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Guatemala, 02 de Marzo de 2003

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Nacionales

Aún prevalece discriminación y racismo
Propician diálogo sobre relaciones interétnicas
Por: Luisa Rodríguez

Foto de portada
El politólogo Alvaro Pop, es necesario respetar las diferencias étnicas y encontrar elementos comunes para una mejor convivencia.

La sociedad guatemalteca ha sido históricamente excluyente y discriminativa, y los indígenas han llevado la peor parte. Sin embargo, hoy por hoy, un grupo de académicos ha encaminado un proceso de acercamiento interétnico que permita dejar atrás ese lastre, para lograr iniciar un diálogo que siempre se ha postergado.

“No seás indio”, o “parecés india”, son frases que se repiten con frecuencia en la sociedad guatemalteca.

A pesar de que la mayoría de la población es o tiene ascendencia indígena, expresiones como las anteriores muestran la forma “enraizada de discriminación” que por siglos hemos heredado, señalan expertos en el tema.

Más de cinco siglos

Dicha herencia ha prevalecido por más de 500 años, porque desde la Conquista hasta nuestros días la estructura política y económica ha excluido a los pueblos indígenas.

Según la investigación condensada en el libro Etnicidad, Estado y Nación en Guatemala, 1808-1944, las políticas de Estado siempre han sido elaboradas por las elites o criollos, sin permitir que los indígenas participen.

El texto fue escrito por Arturo Taracena Arriola, con la colaboración de Gisela Gellert, Enrique Gordillo, Tania Sagastume y Knut Walter.

Como ejemplo, los investigadores señalan el proyecto de Nación que surgió de la independencia de 1821, elaborado con base en las ideas del patriotismo criollo, acerca de que era necesario asimilar tanto a indígenas como a ladinos.

Exigieron a los indígenas y a los ladinos que hablaran castellano, cambiaran su vestidura, consumieran productos occidentales y profesaran la religión católica.

Sólo si se ajustaban a dichas normas los indígenas podían optar a la adquisición plena de la ciudadanía y tener responsabilidades ciudadanas, pero, en el fondo, eso significaba la pérdida de identidad étnica y cultural. 

Mano de obra forzada

El surgimiento de la producción de café ocasionó la segregación de los indígenas, quienes fueron convertidos en mano de obra forzada, lo cual se agravó con la disputa por la tierra.

Con el tiempo, los criollos ampliaron sus alianzas con la elite ladina o la clase media, fortaleciendo de esta manera al sector “no indígena” del país.

Según la investigación, los indígenas, como trabajadores agrícolas forzados, tenían limitado el acceso a la educación, por lo que tampoco obtenían el derecho pleno de ciudadanía, menos aún eran vistos como constructores de la identidad nacional guatemalteca.

Estos cambios sociales provocaron que los indígenas quedaran excluidos y que las relaciones fueran más tensas. Con el paso de los años, los patrones se han seguido repitiendo.

También en este siglo

En el texto Las relaciones étnicas en Guatemala, 1944-2000, que contiene las investigaciones efectuadas por Richard Adams y Santiago Bastos, se señala que pese a que durante el siglo pasado hubo mayor participación de los indígenas en varios campos, continuaron las posturas racistas y excluyentes.

Se menciona el sistema educativo del país, en el cual prevalece la instrucción en español y han sido pocos los avances en la de educación bilingüe.

A pesar de los avances, aún persiste el prejuicio de ver al indígena como analfabeta, monolingüe e incivilizado. 

Los investigadores también indican que en hechos históricos recientes, como el terremoto de 1976, el Gobierno mostró limitaciones para satisfacer las necesidades de los más pobres, incluidos los grupos indígenas.

Y a principios de los años 1980, con el conflicto armado interno, se desencadenó una violencia estatal contra toda la población, pero concentrada en los indígenas, pues de esta manera se buscaba destruir la base social insurgente.

En el fondo, se asumía como política el prejuicio que alimentaba el temor de una venganza étnica.

Los expertos aseguran que inicialmente esta violencia desaceleró los procesos de cambio, modificó la estructura de poder y desestructuró las economías locales de una buena parte de las comunidades indígenas.

De esta forma, las estructuras políticas y económicas excluyentes han permeado a la población, provocando que las relaciones interétnicas sean complicadas y la búsqueda de soluciones se postergue.

No ha existido diálogo

Expertos en el tema coinciden que la discusión sobre esta problemática nacional se ha postergado principalmente por quienes están interesados en mantener la discriminación hacia los indígenas.

Por ello, la publicación de los dos textos citados forma parte de la campaña “Por qué estamos como estamos”, cuyo objetivo es unir a la población con los académicos para hablar sobre un problema tan cotidiano, pero que pasa inadvertido entre los guatemaltecos.

