Vida

Presto non TroppoJethro Tull en el Olympia

Sin complejos, sin superfluidades, con una rutina bien ensayada y un tanto obvia, pero rebosante de buen humor, Jethro Tull semejaba estar hablando en nombre de los grandes grupos ingleses de art-rock.

Con más de treinta años como uno de los grupos más característicos que haya producido la historia de la música rock, Jethro Tull ha emprendido ahora su Gira Mundial 2001, conduciendo a sus seguidores por un auténtico desfile musical de sus grandes éxitos.

Consistentemente encabezado por Ian Anderson -el gran flautista del mundo del rock- este legendario quinteto se distinguió, desde sus inicios, por fusionar con éxito elementos de música folclórica británica con rock progresivo.

Adicionalmente, su sonido se volvió casi inconfundible a partir del uso de la flauta transversal, a la que le confirió la calidad de instrumento de rock, poniéndola en condiciones de igualdad frente a la guitarra eléctrica. Para remate -y sin menoscabo de su actuación como solista- Anderson es, asimismo, intérprete de guitarra acústica, vocalista, compositor y un extrovertido show-man capaz de animar, él solo, toda una velada.

Esto se puso en evidencia, una vez más, cuando el célebre conjunto se hizo presente en el no menos célebre Olympia de Parms hace algunos días, para cumplir una de las fechas de su gira.

Con la complicidad artística del ilustre guitarrista Martin Barre (uno de los integrantes originarios de la agrupación), del tecladista Giddings, del bajista Noyce y del bateriísta Perry, Anderson ofreció toda su energía a un público que en su mayoría tenía ya edad como para haber conocido los primeros discos de esta banda en la época de su lanzamiento, pero que difícilmente podría duplicar el tren de acción escénica que físicamente despliega este trovador/juglar/bailarín medieval a lo largo de todo el recital.

Sin complejos, sin superfluidades, con una rutina bien ensayada y un tanto obvia, pero rebosante de buen humor, y con una muy apropiada sobriedad visual e interpretativa, Jethro Tull semejaba estar hablando en nombre de los grandes grupos ingleses de art-rock de los años setenta. Mas todavía, estaba hablando en nombre de la música interesante que ha hecho todo artista popular de cierta sensibilidad y alcance intelectual.

Pero…, ¡no porque ésta sea una música docta, exclusiva para eruditos!, sino porque es una música que… interesa al oyente, porque lo invita a contemplar las imágenes fantásticas que se desprenden de ella, y porque es una música que no sirve únicamente como fondo para una parranda, para un culto, o para alguna formalidad social.

E, indiscutiblemente, en este caso, con la habilidad para fluir desde un rock pesado y metálico hasta la iluminada melodía de un cantor que relata las historias de su tiempo o de otros tiempos, y que, al hacerlo, continúa disfrutando cuando alterna lírica con rudeza.

Demasiado viejo para hacer rock and roll -demasiado joven para morir…- había dicho Jethro Tull, hace años, en una de sus canciones. Pero Ian Anderson y compañía demostraron sobradamente lo que significa no avejentarse, aunque pase el tiempo; cómo dejar huella, sin irse quedando atrapado en ella; y, ultimadamente, cómo seguir haciendo buen rock, no sólo para el momento; no sólo para morir joven, con tal de no envejecer.

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