Vida

Rincones de la tarde

El viento hilvana sinfonías sobre este planeta vulnerable

Mis verticales árboles del jardín, que besan el cielo, parecen mástiles violentos, deshojados por el viento. Las ramas alargan sus alas sobre el ensombrecido jardín. Estoy todavía en mi vieja casa, donde hace décadas ante mis ojos las auroras y los crepúsculos se dan la mano sobre el inmenso barranco del Sauce. Un insondable barranco verde, donde árboles, ramas y arbustos se enredan con el viento hoy, durante una tarde triste en mi peregrinaje por el tiempo.

Amores viejos que no regresan o regresan a la nada. Hay recodos de horas que no terminan nunca en el recuerdo. Hay rincones de tardes sombrías. Hay un rumor que llega de lejos de un espacio indefinido, como un rumor del pasado. Dentro de mi lo oigo como un rumor del viento o del mar, mientras los recuerdos se alzan y descienden como las olas. Recuerdos que navegan mar adentro. El viejo rumor del mar en las ramas de los árboles.

Un canto viejo que sigo oyendo, canciones de amores viejos de tiempos pasados desafiando el olvido. Insomne peregrinaje de la memoria recuperando viejos naufragios. Imágenes que avanzan a solas en el silencio de mi casa vieja, la que pienso pronto abandonar. En el jardín a esta hora el viento rasga las vestiduras de los árboles. ¿Por qué me aferro al tiempo? Los recuerdos amarran al tiempo, no sé desde cuando. Tampoco sé cuándo se amarra la vida con la muerte.

Quedan en la casa vieja los crespones de la juventud. Aquí he sido joven y ya soy casi vieja. La felicidad fue como una mariposa blanca, pero ha sido felicidad. Luego la muerte se ha posado sobre uno de los altos árboles, se pudrió y hubo que cegarlo. Era triste mirar al árbol caído en el suelo del jardín. El mismo árbol donde antes quedaba sentada la luna como en un nido. Desde algún rincón de esta tarde sombría surge el recuerdo del árbol, hecho leña… Hay un lóbrego viento.

La claridad del crepúsculo no se ha ido del todo. Pronto cambiaré de casa. Casi todo cambia. El mundo es otro pero a la vez el mismo. La realidad como el espejo roto se fragmenta. ¿Qué es más real el tiempo o su reflejo? Las sonrisas lejanas, los sueños risueños que cayeron en el despeñadero, que navegan por el barranco tiempo adentro. Perduran en la sombra las siluetas, los recuerdos de un viejo amor y la tristeza humanamente human en medio de un gran silencio con el aroma de un pasado enmohecido. Todo se tiñe de soledad.

El recuerdo, la herida, y ese silencio que aulla ¿o es el viento? Ahora el cielo derrama relámpagos y se escucha el clamor de los truenos. Acongojadamente me he hecho vieja. Tendré que vivir sin desposeerme nunca de las amarras del pasado, aunque vaya a una casa nueva. Hay victorias que el tiempo aleja y fecundos fracasos que llenan el alma de un tierno regocijo. ¡Qué difícil entender el pasado y entendernos!.

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