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COLECTIVO MADRESELVA ¡Ubiquémonos!
El Ministerio de Ambiente tiene la obligación de velar por el interés de todos los seres que estamos aquí.
Por:
Magalí Rey Rosa.
La definición sobre “ecología” que ahora proponen algunos pensadores, es: la ciencia o el arte de las relaciones de todo con todo por todas partes. Se diferencia de la tradicional, que la definía simplemente como el estudio de la relación entre el ser humano y su ambiente, en que nos obliga a ubicarnos en el tiempo y en el espacio.
Desde la perspectiva ecológica, tenemos que pensar en los millones de años que tuvieron que pasar para que los elementos se combinaran hasta formar lo que hoy conocemos como la atmósfera terrestre; y en los millones de años más que transcurrieron para que los microorganismos evolucionaran y llegaran a la complejidad de formas de vida entrelazadas que hoy conocemos como ecosistemas; en los muchos miles de años que le ha tomado a la civilización humana ubicarse como la especie dominante en esta red de vida.
Y también nos hace mirar hacia el futuro... y considerar las consecuencias, a largo plazo, de las decisiones que tomamos hoy.
Con esa consideración ecológica como marco conceptual, la idea que han lanzado algunos funcionarios de gobierno, de eliminar el Ministerio del Ambiente e insertarlo en el de Agricultura, sería un retroceso para la sociedad guatemalteca, porque se estaría eliminando a una institución creada para velar por el interés más común posible, el interés por la vida, en el sentido más amplio.
En el Maga se vela por intereses sectoriales (agrícolas, ganaderos y madereros, entre otros) que, en muchos casos, atropellan los derechos de otros sectores, como podrían ser los de las mujeres y los niños, por ejemplo. El Ministerio de Agricultura no se distingue por tener consideraciones de bien común o de protección ambiental.
En el Maga se fomenta la repartición de venenos químicos y la deforestación, por ejemplo, porque es rentable -aunque sea a corto plazo- para los agricultores y madereros, aunque se afecte negativamente -y a largo plazo- a la población guatemalteca en general.
El Ministerio de Ambiente tiene la obligación de velar por el interés de todos los seres que estamos aquí, ahora -desde las más pequeñas hasta las criaturas humanas- y el de quienes tienen igual derecho de vivir y estar, en el futuro. Lo que se plantea como una reducción de gastos para el Estado, sería una reducción de las posibilidades de que tengamos sociedades más sanas y justas.
Aunque ahora el Ministerio del Ambiente es débil y deficiente, teniendo el bien común como interés central -como lo manda nuestra Constitución- el Maga tendría que insertarse dentro de un Ministerio del Ambiente fuerte y funcional.
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