Vida

Vida breve: La esposa española de Bolívar

Don Bernardo Rodríguez de Toro abandonó un día su hogar de las Islas Canarias para emigrar a América. Marchó a Caracas, donde creó uno de los linajes más ilustres e hidalgos del Nuevo Continente.

El rey Felipe V otorgó a este benemérito isleño título de nobleza como premio y recompensa a la desinteresada protección que dispensaba a cuantos españoles llegaban desamparados y sin recursos económicos a Venezuela. La casa de los marqueses de Toro adquiere prestigio eminentemente hispánico y a ella acuden confiados, como a un seguro puerto de refugio, los españoles que cruzan el Atlántico, atraídos por un país exótico y generoso.

María Teresa, la hija de los marqueses conoció en Madrid al subteniente Bolívar, cuya estancia en la corte obedecía al propósito de realizar estudios bajo la sabia dirección del marqués de Ustariz, quien orientó al joven americano en su formación espiritual y le sirvió de mentor y consejero en todos sus problemas.

El futuro caudillo vivió en las calles de Jardines Príncipe y Atocha. En este último domicilio habitaba cuando conoció a la que pronto iba a ser su esposa. María Teresa Rodríguez de Toro no fue una mujer extraordinariamente hermosa, pero de los rasgos de su carácter trascendía algo tan delicado, “intensamente penetrado de amable sencillez”, que se grabó para siempre en el corazón de Bolívar: “Quise mucho a mi mujer -escribió un día con sincera emoción- y a su muerte juré no volver a casarme. He cumplido mi palabra”.

El 26 de mayo de 1802 se celebró la ceremonia nupcial en la parroquia madrileña de San José, antigua iglesia de los Flamencos, con la distinción y el buen tono que correspondía al ilustre linaje de los contrayentes. Diecinueve años tenía Bolívar y veintiuno escasos su mujer cuando se unieron en matrimonio. Poco tiempo después partían para Venezuela con el propósito de vivir privadamente en sus posesiones de San Mateo.

Muere María Teresa poco tiempo después de la llegada del matrimonio a América. Sólo diez meses estuvieron casados y este final, súbito y doloroso, que cortó en flor la vida de su esposa, arrastró a Bolívar por arrebatados y turbulentos caminos. En su mente ya había prendido el afán de luchar por la independencia de su país. “Sin la muerte de mi mujer -escribe en cierta ocasión- mi vida hubiera sido otra… No hubiese hecho mi segundo viaje a Europa, y es de creer que en Caracas o en San Mateo no me habrían nacido las ideas que adquirí en mis viajes… Mi cabeza sólo estaba llena de los ensueños del más violento y tierno amor, y no de ideas políticas, porque estas todavía no habían golpeado mi imaginación”.

Muerta su mujer y desolado por aquella pérdida, volvió a España, donde quiso rememorar la época de su feliz estancia en Madrid. “De no haber muerto Teresa en plena juventud -apunta un reciente biógrafo de Bolívar- éste hubiera podido recobrar el contacto con su ser más hondo, restablecer el libre fluir de sus esencias y tradiciones ancestrales por los claros canales de la mente, y lograr la síntesis de cerebro y corazón que ya iba faltarle el resto de sus días y vivir, desde luego, vida de prohombre… pero en una América hispana quizá no desgarrada por la guerra civil”. Lejanos quedaron los días en que Bolívar visitaba a su prometida en el número 2 de la calle de Fuencarral, al otro lado de la puerta del Sol, airosamente embozado en su capa española o vistiendo el uniforme azul de subteniente. De Madrid pasó a Francia y de Francia a Italia.

En el monte Aventino juró solemnemente el futuro caudillo dedicar todos sus afanes a la independencia de su país.

En un antiguo inmueble de la madrileña Calle de Fuencarral existe una hermosa lápida con la siguiente inscripción: “En este lugar estuvo situada la casa que habitó doña María Teresa Rodríguez de Toro, esposa que fue de Simón Bolívar, genio de la raza”. Y en la villa de Teror, de Gran Canarias, se inauguró no hace muchos años, una plaza recoleta y sencilla en homenaje a esta ilustre dama, de estirpe isleña, cuyo malogrado matrimonio influyó en los acontecimientos históricos de Sudamérica.

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