Economía

Economía de Guatemala 2016-2020

Por primera vez estando tan cerca la toma de posesión, no se conocen los nombres de los ministros de Estado, dejándolos como una sorpresa el 14 a las 14, popular frase que se utiliza para señalar el día y la hora de la toma de posesión del presidente electo.

Por José Molina Calderón

Ha habido muchos comentarios respecto a que no se conocen los nombres de los ministros entrantes ni el plan de gobierno.

El caso más cercano fue el del presidente Jorge Serrano, electo para el período 1991-1996. Por motivo que la segunda vuelta electoral fue tardía, en los últimos días todavía se estaba integrando el gabinete.

Respecto al plan de gobierno, he tenido la oportunidad de estudiar y publicar en esta columna la política económica de cada uno de los presidentes o jefes de Estado desde 1821 en adelante, casi 200 años. Solamente encontré un inicio de período presidencial que tenía un plan de gobierno completo, profesional, con el presidente Carlos Arana Osorio, para el período 1970-1974.

Todo iba muy bien, hasta que estalló el aumento en los precios del petróleo, promovido por los países exportadores de petróleo, OPEP, lo que ocasionó no solamente el aumento en los costos de la gasolina, diésel y productos relacionados, generando un aumento en los costos en el mundo entero, incluido Guatemala.

El pelo en la sopa

Los datos macroeconómicos de Guatemala, las grandes cuentas económicas, son favorables: el crecimiento de la economía, el sector externo, la situación monetaria y financiera; solo hay un pelo en la sopa: las finanzas públicas.

El déficit fiscal implica que los gastos son mayores que los ingresos en el Ministerio de Finanzas, y se ha resuelto en una escalera que se está convirtiendo en espiral ascendente a través de deuda pública. Las autoridades monetarias y fiscales suelen indicar que el déficit fiscal es el 25% del PIB en Guatemala. El PIB significa producto interno bruto y es la medida de la economía total de Guatemala.

Además, las mismas autoridades suelen señalar que el límite de tolerancia de este indicador económico es del 40%, dando a entender que hay un margen de endeudamiento holgado. No basta más que recordar que Grecia así empezó y terminó muy mal.

Así que el desafío más serio para el nuevo gobierno, y preparar y festejar el bicentenario de la independencia el 15 de septiembre de 2021, consiste en dominar el déficit fiscal. La sugerencia clásica: reducir los gastos, aumentar los ingresos, o una combinación de ambos.

Además, está el déficit cuasifiscal, algo que entienden muy pocas personas, y que consiste en el déficit en que incurre el Banco de Guatemala para defender el tipo de cambio, dado que hemos sido un país en el que durante 90 años apenas se ha movido la mosca de la inflación, con excepción de un breve período en 1990 y 1991, al final del gobierno de Vinicio Cerezo y el inicio de Jorge Serrano.

En teoría, se cubre con un aporte anual del presupuesto de ingresos y egresos del Estado, aunque en los últimos años le han dado pellizcos y no se los han entregado. No se ha notado, porque en estos últimos años la inflación ha sido baja.

¡Pueblo de inconformes!

El nuevo gobierno sin plan económico y con la crisis fiscal por delante, puede hacer lo que hizo el presidente Jorge Ubico: ser un buen administrador.

No hay espacio en el presupuesto del Estado para nuevas iniciativas; hay demandas para aumentar el gasto en distintos sectores; las tasas de interés anuales empezarán a aumentar levemente, aumentando el costo del endeudamiento privado y público; las remesas familiares se mantienen con buenas perspectivas. El panorama no es excelente, es manejable.

Lo único es que los guatemaltecos de vez en cuando necesitamos una regañadita como la que dio en uno de sus discursos finales el presidente Arana, cuando en un mensaje televisivo empezó de esta manera: “¡Pueblo de inconformes!”