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CARPE DIEM De hinojos
¿Qué tal si en vez de hacer Rambos mejor invirtiéramos en tener mejores policías, jueces y fiscales?
Por:
Luis Figueroa
I. A un costo de Q24 millones, la administración guatemalteca, que es incapaz de garantizar la seguridad y la justicia en su propio territorio y para sus propios habitantes, envió soldados a la República Democrática del Congo.
Dígame, usted, si eso no es pretencioso y absurdo. Lo que no se invierte para cuidar la vida y la propiedad en casa, se usa para ir a presumir en África.
Por cierto que el día de la despedida de los soldados, el presidente Berger vio llorando a una madre, a quien le dijo: “No llore, por estar allá traerán unos centavitos más a la casa”. Y una amiga me comentó: “Ojalá que a aquellos patojos les haya hablado del sida que abunda en África; porque si no, van a traer algo más que centavitos”.
Luego, el presidente añadió: “Si se ponen tristes aquí, me llaman y nos tomamos una tacita de café”. Y yo me acordé de que mis papás, que vivieron en Costa Rica durante cinco años, contaban que los ticos decían: “A ver cuándo llegas a mi casa” y lo que daban era el apartado postal.
A ver si el presidente, de verdad, recibe las llamadas (¿a qué número?) y a ver cuándo baja a tomar café con las familias de los soldados.
Así es esta administración. Puras apariencias. Bonito logo para el Inguat, por ejemplo; pero el país está de hinojos por la delincuencia, y los millones de quetzales que no se invierten para combatir el crimen, se gastan en ir a lucir, lo que no tenemos, en África.
Todo es humo y espejos. La Zona Viva, por ejemplo, tiene aceras pretenciosas de mármol y cruces de calles con piedras de distintas texturas, que a veces se ven como calles diseñadas por Güicho Domínguez.
Pero las apariencias engañan. La Zona Viva y sus alrededores están infestados de ladrones. A decir de las víctimas y de quienes han observado los hechos delictivos, los asaltantes se especializan en robar laptops y teléfonos móviles.
La 4a. entre 14 calle y 16 calle, donde dos policías cuidan a Alvarado Macdonald, es una trampa peligrosa. Ahí opera un grupo de asaltantes entre las 7.30 y las 9 horas para regresar a las 16.30 cuando miles de gentes circulan por ahí para ir a sus trabajos, o regresar a sus casas.
Algo parecido ocurre en la esquina del edificio Topacio Azul, en el área de la 11 calle, y también hacia el Centro Empresarial. En todas esas vías hay docenas de robos cada día, según lo relatan víctimas y vecinos.
A pesar del logo conceptuoso del Inguat, ¿qué turistas van a venir, si cualquiera puede ser asaltado en un área hotelera como la Zona Viva o en una carretera del altiplano, o de la costa? ¿De qué sirve que Guatemala presuma de internacionalista y ande metida en África, si aquí mismo cualquiera de nosotros puede perder la vida por su móvil, o su computadora?
La administración dice estar “preparando soldados universales más capacitados y adquiriendo equipo de primera a raíz del involucramiento en misiones de paz con Naciones Unidas”. Y yo pregunto: ¿Por qué no empezamos en casa? En vez de hacer Rambos mejor inviertan en tener mejores policías, jueces y fiscales. En darles equipo, capacitación y apoyo político.
Ya está visto que a pesar de las alzas de impuestos la recaudación tributaria no crece. Eso lo explica, en parte, la curva de Laffer, que demuestra que a partir de cierto punto el incremento en los impuestos ya no rinde un crecimiento en la recaudación.
Pero yo sostengo que también tiene que ver con la falta de confianza que genera una administración incapaz de cumplir con sus obligaciones más elementales, como es la de proporcionarnos seguridad y justicia a sus electores y contribuyentes.
Y no contenta con eso, desperdicia recursos en grande. Unas veces en satisfacer las demandas parasitarias de los grupos de interés, y otras ocasiones en aventuras alocadas como la de los soldados chapines en el Congo.
La delincuencia nos tiene de rodillas. ¿Y la administración? Allá está, en África, jugando a Van Damme y al Soldado Universal.
II. Con la muerte de Efraín Hernández se va una pieza clave para el esclarecimiento del caso Gerardi; y mientras tanto, dos inocentes permanecen presos injustamente.
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