Salud y Familia
¿Y si hoy el regalo es para usted? Experimente el placer de tener un detalle consigo mismo, sin culpa
Regalar algo a quienes se estima genera satisfacción, pero también es importante aprender a tener detalles con uno mismo, sin sentir culpa. Expertas explican por qué y cómo hacerlo.
Regalarse algo a sí mismo es una muestra de autocuidado y amor propio. (Foto Prensa Libre: Freepik)
Cualquier motivo puede ser una excusa para tener detalles con los demás, especialmente con quienes se estima: un cumpleaños, un aniversario o el simple deseo de expresar cariño pueden llevar a obsequiar un regalo.
Pero ¿usted se da regalos alguna vez? Probablemente dudó en responder o lo hizo con un simple “no”. Según la psicóloga Alejandra Altán, esto se debe a que desde pequeños se nos enseña a tener buenas acciones con los demás, a ser serviciales, a estar disponibles y a poner las necesidades ajenas por encima de las propias.
“Comentarios como ‘hay otros gastos antes’, ‘mejor ahorro ese dinero’, ‘no es necesario, lo que tengo me sirve todavía’, ‘hay cosas más importantes en las que puedo gastar ese dinero’, en algunos casos son comprensibles, como parte de la responsabilidad financiera, pero cuando esto es constante y una prohibición permanente terminamos siendo egoístas con nosotros mismos”, asegura Altán.
Aunque no se esté acostumbrado a darse un detalle a sí mismo, vale la pena comenzar a hacerlo, pues permite recordar que usted también es una de las personas de las que debe hacerse responsable.
“Cuando el autocuidado es constante y realista, puede ayudarnos a reconocer mejor nuestras necesidades, regular el estrés y prevenir el agotamiento. También favorece una relación más amable con nosotros mismos y puede fortalecer la capacidad de poner límites, pedir ayuda y tomar decisiones acordes con nuestros valores”, explica Nancy Gálvez, psicóloga de Psicosalud NG.
Tampoco necesita un motivo “especial” para regalarse algo. Las profesionales coinciden en que no se trata de un “merecimiento condicionado”, sino de que ese detalle permite verse, valorarse, atenderse y reconocer que las necesidades propias también son importantes.
“Nuestro valor no depende únicamente de lo que producimos ni de cuánto soportamos. Podemos celebrar avances pequeños, descansar sin llegar al agotamiento y disfrutar algo simplemente porque nos hace bien. No necesitamos tocar fondo para atendernos”, asegura Gálvez.

Darse sin culpas
Cuando se deja de tener esas atenciones con los demás y se comienza a prestar atención a uno mismo, puede surgir un sentimiento de culpa.
Gálvez refiere que esa culpa puede surgir de creencias aprendidas como “primero están los demás”, “debo esforzarme para merecer algo” o “gastar en mí es irresponsable”. Esto ocurre especialmente si hay preocupación económica, lo cual es comprensible, pero, según la experta, no debería ser motivo para dejarse en último lugar.
“La clave es diferenciar una decisión financiera consciente de la idea de que nuestras necesidades o deseos no merecen espacio. Darnos un gusto razonable, dentro de nuestras posibilidades, no nos vuelve egoístas. Podemos cuidar el presupuesto y al mismo tiempo, reservar un lugar para nuestro bienestar”, asegura.
Altán, por su parte, considera que planificar esos momentos de autocuidado permite disfrutarlos sin culpa y sin pensar que representan un “gasto innecesario”.
“Poder encontrar el equilibrio sin culpas, sin sentir la presión de no estar haciendo lo correcto, definir tiempo, espacios y una cantidad para invertir en nosotros mismos. Si el presupuesto no lo permite, empezar por cosas gratuitas, como una tarde cultural, paseos en un centro comercial o leer un libro”, recomienda.
Las expertas brindan una serie de ideas para regalarse momentos de bienestar. La mayoría no requiere mucho dinero y puede ayudarle a sentirse bien, pues dedicarse tiempo también es un regalo.
- Tomar un café u otra bebida que le guste, con calma y sin hacer otras tareas al mismo tiempo
- Escuchar sus canciones favoritas
- Darse una ducha relajante y consciente
- Descansar sin pantallas
- Dedicar tiempo a una actividad que le guste, como leer, escribir, bailar, caminar o practicar algún deporte
- Aprender algo nuevo
- Prepararse un desayuno o una merienda agradable
- Acostarse un poco más temprano
- Ver una película o una serie favorita, sin presiones
- Compartir con un ser querido
- Reunirse con sus amigos

Desde el “merecimiento”
Altán advierte que muchas veces se interioriza la idea de que las cosas buenas deben ganarse mediante el esfuerzo, la productividad o el sacrificio. Esto hace pensar que “descansar parece aceptable únicamente después de terminar todas las tareas, comprar algo bonito parece justificable solo después de alcanzar una meta, o disfrutar de un día tranquilo parece un privilegio que debemos merecer”.
“Esta forma de pensar puede relacionarse con el perfeccionismo, la autoexigencia y la autoestima condicionada: ‘Valgo por lo que hago, no simplemente por quién soy’”, agrega.
Gálvez recuerda que “nuestro valor no depende únicamente de lo que producimos ni de cuánto soportamos. Podemos celebrar avances pequeños, descansar sin llegar al agotamiento y disfrutar algo simplemente porque nos hace bien. No necesitamos tocar fondo para atendernos”.
Por eso, es necesario reorientar esos pensamientos y recordar que ese “autorregalo” no necesita justificación, pues usted merece recibirlo.
Para aprender a priorizarse, Gálvez recomienda comenzar con pasos pequeños y sostenibles:
- Identificar la frase crítica que aparece, como “no debería gastar en mí”, y preguntarse si se la diría con la misma dureza a alguien a quien quiere
- Practicar un diálogo interno más equilibrado: “Puedo ser responsable y también atender mis necesidades”
- Reservar tiempo y una cantidad realista de dinero para actividades que le nutran, sin comprometer las obligaciones básicas
- Entrenarse para poner límites a los demás o pedir ayuda cuando sea necesario
- Observar cómo se siente después, sin exigirse hacerlo perfecto
“Si la culpa es intensa, sugiero explorar su origen en terapia”, concluye.




