Gotas
En los ojos:
Antes de ponerle las gotas, se limpian los ojos del niño con dos gasas humedecidas con suero fisiolófico, una para cada ojo, para impedir que la infección pase de uno a otro.
Se debe ser precisos. Se orienta la cabecita del niño hacia arriba y, sujetándosela, se deja caer la gota (al evitar tocar el párpado o la pestaña con el dosificador para que no se produzcan infecciones) en el párpado inferior.
Si el niño no quiere abrir los ojos, se puede mantener el párpado superior abierto con el pulgar de la mano que sujeta la cabeza mientras le ponemos la medicina con la otra. Hay que asegurarse de que ha entrado.
Si el niño se empeña en cerrar los ojos con fuerza, hay un truco que recomiendan algunos pediatras: aplicar la gota en el lagrimal y sujetarle la cabecita para que la medicina entre en el ojo cuando lo abra, pero es más difícil controlar la dosis.
En el oído
Primero se coloca al niño de lado. Se tira de la oreja ligeramente hacia atrás y se echa el número exacto de gotas aconsejado.
Se intenta entretener al niño en esa postura hasta que estemos seguros de que las gotas han entrado en el oído.
Un buen truco para que no se sobresalte al sentir cómo las gotas caen en su oído es calentar antes el frasco frotándolo con nuestras manos. El líquido caliente se nota menos.
Jarabe
Si se va a dar el jarabe con jeringuilla al hijo, se puede tomarlo en brazos como si se fuera a darle el biberón. Entonces, se inclina su cabecita hacia el pecho y se le mete la punta de la jeringuilla a un lado de la boca.
Al mismo tiempo, se puede mecerlo, como cuando era más chiquito.
Si se usa la cuchara, no olvidar sujetar la mano libre del niño. Después, se baja ligeramente su barbilla, se introduce suavemente la cuchara sobre el labio inferior y se vuelca poco a poco el jarabe.
Supositorios
Cada vez se recetan menos, ya que según los especialistas la medicina se reabsorbe mejor oralmente y, además, no irrita el recto del niño. No obstante, hay casos en los que el supositorio puede ser la mejor opción (por ejemplo, cuando el niño se niega en redondo a beberse el jarabe o a tomarse la pastilla).
¿Cómo administrarlos?
Para facilitar su aplicación, se puede impregnar el supositorio con algún lubricante como vaselina o aceite de oliva. Entrará con más facilidad y le resultará menos molesto.
Pomada
Se utilizan a menudo para tratar los problemas cutáneos y su poder curativo es indudable, pero hay que tener cuidado con ellas. La piel de un niño de esta edad es mucho más delicada que la de un adulto. Y algunas pomadas contienen, por ejemplo, antibióticos o corticoides de diferentes potencias (de débil a muy alta). Por ello, es el pediatra o el dermatólogo, quienes deben decidir cuál es el producto más adecuado y en qué dosis.
¿Cómo administrarla?
En las farmacias sabrán aconsejarnos sobre las llamadas pomadas preventivas. Suelen ser pastas al agua, muy suaves, que se puede usar normalmente salvo contraindicación del médico. Pero tengamos cuidado con las heridas y arañazos. Su contacto con una pomada podría generar alguna alergia en la delicada piel del bebé.
Si la aplicamos sobre la cara evitemos el contacto con las mucosas, los ojos y la boca.
Pastillas
Las pastillas infantiles cada vez se utilizan menos, en beneficio de las medicinas líquidas, cuya administración en niños pequeños suele ser más sencilla. Ojo con dejarlas a su alcance, pueden confundirlas con caramelos.
¿Cómo administrarlas?
Conviene machacarlas en una cuchara y mezclarlas con unas gotas de agua. Será mejor que echárselas en el biberón: si no lo termina nunca sabremos con seguridad si ha asimilado toda la dosis. Además, corremos el riesgo de que termine asociando el biberón con el sabor a medicina de la pastilla, y acabe aborreciendo la leche.