Estratégica ciudad-fortaleza medieval; capital del valle del Ródano (Cotes du Rhone, por su nombre en francés); corazón de la Provincia; sede del papado durante el siglo XIV, con un papel relevante al momento del Cisma de Occidente; centro de una intensa vida cultural; y, muy en particular para el mundo del arte, lugar de encuentro del teatro internacional, a través del festival que lleva el nombre de la ciudad.
Fundado en 1947 por el actor y director Jean Vilar, el Festival de Avignon llegó a transformar a la ciudad en un punto obligado de referencia para teatristas de todo el planeta y -desde hace treinta y cinco años- también en sitio para el despliegue de otras artes, como el cine, la danza y la música actuales.
Es de esa manera que, felizmente congruentes en sus propósitos artísticos, durante el pasado mes de julio han coincidido con el célebre festival, diversas instituciones y agencias culturales involucradas en la puesta en marcha del vigésimo-octavo Encuentro de Verano de la Chartreuse (llamado así porque se lleva a cabo en el antiguo y vasto monasterio de la orden de los cartujos), y en la realización de los conciertos y talleres de composición, dirección e interpretación coordinados por el Centre Acanthes, entre la pléyade de otros acontecimientos.
Este año, el verano aviñonis ha contado no sólo con centenares de representaciones teatrales por semana (literalmente docenas de obras de teatro de dónde escoger, cada día, a cualquier hora, entre las diez de la mañana y la medianoche…), sino con la intervención de artistas de la música tales como el cuarteto de cuerdas Arditti, el pianista Florent Boffard, el Ensamble UMZE de Budapest y el director de orquesta Sylvio Gualda.
Para completar este elenco, ya de por sí portador de reconocimiento, los asistentes a los cursos de estudio disfrutaron de la presencia de dos maestros compositores, ambos de origen húngaro, Zoltán Jeney y Peter Eötvös.
El primero, en su calidad de director del taller de composición musical, y el segundo, como el personaje notable alrededor de quien giró la organización de los recitales y eventos, han buscado orientar y motivar el trabajo de un grupo integrado por unos doce compositores jóvenes provenientes de distintas latitudes. Su labor encadena con otras grandes figuras invitadas en años anteriores, como Stockhausen, Ligeti, George Benjamin y el muy recientemente fallecido Iannis Xenakis.
Albergando las resonancias musicales de nuestros tiempos, de pronto la pretérita Cartuja se convierte, de tal suerte, en el espacio para la fascinante experiencia de escuchar, en un edificio fundado hace más de seiscientos años, obras que tienen -algunas de ellas- apenas seis meses de haber sido compuestas…