Creo que ha sido en el año 1964 cuando coincidí en Madrid con Alejandro Casona. Este maestro del teatro español contemporáneo estrenaba en Madrid sus comedias de mayor éxito, muchos años más tarde que en América, continente al que había regalado 20 años de su vida. A Casona le gustaba mucho pasear por la calle. Ibamos con un amigo suyo a pie.
Era un creador incansable y vivía a fines de la Castellana, en las estribaciones del estadio Bernabeu. Su piso era espacioso y su conversación muy agradable y poética.
Dijo: ?Creo que todos debemos peregrinar a América. He vivido en México, Argentina, Puerto Rico, Cuba y Colombia. América me ha dado una segunda patria, y yo le he dado mis comedias y películas?.
La comedia de Casona de mayor éxito en Madrid ha sido ?Los árboles mueren de pie?, y su obra favorita fue ?La dama del alba?, muy ligada a su infancia y su tierra.
En Madrid asistí al estreno de ?La sirena varada?. En esa época Casona nos hablaba mucho de la ?Tercera palabra?. Decía: ?un retraso de diez años, por ejemplo, no puede envejecer a una obra teatral que lleve dentro algunos valores permanentes. Sólo lo muy ceñido a la actualidad puede quedar, con el paso del tiempo, en antigualla ridícula?.
Casona triunfaba ampliamente con su teatro en España, donde la mayoría de las obras eran entonces traducciones exóticas del inglés. Tras los éxitos de ?La barca sin pescador? tocada de mucha poesía, asistí a varios ensayos de sus obras, en los que Casona comunicaba su amable energía a los actores quienes trabajaban a su lado.
Su obra más ambiciosa, que escribía entonces, era un visión de la vida de Quevedo. ?El caballero de las espuelas de oro?. Nunca he logrado verla. Esta obra consistía en actualizar la historia a la manera de Bertold Brecht y de otros muchos.
El veterano autor presentó a Quevedo juvenil en ella, luego seguía la vida y la figura de Quevedo tan cuajada de textura dramática. En la última parte de la obra, Quevedo ya declinante se enamora de una adolescente, unida a él por un afecto puro.
Sentía mucha admiración por Beckett y curiosidad por el teatro del absurdo de Ionesco.
Consideraba que todos ellos provienen de Kafka. ?Son una angustia, una espiral, una serpiente, que gira y gira sobre sí misma. Pero Beckett, sin duda, es el mejor?.
Era apasionante hablar con Casona del teatro que tanto conocía. Le he preguntado muchas cosas en poco tiempo que ya no recuerdo, mientras caminábamos de regreso del viejo teatro Lara, donde se exhibía una de sus obras, caminábamos a pie, con ese amigo y crítico suyo que se limitaba a escuchar.