Bajo esta lupa mal enfocada empecé a dudar de la veracidad de las epístolas al notar un lenguaje bastante tierno y emotivo cuando Nietzsche se dirige a su madre y hermana. Por otro lado, en la contraportada del libro no dice nada de que se trata de una ficción.
¿En verdad son cartas de Nietzsche? ¿Y traducidas por quién? Telefonée a Raúl Figueroa quien, riendo, me dijo que se trataba de una ficción, que lo que me había enviado era, en realidad, una novela.
Mi afición (miopía) por Nietzsche, lo mismo que por Freud, data de más de treinta años. Los he leído a ambos y me parece reconocer lo que dicen y cómo lo dicen. Y lo que estaba leyendo no era, en verdad, Nietzsche. Lo cual no quiere decir que la obra de Salazar no sea digna de encomio. Está muy bien escrita, con un estilo ágil y perfecto. Su filosofía, más bien su psicología y forma de ver la vida es lo que sentía no concordar con Nietzsche.
Por un lado Nietzsche, creo, no amaba tanto a su madre y hermana; por otro lado, a pesar de haber estado enamorado de la esposa de Wagner, Cosima, jamás dejó de ser misógino. Tenía en muy bajo concepto a todas las mujeres y, casi se podría afirmar, no las soportaba por creerlas falsas y estúpidas. Sin embargo, yo no he leído las tres biografías de Nietzsche que sí leyó Salazar: la de Werner Ross, la de Rüdiger Safranki y la de Mellon Collie. Así que puedo estar equivocada.
Asimismo, Salazar parece confesar (de acuerdo a sus declaraciones a Lucía Herrera en la entrevista que ésta le hiciera, publicada en Prensa Libre, el 17 de diciembre) que en el fondo hubiera querido escribir algo autobiográfico: ?Lo más comprometido es hablar de uno mismo y de lo que uno hace. Yo diría que es un trabajo que intenta acercarse a la literatura en su expresión más actual, por un lado, y por otro, es un trabajo que pretende alejarse de todo aquello de lo que los guatemaltecos podamos tener las orejas hinchadas de tanto oír hablar: la política, la guerra, la paz y el problema pluricultural(?)?.
Nada mejor, por tanto que entrar a otro mundo totalmente alejado del nuestro, y este mundo es nada menos que el de Nietzsche: ?Yo creo que vivimos en un mundo tan ambiguo y sujeto a distintas interpretaciones que no me atrevo a inventar algo completo y redondo sino algo fragmentado(?)?.
Y la obra logra lo que se propone. Su aclaración es, por eso, válida: su Nietzsche es un Nietzsche joven, no el Nietzsche filósofo: ?En casi todo su período productivo yo ya no me meto(…)?.
Dicho de otra manera, evade al Nietzsche iracundo y genialmente enfermo que la emprende no sólo contra la mujer sino contra la creencia de Dios y la inmortalidad del alma.
Un Nietzsche que odia a Kant, aunque le deba haber rescatado los cinco sentidos para el entendimiento de la filosofía.
Lo mejor que confiesa Salazar: ?(?)mi trabajo no fue crear una ficción, sino fue tomar al personaje y, a partir de lo que él es capaz de decirme a mí, volver a escribir lo que él pudo haber sentido sobre su propia vida?.
El título de la obra, sin embargo, nos deja un poco desconcertados. Tenemos que pensar y leer dos veces la obra para descifrarlo. ¿Una autobiografía disfrazada?