En muchos casos, se debe a la atrofia emocional, un desorden que va en aumento y debido al cual los afectados no toman conciencia de sus emociones ni de las reacciones físicas que éstas provocan.
Los descendientes de Adán sólo tienen autorización para dar a conocer sus lágrimas en circunstancias especiales: cuando sufren una pérdida mayúscula, como la muerte de un ser querido, ante una catástrofe como un atentado o una guerra, por un acontecimiento futbolístico, por la boda de un hijo o el nacimiento del primer nieto.
Pero el problema es que muchos varones no sólo tienen grandes dificultades con el llanto, sino también con la expresión de sus sentimientos en general. El temor, la compasión y la ternura son un reto para quienes tienen una emotividad plana.
Según recientes investigaciones, el hecho de que varios hombres parezcan tener el corazón de hielo, no sólo se debe a que han asumido un modelo social que les atrofia sentimentalmente, porque se les enseña desde chicos a no exteriorizar dolor y aguantarse, en aras de una presunta fortaleza.
La incapacidad de identificar y verbalizar emociones de igual manera puede tener una dimensión patológica. Se denomina alexitimia, alteración que se estima padece una de cada siete personas, y que afecta en una proporción más elevada a la población masculina que a la femenina.
¿Dolor de estómago o nervios?
Los alexitímicos a veces confunden sus emociones: se les contrae el estómago y sienten dolor, no pueden atribuirlo a una situación de carácter emocional. Para el médico Michael Huber, de la Universidad de Colonia, en Alemania, hasta 40 por ciento de las personas que padecen dolores crónicos muestran características de este mal.
Quienes tienen estos síntomas atribuyen las mariposas que sienten a que comieron algo que les cayó mal. No son conscientes de su problema y se sienten normales, pese a tener bloqueada una de las parcelas más importantes de su vida: la emocional.
Notan que algo va mal con su pareja, trabajo o amigos, pero no aciertan a descubrir qué es.
Nunca se sabe lo que piensan o sienten y sus exteriorizaciones son mínimas y se reducen a lo justo: el saludo, la despedida, la frase correcta pero nada más. Ignoran lo que sienten, no saben cómo decirlo ni distinguen una emoción de otra, tampoco saben que carecen de la capacidad de expresar sus emociones.
Trastorno sicológico para algunos, rasgo de la personalidad para otros, y la consecuencia de un deficiente aprendizaje según otra corriente de opinión, todos coinciden en que la alexitimia empobrece la vida, las relaciones y la salud.
Según los expertos, este desorden puede tener orígenes neurológicos, como un daño accidental en los tejidos ocasionado por una cirugía cerebral o bien una disfunción en la comunicación entre los hemisferios del cerebro que controlan respectivamente nuestros lados racional y afectivo.
La incapacidad de sentir también puede deberse a lesiones: una desconexión entre el sistema límbico del cerebro, que detecta los estímulos fisiológicos que generan la emoción, y el neocórtex, que es la región encefálica que reconoce la emoción y permite expresarla.
Otras causas son las sicosis, ya que algunos trastornos, como la esquizofrenia, están asociados a una gran apatía y a una incapacidad de expresar las emociones, que sólo se revierten con fármacos.
Asimismo, la distorsión anímica y desinterés por lo que le rodea y que sufre una persona al estar deprimida, pueden asociarse a una alexitimia transitoria.
Causas de la atrofia
El estrés postraumático, debido a catástrofes, guerras, atentados o situaciones traumáticas, puede causar una incapacidad emocional temporal como efecto rebote, mientras que la emotividad plana tiende a obedecer a un aprendizaje deficiente: quienes han crecido en familias donde los sentimientos rara vez se expresaban o se prohibía expresarlos, aprenden a reprimir lo que sienten hasta negarlo.
Para algunos expertos, existe un componente genético familiar que predispone a la incapacidad emocional, y la alexitimia incluso puede tener sus raíces en la etapa de la socialización primaria, cuando el bebé necesita palabras para decodificar y comunicar sus experiencias y la madre no le brinda los términos necesarios para expresarse.
La sicóloga Laura García Agustín, directora del centro Clavesalud, de Madrid, asegura que este padecimiento es difícil de tratar porque el afectado no es consciente del problema y sólo acude a la consulta cuando se lo sugieren.
Esta experta señala que este desorden siempre requiere un tratamiento profesional, sicológico o siquiátrico, pero reconoce que: ?es muy difícil ayudar a alguien a reconocer y expresar sus emociones sin que lo haya hecho desde niño y después de haber pasado la mayor parte de su vida sin estas vivencias?.
Tips: Ponga atención
No descuide sus sentimientos.
Para la sicóloga Laura Agustín, si se quiere prevenir este problema ?hay que brindar desde la infancia una educación emocional que hasta ahora ha sido descuidada: enseñar al niño a que sienta y exprese sus emociones?.
?Cuanto más fino sea el reconocimiento de las emociones que desarrolle una persona, mayor será su capacidad de funcionar en sociedad?, añade la terapeuta.