Travesía a El Mirador es una aventura inolvidable

“He tenido la oportunidad de visitar en tres ocasiones El Mirador, pero siempre lo hice vía aérea. Esta vez la travesía fue por tierra y caminé largas distancias.

Por Rigoberto Escobar / San Andrés

Rigoberto Escobar, corresponsal de Prensa Libre en Petén, captado durante la expedición hacia El Mirador. (Foto Prensa Libre: cortesía)
Rigoberto Escobar, corresponsal de Prensa Libre en Petén, captado durante la expedición hacia El Mirador. (Foto Prensa Libre: cortesía)

Viajar al sitio arqueológico El Mirador, en San Andrés, Petén, es toda una aventura, pues para eso se deben recorrer 117 kilómetros —la mayoría a pie—, esfuerzo  que tiene su recompensa cuando se hace contacto con la mística ciudad maya,  donde contemplar un atardecer en la parte alta del templo La Danta, considerado el más grande del mundo,  es algo indescriptible.

Con el tiempo este viaje ha  despertado el interés de turistas locales y extranjeros, según cuentan integrantes de la Comisión de Turismo de Carmelita —zona donde empieza el recorrido a pie— y autoridades del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat).

Al  final de cada jornada terminaba  agotado, pues  los últimos kilómetros    se  tornaban eternos, pero estoy satisfecho porque cumplí la  meta.

La caminata la efectué en compañía  de unas 40 personas, entre  personal del Inguat,  guías de turistas de la comunidad  Carmelita, arrieros y cocineras. Fueron cinco días y cuatro noches inolvidables. En el recorrido se conoce asentamientos y estructuras del período Preclásico.

La aventura incluye caminatas de seis  a ocho horas por día, comienza en la zona urbana de Carmelita, ubicada a cien kilómetros de Ciudad Flores, Petén y a 40 de  El Mirador.

En Carmelita, San Andrés, Petén,  inicia la travesía hacia el sitio arqueológico, donde los turistas pueden viajar en burros. (Foto Prensa Libre: Rigoberto Escobar)
En Carmelita, San Andrés, Petén, inicia la travesía hacia el sitio arqueológico, donde los turistas pueden viajar en burros. (Foto Prensa Libre: Rigoberto Escobar)


El primer día partimos a las 6 horas, caminamos 16 kilómetros  hasta llegar al sitio arqueológico de El Tintal, a eso  de las 14 horas. En el lugar apreciamos la pirámide Henequén, que tiene  una altura de 47 metros.

Detalles

  • El Mirador se encuentra al norte de San Andrés, a unos  140 km de Ciudad Flores.
  • Se puede llegar vía terrestre y aérea.
  • El Circuito Mirador lo conforman las ciudades Nakbé, La Florida y El Tintal.
  • Es cuatro veces más grande que Tikal y se cree que cuenta con más de cuatro mil pirámides.

Luego recorrimos dos horas más.   Hicimos varias paradas para descansar y  alimentarnos. La expedición  se hace  a través de un sendero sobre una topografía plana, lo que requiere que el turista esté preparado con calzado y vestuario adecuado y abundante agua.

El segundo día fueron 23 kilómetros. La travesía  empezó a las 6 horas desde el campamento de El Tintal, un sitio arqueológico formado por más de 850 edificios, entre ellos el Patrón Triádico, que tiene un campo para juego de pelota, la Calzada Jade y La Acrópolis. Se pasa cerca de varias trincheras y  el sitio de La Muerta, hasta llegar al crepúsculo.

El tercer día recorrimos unos ocho kilómetros en el área arqueológica de El Mirador. Visitamos la pirámide El Tigre, el Templo Garra de Jaguar, la Gran Acrópolis, el friso de los Gemelos del Popol Vuh y La Danta.



Tour opcional

El cuarto día fuimos a Nakbé, un tour opcional que representa otros 16 kilómetros desde El Mirador. El  trayecto es agotador y  al final de cada jornada dormíamos  en hamacas en medio del bosque con champas  de nailon, donde  los monos aulladores  fueron  nuestro despertador, pues    estos  anunciaban el amanecer.

El recorrido hacia el mirado se efectúan entre la selva del Reserva de la Biosfera Maya. (Infografía Prensa Libre: Esteban Arreola)
El recorrido hacia el mirado se efectúan entre la selva del Reserva de la Biosfera Maya. (Infografía Prensa Libre: Esteban Arreola)


El retorno fue similar. En Carmelita nos bañamos y comimos algo. El  viaje terminó con un abrazo y un apretón de manos con los compañeros de aventura,   sin faltar la foto de grupo que quedó guardada en el libro de historias de expediciones que tiene como registro el Comité de Turismo de Carmelita”.