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Invasión de parásitos

Jorge Jacobs

Jorge Jacobs

En una de esas grandes ironías que la vida nos presenta, una plaga de insectos parásitos ataca a su contraparte en el mundo humano: el gobierno. Hace unos días se declaró una invasión de pulgas en un área del Hospital San Juan de Dios, la que tuvo que ser cerrada, debido a “millones de pulgas”. Las pulgas son parásitos que viven a expensas de sus “portadores” y, lamentablemente, en nuestro país muchos en el gobierno son exactamente eso: parásitos que viven a expensas de quienes trabajamos. La naturaleza nos ha dado una excelente alegoría de lo que sucede a lo largo y ancho de la administración pública guatemalteca.

Siempre hago la salvedad de que el verdadero problema es el sistema benefactor-mercantilista que los estatistas usan para justificar que el gobierno realice cuanta actividad a ellos se les pueda ocurrir. Una de las actividades que los funcionarios y políticos se abrogan bajo ese esquema es el de brindar salud a la población. En Guatemala hemos visto cómo el Ministerio de Salud se ha convertido en un nido de parásitos al grado de tener más de veinte sindicatos y más de dos mil personas que están contratadas pero nunca trabajan, ya que tienen “licencia” para dedicarse a las actividades sindicales.

A eso hay que añadir casos de los que nos hemos ido enterando, como las recientes capturas en San Marcos, en donde el exdirector del área de Salud de ese departamento habría realizado contrataciones fraudulentas con sus parientes. Y así podemos seguir con miles de ejemplos que han demostrado hasta la saciedad cómo buena parte de los recursos de los tributarios se los roban, o los despilfarran o simplemente los utilizan para mantener a una burocracia en su mayoría innecesaria y además ineficiente.

Pero el caso de las pulgas sí es el pináculo de la representación del fracaso del Estado benefactor-mercantilista. ¿Cómo es posible que en una institución que se supone vela por la “salud” de la población se dé una invasión de pulgas? No digo que no se pueda colar alguna pulga o incluso algún virus en un hospital, pero de eso a una infestación al nivel que llegó en el San Juan de Dios hay un mundo de diferencia.

Para ponernos en contexto, esto no pudo suceder ni por generación espontánea ni por arte de magia, ni mucho menos de la noche a la mañana. Si bien es cierto el ciclo de vida de las pulgas es relativamente corto y su capacidad de reproducción bastante alta, aun así, para que se llegara al nivel de película de terror en la que las pulgas andan por “millones” y le saltan encima a cualquiera que se atreva a entrar a sus dominios —como lo atestiguó la representante de la PD— el proceso debió llevar semanas, si no meses.

A ello hay que añadir que, por definición, las pulgas son parásitos que viven de “chuparle” la sangre a sus víctimas, lo que nos debe llevar a la sencilla pregunta de ¿quiénes eran los portadores de tantas pulgas? Alguien del hospital quiso zafar bulto diciendo que probablemente fue alguna de las personas que visitan el centro la que las llevó. Aun si fuera así, ¿en qué portadores dentro del hospital pudieron vivir lo suficiente para reproducirse a ese nivel? Creo que la única explicación es la que algunos ya han aventurado y es que no solo está infestado de pulgas, sino también de otros animales que bien podrían ser ratas –porque dudo que el hospital esté lleno de perros y gatos-. ¿A qué nivel de insalubridad se puede llegar en un hospital para que suceda esto? ¿Qué van a hacer para solucionarlo?

Definitivamente, la invasión de pulgas es una buena metáfora de lo que ha sucedido en el Gobierno de Guatemala a lo largo de ya bastantes décadas.

Fb/jjliber