Vida

Vida breve: Desde un mundo deshumanizado

Estoy conmigo misma. La única visitante, es mejor escribir que hablar sola. La escritura es una práctica muy privada, muy solitaria.

Empecé a recordar cosas, con esto se me va el tiempo, el tiempo que devuelve las horas pasada en esta sala lo es todo. Permanecer en la zona 2 es algo así como en ?exilio privado? desde que existe el periférico y el centro se ha convertido en una zona tenebrosa.

A veces para animarme miro la televisión. Generalmente son películas de crímenes, violaciones, atracos a bancos, secuestros y cacerías de delincuentes por policías igual de brutos. Estos programas inspiran a los malhechores y les enseñan nuevas técnicas o mañas. La televisión forma emocionalmente, imaginariamente y mentalmente a los jóvenes que se acostumbran a este deshumanismo, a rostros marcados por el odio, a torturas y el vergonzante frenesí sexual.

Un estruendo rompe con la armonía de la soledad de mi casa. Es la musicalización de unos anuncios comerciales. Sigue un filme con los pasos extraviados de unos delincuentes patológicos. Ferocidad y barbarie. ¿Cómo se explica la fascinación ejercida por tales películas sobre los hijos de las familias católicas, apostólicas y romanas o coinciden a tal punto las huellas de los genes de los monos con los nuestros?

Hojeando desconsolada una pila de libros ninguna de las nuevas novelas disipó las brumas de mi ánimo. Todo gira en torno al caos, a la crisis, al drama. El narrador dando testimonio de su arruinado mundo interior o del mundo en general que se deshumaniza.

Las pesadillas de la historia, la desfamiliarización y sus fatales efectos sociales. También de la literatura ha desaparecido todo el romanticismo o lirismo. Literatura negra con una lengua bajísima, antiliteraria: el descontento laboral, la inflación, la crisis económica. Lo pasmoso es pensar ¿qué mundo futuro les tocará a nuestros hijos?

Las ciudades han cambiado y están cambiando hasta resultar irreconocibles. ¿Dónde quedan los poéticos rincones urbanos? ¿Qué queda de la poesía de los jardines? Las charlas eran diferentes ahora son relatos de pavor. Las conversaciones en las cenas incluían chistes y alegría, ahora todos miran su reloj y se preguntan si llegarán vivos a sus casas. En el centro la ciudad parece ausente, salvo en las esquinas con carencia de decoro y jovencitos de identidad sexual indecisa con vestimentas de señoras. En la ?zona viva…? muertos. Periódicos en los que todo gira en torno al caos, a la crisis, al drama. Talvez siempre ha ocurrido lo mismo, pero no hubo tantos periódicos.

Es más seguro vivir en un rascacielos aunque hace más chica la dimensión del hombre. Adiós a los jardines rodeados de árboles en los barrios suburbanos. Todo desalienta al ser humano. No hay ambiente atrayente, estimulante, animado en las calles para evadirse durante un paseo de la monotonía del trabajo o de la vida doméstica. La ?Sexta? de Guatemala era hace unos 30 años algo así como un club al aire libre. Un lugar de encuentros con conocidos o de mirar pasar desde los autos aparcados a los desconocidos, personas bien vestidas y bien educadas. Hoy ?la Sexta? sigue bullente de vendedores callejeros, de autos ?choferizados? a través de vidrios oscuros y de ladrones.

La falsa alegría de los rótulos o anuncios chillones y la contaminación atmosférica. Autopistas con un tránsito caótico, desconsiderado y los consiguientes accidentes. La falsa alegría en las discotecas de una juventud medio drogada medio alcoholizada y una terrible contaminación sonora del rock. Restaurantes donde se obliga a la gente a hablar a gritos, lo que dificulta el diálogo. Juventudes que se agregan alrededor de los supermercados abiertos las 24 horas.

La ciudad se volvió irreconocible y las novelas policiales parecen ?bucólicas? comparadas con la realidad. En la televisión hoy sólo se mira el fútbol de Antigua. En el ?canal? hay ejércitos enfrentados. Me digo que el que ha estado en la guerra no querrá volver a verla y el que vive en constante miedo de asaltos no quiere ver películas de secuestros y violaciones y hacen pensar en las presiones sociales, culturales e ideológicas que integran la cultura de masas: la inflación, el descontento laboral y el descontento de los que laboran de mala gana y producen a sus patrones serios dolores de cabeza y hasta úlceras.

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