Un año después, puedo confirmar que cada una de estas personas tenía un poco de razón. Únicamente fallaron en lo de la pasta de dientes, pues en nuestro caso se trató del papel higiénico.
Esto no lo digo con el fin de desaminar, sino al contrario: el primer año de matrimonio es una etapa preciosa que conlleva retos. Aunque pueden surgir momentos complicados, si tú y tu pareja tienen mucho amor y empeño en trabajar juntos para salir adelante, las recompensas son de indescriptible e inmensa felicidad.
Cuando se acaba la luna de miel
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, en el 2011 se casaron más de 78 mil personas en Guatemala, una tendencia que ha aumentado en los últimos años. “Aún se confía en el matrimonio como una institución básica. La mayoría lo ve como algo que debe complementarse en la vida, como un proyecto que se inicia. Se busca a alguien con quien se tenga afinidad en cuanto a sentimientos, gustos y actividades que se realizan”, explica el sociólogo Juan Francisco Romero.
La verdadera vida en pareja empieza cuando acabas de regresar de la luna de miel, y, ya lejos de toda celebración, tú y tu pareja se encuentran solos bajo su primer techo juntos.
¿Qué hacer? Hay dos aspectos importantes que me han servido mucho, y que me recomendaron parejas ejemplares con varios años de casados: mantener vivo el romance, y dialogar, a lo que yo llamo: “seguir siendo novios, y no irse a dormir peleando”.
En mis primeros 12 meses de casado hubo momentos en que hice caso omiso de esta sabiduría y asumí que el romance solo era para el noviazgo; o bien, me dejé llevar por el orgullo al enojarme, y me fui a la cama sin hablarle a mi esposa. Esto rápidamente desembocó en tristeza, falta de comunicación, enojo y rencor por parte de mi media naranja.
Cuando de verdad aprendimos a hacer a un lado las discusiones sin sentido, retomar los pequeños detalles que nos gustaban cuando éramos novios, y empezamos a usar el diálogo maduro para establecer metas y ceder, todo recobró su colorido y vitalidad.
“En psicología a los primeros siete meses de una relación, cuando existe ese alboroto de química, le llamamos pasión. El verdadero amor llega después, y radica en un compromiso. Aunque nos acomodamos, tenemos que alimentar ese noviazgo; hay que recordar que siguen siendo novios”, explica la psicóloga Andrea Musso.
Si bien es cierto que cada pareja es diferente y vivirá experiencias distintas, hay algo inamovible: independientemente de creencias, estatus social o nacionalidad: la relación de dos personas es una decisión diaria. El querer amarse es bonito, poético, y todo lo que quieras, pero tiene un gran componente práctico y lógico, que consiste en estar consciente, cada 24 horas, de que vas a dar lo mejor de ti a la otra persona. Es estar mentalmente dispuesto a vivir catástrofes, caídas, imprevistos y tristezas, pero también glorias, logros, alegrías y viajes, sabiendo que las pasarás junto a la persona de tu vida.