.
Después de tantos años estudiando la cultura maya y viajando a Guatemala, ¿qué representa para usted este país?
Es un país que quiero mucho. A pesar de los problemas, los conflictos, la violencia y la pobreza, la gente de Guatemala siempre me recibe bien y con el corazón abierto.


