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Comercio Libre: De impuestos y acuerdos
Por:
Reny M. Bake
Leyendo las noticias de prensa de los últimos días, el tema de moda es el déficit fiscal y los impuestos. Lo simpático del asunto es que si uno revisa los periódicos de hace 4 u 8 años, es casi el mismo esquema, se resume en: “no hay dinero y estamos con déficit”. ¿Algún día los chapines aprenderán a planear a largo plazo?
Por ejemplo, les cuento que los tratados de libre comercio no son los únicos “instrumentos” mágicos si esperan atraer inversión (la misma viene cuando hay seguridad y clima amigable a los negocios) y que se podría comenzar a pensar en negociar acuerdos de doble tributación, como complemento a los mismos.
Un ejemplo de planificación a largo plazo en política comercial externa y fiscal es Chile, en donde los acuerdos para evitar la doble tributación son parte de estrategia de apertura comercial y lo hacen previo análisis, con base a qué tipo de inversiones quieren atraer.
La última vez que revisé, tenían acuerdos en vigencia con Argentina, Canadá, México, Brasil, Ecuador, Perú, Noruega, Corea; firmados con el Reino Unido, España, Dinamarca, Nueva Zelandia, Polonia y Croacia; y en negociación con Estados Unidos, Malasia, Finlandia, Francia, Alemania, Holanda, Hungría, Italia, Paraguay, República Checa, Rusia, Suecia, Suiza y Venezuela.
Un acuerdo de doble tributación entre países, en pocas palabras, establece que si existe inversiones de ciudadanos de “Telilandia” en el país “Florilandia”. Si existe un acuerdo de doble tributación, el ciudadano de “Telilandia” paga impuestos sobre sus ganancias en “Florilandia” y cuando regresa el resto de sus ganancias a “Telilandia” no tiene que volver a pagar impuestos sobre esas ganancias, que ya pagaron impuestos una vez.
Antes de que alguien comience a alegar de que eso favorece a las transnacionales, le recuerdo que al contrario, favorecería a los países donde se hace el negocio y, donde, muchas veces, por razones de atracción de inversiones extranjeras para promover las exportaciones no tradicionales, no se pagan impuestos (en su mayoría, el caso de América Latina).
Lo chistoso es que muchos inversionistas extranjeros no pagan impuestos en esas regiones, pero al volver las ganancias a su país de origen, sí lo hacen y el dinero pagado en impuestos al final termina beneficiando a los países más desarrollados o regresando una parte a los países menos desarrollados en proyectos de cooperación internacional. ¿Irónico, verdad?
Para los diseñadores de políticas públicas en Guatemala, les recuerdo que, de acuerdo con lo establecido en la Organización Mundial de Comercio (OMC), las exenciones al ISR para las inversiones en exportaciones no tradicionales terminan en el 2009 (a la vuelta de la esquina) y que Honduras y Nicaragua sí van a poder seguir manteniéndolas.
¿Qué van a hacer cuando estemos compitiendo contra esos países para atraer inversiones y saquen ese “as” bajo la manga?
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