Curiosamente, la norma impulsada por José Mujica, el presidente del pequeño país con poco más de tres millones de habitantes, aterra a algunos sectores de Brasil, con 200 millones. También ha dejado estupefacta a Argentina, ha asustado a Paraguay y causado escepticismo en México, cuya sangrienta guerra contra el narcotráfico ha dejado unos 70 mil muertos desde 2006.
“Muchas ciudades fronterizas de Brasil (con Uruguay) pueden ser una puerta de entrada de marihuana, especialmente (el estado) de Rio Grande do Sul“, advirtió el diputado brasileño Osmar Terra (PMDB, aliado del gobierno).
Después de Estados Unidos, Brasil es el segundo consumidor mundial de cocaína y crack, abastecida por importantes productores de coca como Perú y Colombia.
Y aunque el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) defiende la legalización de la marihuana tras su salida del poder, el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff ha enfrentado el alza del consumo de drogas con una mayor represión del tráfico en las fronteras.