Vida

Librasde las que te libras

Metropolitánicamente hablando: Hacen todo lo posible (y lo bebible) para reducir sus medidas

La piel de naranja y esas lonjitas que se asoman, no son horribles. Son el toque de realidad que su belleza tiene.

No, no es ironía. Más ironía (o ingenuidad) es creer que puede demoler en 10 días esa barriga construida durante años con kilos de hamburguesas con papas, hectáreas de pizza de jamón y toneles de gaseosa.

Sería bueno salir a correr o a caminar de 5 a 6 de la mañana, pero tan rico dormir. También sería buenísimo ir a un buen gimnasio, pero antes de pagar el siguiente mes, muchos buscan otras alternativas.

Y justo para este consumidor o consumidora se ofrece el lodo mineral del Mediterráneo, la faja sudadora con azufre (ahora con mayor tamaño para todas las tallas y que la puede usar en la casa, en la oficina, en el paseo y ni se nota), también electrodos que se pegan a la barriga, a los costados o a las piernas que ya parecen derretirse, para que los ?reafirme?.

Hasta los anuncios han perdido la sutileza. Antes decían ?ya no sufra por su abdomen?, ahora dicen ?¿no le da vergüenza esa panza tan horrible?

Ya no dicen ?rollitos?, sino ?llantas?; no dicen ?Haga ejercicio y tenga mejor salud? sino ?Que sus amigos ya no le digan gordo?.

Estado de alarma

Es cuando uno descubre que ya no pesa las idílicas 140 libras que tenía de soltero, sino que ya va por 155.

Si es mujer y ya no pesa 100, sino 110… se espanta más, duda de la báscula, ¿será que está buena? y se pregunta ¿por qué habré subido tanto? Y aunque no es mucho, la preocupación crece.

¿Qué tal ese aparato que anuncia la tele? Rema, esquía, bicicletea, tiene graduación de dificultad y (qué maravilla) se puede guardar debajo de la cama (por mucho, mucho tiempo).

Como la fe mueve montañas, se compra una crema descolorida que tiene un lejano olor a pescado. Sí, la maravillosa crema reductora de medidas hecha a base de algas marinas (ah, con razón). Con ella puede desaparecer hasta 10 centímetros en tres semanas y para que vea que no es engaño, trae su cinta métrica para que evalúe sus progresos por sí misma (pero no se mienta, mídase bien). ¿No cree aún? Vea las fotos ?antes? y ?después?: dos señoras (que se supone son la misma) de espaldas, en bikini, que muestran lo relativamente esbeltas que quedaron sin ejercicios, sin pastillas, sin dieta.

Estado de excepción

Es el que mantiene aquel o aquella que come de todo, excepto lo que ?engorda?.

Todos conocemos a alguien que se mata de hambre días enteros para no engordar. Anda cargando y recargando su bote de agua pura, no por salud, sino para engañar a cada rato al hambre.

Compra bebidas integrales que quitan el apetito y en secreto, usa la plantilla que le hace digitopresión en los pies para mejorar el metabolismo.

Desayuna medio pan tostado, almuerza media pechuga cocida de pollo sin sal. No cena. Se flagela el estómago, anda con gastritis y de todos modos, un día peca con dos pedazos de pastel de chocolate o con una deliciosa cubetada de poporopos inundados de mantequilla.

Engorde la autoestima

Mi amiga Lulú anda siempre en busca de tés para adelgazar. Come queso de soya y toma leche de soya. Conoce decenas de ensaladas, pero también le gusta ir a probar los nuevos restoranes y cafés. Si no fuera gordita, estoy seguro de que no sería tan buena gente. Y a eso vamos:

No existe tónico milagroso para la autoestima, ni ejercitador abdominal que logre la aceptación de ser como uno es. No hay dieta que adelgace el tedio existencial que a todos nos invade alguna vez.

Aún así, hay muchos afanados en desaparecer dos libritas de más. En el mismo autobús en que viajamos quizá va una muchacha o señora o señor con su faja puesta o con una bolsa de nailon en el abdomen.

Temprano se habrá tomado su pastilla dietética y se habrá bañado con el jabón que incinera grasas y quema calorías bajo el agua de la ducha.

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