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Guatemala, 30 de Abril de 2004

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Opinión

PERSISTENCIA
Myrna Mack y Gerardi

Congratulo a Helen Mack por el triunfo alcanzado para hacer justicia a su hermana y, con ello, al pueblo de Guatemala.
Por: Margarita Carrera

Tanto Myrna Mack como monseñor Gerardi fueron víctimas de una ejecución extrajudicial, ordenada por el Estado Mayor Presidencial, con el fin de que los crímenes de lesa humanidad, cometidos durante la guerra sucia por el ejército de Guatemala, no fueran reconocidos y divulgados y sus responsables permanecieran impunes.

Myrna estaba realizando un trabajo sobre la CPR y daba a conocer la persecución, de parte del ejército, de la población civil desplazada en Quiché.

Una población hundida en la pobreza y sin armas que no quería salir al exilio mexicano. En su obra “Historia de un gran amor”, el padre Ricardo Falla nos narra el sufrimiento de los campesinos indígenas que trataban de ocultarse en la selva.

Falla se enamoró de esta población y decidió compartir con ella su agonía, esto es, su lucha por subsistir dentro del territorio guatemalteco.

Monseñor Gerardi fue también víctima de un asesinato infame, ordenado, asimismo, por el Estado Mayor Presidencial a causa de haber publicado el Remhi, “Guatemala, nunca más”, en donde se dan a conocer las masacres y crímenes perpetuados, sobre todo, por el ejército.

Sin embargo, si bien vemos con satisfacción que por el asesinato de Myrna el Estado de Guatemala ya ha reconocido su participación, el asesinato de monseñor ha caído en una maraña de mentiras, sobre todo, a causa del libro “¿Quién mató al obispo?” de Rico y Grange.

En vano tratan estos periodistas de disculpar a los miembros del Estado Mayor Presidencial que están siendo juzgados por tal crimen.

Ya se ha comprobado que tal asesinato fue también una ejecución extrajudicial en la cual actuaron miembros pertenecientes a esa institución. Y no propiamente para perjudicar al gobierno de Arzú, sino para castigar a quien había tenido la osadía de divulgar la verdad de lo ocurrido durante la guerra sucia.

Es de congratularse que en el acto de “Reconocimiento de la responsabilidad institucional del Estado en la ejecución extrajudicial y denegación de justicia a la antropóloga Myrna Mack Chang”, el presidente Berger -en nombre del Estado- haya pedido perdón a la familia Mack Chang y al pueblo de Guatemala, acatando así la orden de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuya intervención fue necesaria.

Si el caso Gerardi continúa entrampado por el sistema de justicia guatemalteco, puede que la ODHA tenga necesidad de acudir también a la mencionada Corte, de la misma manera que lo hizo la valiente Helen Mack a través de su Fundación. Imposible que tan horrendo crimen permanezca en la impunidad.

 

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