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EDITORIAL UE: mensaje con tres destinatarios
Dentro de la mesura propia del lenguaje diplomático, la Unión Europea (UE) lanzó ayer a los guatemaltecos el reto de comprometerse, por medio del pago de sus impuestos, con el esfuerzo impostergable de superar las grandes inequidades sociales.
El principal donante para el tema de la paz dejó claro que sigue firme en su propósito de ayudar al país a mejorar las condiciones económicas y sociales de los más pobres, y que la responsabilidad es, principalmente, de los guatemaltecos, razón por la que la negativa o resistencia a pagar impuestos para satisfacer la contrapartida que corresponde al país podría condicionar los montos de los futuros aportes y hasta la continuidad de la cooperación.
El mensaje de los europeos es categórico: su solidaridad exige reciprocidad de los contribuyentes por medio de su aporte a favor de los más necesitados, a través de los impuestos y por medio de las propuestas consensuadas en el Pacto Fiscal.
Se trata de una exhortación oportuna que debe ser recibida con muestras de voluntad, especialmente en un momento en que, como lo comentó recientemente el presidente Óscar Berger, se decide el futuro del país que queremos: si un mediocre, sin posibilidades de satisfacer las necesidades de infraestructura, educación o salud, o una nación que camine hacia el progreso y la justicia social.
Esa voluntad implica la plena aceptación de todos los sectores y de todas las personas, incluidas aquellas que presionan porque satisfagan sus necesidades, sin ofrecer nada a cambio. Además, del lado del Gobierno, el esfuerzo debe orientarse a devolver la confianza a los contribuyentes a través de la inversión correcta de los impuestos y el combate de la corrupción.
Satisfacer este requisito de la cooperación europea es una responsabilidad moral que entraña a su vez el beneficio adicional de que al afianzar sus lazos con una organización que representa a 455 millones de personas, Guatemala abre la posibilidad de ser parte de un tratado comercial que trascienda de lo meramente comercial hacia ámbitos de naturaleza social y política.
Pero esos beneficios están condicionados a que el país supere su ancestral subdesarrollo y entre en una fase productiva que aproveche sus variadas potencialidades. De otra manera, no tiene nada que ofrecer a aquella parte del mundo que experimenta un desarrollo vertiginoso.
Un futuro promisorio está condicionado a la convicción, el compromiso y la actitud de cada guatemalteco para contribuir de acuerdo con sus posibilidades económicas. En ningún lugar del mundo los impuestos son bien recibidos.
Sin embargo, son el único camino para el bienestar colectivo y tienen la particularidad de que mejoran la situación económica de quienes, en razón de sus ingresos, deben pagar más. Al final, el mismo desarrollo devuelve, y con réditos, ese aporte a la sociedad.
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