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Guatemala, 09 de Junio de 2004

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Opinión

SECRETO PUBLICO
Qué lástima

Según los hechos de estos últimos días, los guatemaltecos tenemos más habilidad para evidenciar nuestros desacuerdos que en comunicarnos efectivamente.
Por: Ronald Flores

De qué maldición seremos herederos, me he preguntado con insistencia durante esta última semana; en particular debido a que no he podido simpatizar con ninguno de los principales discursos en pugna. No estoy ni a favor de unos ni en contra de otros, sino todo lo contrario.

Comprendo algunos de los argumentos de los sectores sociales como algunos del Gobierno, pero no comparto el sentido de las acciones que emprenden ni la persistente descalificación mutua ni el intercambio de amenazas. ¿Acaso cuesta tanto entender qué sectores sociales y gobierno se necesitan entre sí?

Pero más importante aún, al menos para mí, es buscar la manera de establecer una dinámica política que no menoscabe el espacio de disensos imprescindible para el funcionamiento democrático pero que permita que el sistema funcione efectivamente a partir de acuerdos mínimos y básicos sobre la convivencia de sectores que persiguen distintos intereses.

Es decir, la forma de evitar que cada pequeña polémica pueda llegar a ser percibida o que incluso represente el trompetazo que augura el inicio del fin de los tiempos.

Pura dialéctica de escándalos e histrionismos a la que asistimos los ciudadanos en este pobre teatro improvisado y aburrido que es la política local. Qué se necesita para que maduren los protagonistas de este recurrente máscara contra cabellera y logren entender que los desacuerdos son parte del juego pero que la meta común, el bienestar colectivo que posibilita la comodidad individual, debe ser lo más importante.

Pero es difícil cambiar la dinámica que se ha establecido para ganar espacio y protagonismo en esta lucha de enemigos mortales en que se ha convertido el establishment guatemalteco, en cualquiera de sus dos versiones, que no distan mucho entre sí: izquierda o derecha.

Ante la ausencia de capacidad de propuesta e interlocución, de entablar mecanismos de diálogo y negociación vinculantes con los más amplios sectores, lo que queda es protestar, desde el sector social o desde el Gobierno. Total, da lo mismo.

Aquí todos quieren imponer su voluntad sobre los demás, sin ceder un ápice. Y a eso le llaman diálogo: que los demás escuchen lo que tengo que decir y luego lo hagan.

Por lo general, para ser considerado líder en este país se necesita algún tipo de derrame público de bilis o insatisfacción, evidenciar enojo, indignación, incluso asco.

O pararse frente a una muchedumbre para quejarse o para declararse víctima de algo o de alguien. Dar miedo o lástima, lo que venga primero o ambas a la vez. De las búsquedas razonadas y ecuánimes de solución, nada.

Eso es aburrido y no jala masas. Y peor aún, así no se sale nunca en las fotos de primera plana. Nada que ver. Hay que subir el tono y lanzar amenazas.

Pues bien, si es así, demuestro mi inconformidad ante la inmadurez de quienes supuestamente nos guían y nos representan. Créanme que es cansado verlos pelear a cada rato, como si el país estuviera para verlos enfrentarse ciegamente unos con otros, como si viviéramos en la bonanza económica y no tuviéramos otra cosa que hacer.

Por ello, recomiendo a los sectores sociales y al Gobierno cambiar de actitud, dejar los berrinches a un lado y asumir el más hondo y fructífero diálogo que jamás haya tenido el país.

Está bien. Es sólo mi opinión. Yo lo sé. No represento a nadie más que a mí mismo. También sé eso. Es decir, soy casi nadie. Soy tan sólo un voto. Soy también unas cuantas palabras a la semana en las cuales emito mi opinión como ciudadano.

A veces algunas acciones me dan alegría y esperanza en este país; otras, me dan tristeza y pienso que si seguimos así llegaremos pronto a ninguna parte. No tienen por qué hacerme caso. Total, no me siento representado por ninguno.

Pero quiero terminar con una pregunta, tal vez impertinente: ¿de veras creen que así, con recriminaciones mutuas, con esa desconfianza que generan entre sí, están aportando algo al país?

 

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