Un hecho que ilustra este fenómeno fue cuando a Irma Alicia Velásquez Nimatuj le negaron el ingreso al restaurante Tarro Dorado, el año pasado, por vestir su indumentaria maya. Casos como este muestran el nivel de discriminación que prevalece en el país.

Al respecto, Velásquez, con una maestría en Antropología Social por la Universidad de Texas, EE.UU., afirma que “el diálogo sobre las relaciones interétnicas aún no ha empezado, pues han prevalecido actitudes de discriminación y exclusión”.

Para la profesional, la historia del país muestra cómo se ha excluido a los indígenas y la manera en que las elites económicas y políticas han acallado las voces que buscan el reconocimiento de los derechos de los indígenas.

Tema vigente

Cristel Ruiz, directora del Instituto de Estudios Interétnicos, lamentó que las relaciones entre los grupos étnicos se base en las diferencias y no en las similitudes.

“Debemos poner en primer plano este tema que se ha relegado, porque implica ceder espacios y reconocer derechos”, agregó.

Gonzalo de Villa, rector de la Universidad Rafael Landívar, y Marco Antonio de Paz, director del Consejo Nacional de Educación, señalaron que es imprescindible mejorar este aspecto, para evitar que las historias de exclusión y discriminación sigan siendo algo común entre los guatemaltecos.

Campaña: ¿Por qué estamos cómo estamos?

Es el nombre de la campaña que impulsa el Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, Cirma, con el propósito de que la sociedad guatemalteca reflexione acerca de las relaciones interétnicas.

La campaña, iniciada la semana pasada con la presencia de la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y Roberto Stavenhagen, relator de Naciones Unidas para los Pueblos Indígenas, se basará en las investigaciones de Arturo Taracena, Richard Adams y Santiago Bastos, así como de otros investigadores. Además, impulsará una exposición itinerante que recorrerá el país durante tres años, con diálogos con escolares, universitarios y otros sectores sociales.

“Urge encontrar puntos comunes”

La guatemalteca es una sociedad fragmentada, donde prevalece la intolerancia. Por ello, afirma el politólogo Alvaro Pop, es necesario respetar las diferencias étnicas y encontrar elementos comunes para una mejor convivencia. Pop, maya-keqchí y analista del Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, Cirma, dirige una campaña a favor del diálogo interétnico.

¿Por qué hablar sobre las relaciones interétnicas?

Tenemos muy poca información sobre quiénes somos. Nos hace falta conocernos como sociedad.

No hemos podido dialogar en la diferencia, porque prevalece la intolerancia y nos apoderamos de ideas que no permiten escuchar lo que cada uno cree, siente y piensa.

¿Por qué nace el deseo de hacer la campaña? ¿“Por qué estamos como estamos”?

Desde hace cuatro años se hizo un diagnóstico y se trabajaron dos consultas nacionales para saber qué pensaban representantes de la sociedad. La conclusión fue que era necesario dialogar.

¿Por qué buscar el diálogo en lugar de otros mecanismos?

En el país se facilita el autoritarismo y no hay una cultura de diálogo. Los guatemaltecos somos diversos, hay ladinos e indígenas, hay población que no se siente ladina y no es maya. Entre los mayas también hay diferencias.

El desafío es reconocernos como sociedad, con nuestras diferencias, elementos en común y hacer un planteamiento colectivo que beneficie a toda la población.

¿Por qué basarse en una investigación académica?

Es un insumo más para conocer cuáles son las enfermedades de nuestra sociedad. Utilizar investigaciones y producciones bibliográficas nos ayudará a encontrar todas las verdades sobre el tema.

En el pasado ya se ha intentado iniciar el diálogo, ¿qué ha sucedido?

Hay sectores y pueblos que sienten que nunca habido un diálogo porque nunca se han logrado avances concretos y profundos.

Las iniciativas se han quedado en ideas y no en políticas públicas, porque nunca hemos logrado sentirnos cómodos con algo que hayamos construido nosotros mismos.

¿Qué daño ha causado a la sociedad no haber iniciado este diálogo?

Mucho daño, porque prevalece un fenómeno de discriminación que todos tratamos de ignorar. Existe desigualdad entre las relaciones porque hay estereotipos que nos dañan. Las relaciones interétnicas permean todo lo que hacemos.

No tenemos un Estado fuerte, sólido y autónomo del poder militar y económico. Tenemos una sociedad que no se ve reflejada como un colectivo con sueños comunes. A pesar de que somos un país pequeño, estamos profundamente divididos. Y eso repercute en carencias básicas que hacen una sociedad más intolerante.

¿Qué temores tienen al lanzar esta campaña?

Esperamos que no prevalezcan la intolerancia y la incomprensión. Es un tema muy difícil, que puede tener muchas salidas, por lo que esperamos que impere el diálogo y una visión pluralista.

 

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