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Más destrucción
Por:
Guillermo Monsanto
Guatemala no es el único país en el que se destruyen las obras de arte, esto es algo lamentable y que algunos podrían tomar como excusa para satirizar una triste realidad.
En la historia mundial hay períodos en que culturas completas se han volcado contra la producción de los artistas por considerarla peligrosa, obsoleta, o para borrar la huella intelectual que la propició.
También han existido polos opuestos ocupados por bien y mal intencionados ejecutores. Los primeros, por lo general iconoclastas, y los segundos, que poseen distintos rangos de inconciencia -por no decir locura- que los incita a la profanación del trabajo de otros.
El resultado al final es el mismo, y quien pierde es un conglomerado que pocas veces se da cuenta de ello.
La desidia también opera con eficiencia en la desaparición de objetos de arte. En esta categoría puede caer una nación completa que, despreocupada, agobiada por sus problemas, se convierte en indolente cómplice en el desvanecimiento de su patrimonio.
En estos casos, tanto peca el que omite como el que actúa. Guatemala -es vergonzoso decirlo- cae en todas las categorías mencionadas.
Entre los registros destructivos mundiales recientes destaca el atentado que sufrió “La Piedad” del renacentista Miguel Ángel (1475-1564), en el Vaticano.
Esta invaluable escultura recibió diez martillazos el 21 de marzo de 1972. El delincuente resultó ser un biólogo australiano cuya premisa era: “No más grandes obras de arte”. La frase es parte de un movimiento conocido -aunque no por eso válido- como “terrorismo cultural”.
En Dinamarca ha sido decapitada más de una vez “La Sirenita” en bronce del escultor Edvard Eriksen (1876-1959).
El autor se inspiró para su realización en uno de los cuentos de Hans Christian Andersen. En el rostro de la pieza inmortalizó el de la bailarina danesa Ellen Price.
La estatua, que reposa a la orilla del mar sobre un conjunto de rocas desde 1913, es considerada el símbolo nacional de ese país. Tanto “La Piedad” como “La Sirenita” han sido debidamente restauradas.
La intrincada problemática de Guatemala, sumada al escaso presupuesto que siempre se le asigna al renglón educación y cultura, ha desembocado en una pobre conciencia de los conceptos conservación y restauración.
También los grandes egos que han gobernado el país han intervenido de diferentes formas para eliminar modos de pensar a través de la desaparición física de las expresiones de épocas que les precede.
Mientras que algunos monumentos se caen a pedazos por falta de mantenimiento, los nuevos son agredidos con saña. Toda esta columna trata de llamar la atención hacia las mutilaciones que sufriera el Miguel Ángel Asturias, en bronce, ubicado en la avenida de La Reforma.
Éste fue violentado aprovechando el anonimato cobarde, en una de las manifestaciones recientes. Su autor, Max Leiva, fue recientemente premiado por el Club Rotario y un banco del sistema por su excelencia en la rama.
Cómo hacer entender a una sociedad que el respeto a las ideas de los demás garantizará el crecimiento de la misma. El producto del trabajo honrado, fortalece.
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