Vida

Sabemos poco si es que algo sabemos

No hay pasado. Hay olvido.

Si reuniera los recuerdos del tiempo que viví en mi patria y de los años que lo he hecho en mi país de adopción ¿cuánto tiempo sumaría? Unas horas de la larga existencia, y de ahí, ?el pasado del que uno se acuerda no tiene tiempo?. Los exiliados que lograron abandonar a salvo su país y los emigrantes que por fin deciden hacer una visita a su patria, donde se consideran igual a todo el mundo, regresan pero no regresan del todo.

Sufren un conflicto de patrias los emigrados o exiliados de cualquier parte del mundo -al cambiar una parte del mundo por otra, y si después de vivir 20 ó 30 años en el extranjero el emigrado o exiliado volviera a su país natal. La noción de patria en un contexto sentimental va vinculada a la relativa brevedad de nuestra vida. La brevedad que nos brinda demasiado poco tiempo para que sintamos apego por otro país u otros países, pero viviéramos mucho más tiempo en esta tierra ya no existiría el ?gran regreso? y ya no se sentiría esa gran emoción de volver, y el regreso se convertiría en las muchas vueltas que da la vida en el largo transcurso de la existencia.

Eres el de antes y eres otro. Lo he ido pensando y discutiendo con una visita reciente. Un visitante llegado de un lugar lejano. ¿Cuál es el lugar mejor para vivir? ?Todo depende -dijo- de las ventajas que nos brinda de poder satisfacer las más diversas necesidades psicológicas: la necesidad de hacer dinero, de mostrarse útil o la necesidad de formar una gran familia con la otra gente?. Muchas veces la ilusión de regresar a casa, la nostalgia forjada en la distancia, se convierten en una desilusión una vez realizado el regreso.

Tú o tu país ha cambiado, o ambos, y te sientes extranjero en tu propio país por su actual ambiente. Los reencuentros no resultan y se convierten en desencuentros. A veces es el desencuentro con el amor de su juventud, a veces ese encuentro falla por la muerte de los que habían sido los seres amados, a los que ya no se vuelve. Es el precio que se paga por haber permanecido fuera de la casa paterna. Y así el retorno se convierte en algo completamente intrascendente, y la ilusión forjada en la distancia en algo como un desencanto posterior.

Los cambios que invitan al regreso son nuestros infiernos o nuestros paraísos. Todo es accidental, lo aparentemente más sustancial se convierte en paja, en humo. El humo se disuelve, y las cosas se vuelven diáfanas.

Nuestra vida reflexiva, nuestros recuerdos y nuestros olvidos se amalgaman, forman un todo misterioso bajo una especie de ?microscopio?, bajo cuya poderosa lente se agitan, como bacterias, los motivos últimos de nuestro proceder. Motivos que mueven las acciones humanas, que explican los rechazos y las querencias, colectivos e intelectuales, sobre las que discurre la existencia, de los que sabemos poco, si es que algo sabemos.

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