La primera iniciativa de crear un gran Museo en Madrid, a la altura de los grandes museos europeos fue de José Bonaparte, pero no pasó de ser una buena idea. Fue Fernando VII, el creador de este museo.
Se incorporaron pinturas y esculturas de la Real Academia de San Fernando. Al Prado no se debe olvidar el papel fundamental de María Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII, para su fundación.
La construcción del Museo del Prado se le encargó al arquitecto Juan de Villanueva, realizándolo en el más puro estilo Neoclásico.
La construcción se inició desde 1785. El conjunto es un admirable complejo de unidad y equilibrio. En 1872, el museo se enriqueció con unas tres mil obras. El edificio original, no pudo albergarlas, por lo que estas obras se prestaron a instituciones oficiales y museos provisionales. A esta iniciativa se le denominó ?Prado Disperso?.
El Prado es un museo de una riqueza excepcional, aunque en 1991 el Maestro Alfonso Pérez Sánchez, por esos años su director, los consideraba como un ?Museo Fósil?, sin otra realidad que la inmensa riqueza de sus colecciones. Lo que más criticó Pérez Sánchez fue el haber cedido el Palacio Villahermosa, para albergar la colección Thyssen.
Sus argumentos son sólidos, pero él lo consideró como un fracaso personal, aduciendo el carácter profesional como director del Museo del Prado, pero la lógica de la política labró su camino. Otras de sus decepciones fue la poca oportunidad de poder adquirir obras de la misma calidad de las del Prado, dado el precio que han alcanzado las otras obras de arte en la actualidad.
Las últimas adquisiciones son el magnífico retrato de la ?Marquesa de Santa Ana?, obra de Goya, adquisición que se llevó a cabo gracias a la colaboración de empresarios españoles. También se recuperaron dos obras de Zurbarán y un Lucas Cranach. El Prado como todos los museos tiene sus puntos débiles, por ejemplo, la pintura Primitiva Italiana, es modesta su presencia, así como la Quattrochento.
No poseen un solo Paolo Ucello, o un buen Filippo Lippi o una mejor representación de Bellini o Carpaccio. En contraposición posee lo mejor de Velásquez, Zurbarán, Goya y Rivera. Creo que sería un interesante trabajo de sociólogos, (si es que no se ha hecho) estudiar el mecanismo del público de masas, de ese público que busca desesperadamente, en el mundo de la sensibilidad, a falta de encontrarlo en alguna religión, resolver sus dudas y angustias.