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Zona desprotegida
Cerro El Amay es uno de los últimos bosques nubosos aún no protegidos del país
Por:
Ana Lucía Blas
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| Cerro El Amay se ubica entre los municipios de San Miguel Uspantán y Chicamán, Quiché. En él habitan especies como el quetzal y la monja blanca. |
Ubicado entre los municipios de San Miguel Uspantán y Chicamán, en Quiché, el cerro El Amay alberga diversidad de especies animales y vegetales emblemáticas, como el palo negro, el quetzal y la monja blanca. Además, es fuente de recursos hídricos y uno de los últimos bosques nubosos aún no protegidos del país.
También se encuentran vestigios arqueológicos de la época precolombina dentro de algunas fincas privadas ubicadas en su territorio boscoso. Sin embargo, el lugar corre el riesgo de desaparecer si no es protegido.
“Al ritmo actual, en 12 años podría perderse la cobertura forestal del cerro”, alerta Ronny Roma del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).
Sólo en el área de Chicamán, más de 10 comunidades se han asentado en El Amay, según un estudio técnico realizado por Conap.
Primeros intentos
En junio de 1992, la Municipalidad de Chicamán creó, mediante acuerdo edil, el parque regional El Amay, con el propósito de proteger, conservar y mejorar una muestra representativa de los ecosistemas presentes en ese municipio.
No obstante, en ese momento no se cumplió con el requisito de indicar la localización exacta del área que comprendería el parque.
En 2004 el Conap, con el respaldo del Fondo Nacional para la Conservación (Fonacon) realizó el estudio técnico necesario para declarar legalmente como área protegida el cerro El Amay.
Durante el estudio, se encontró que las tierras del cerro son propiedad de la comunidad y no de la municipalidad, lo que invalida el acuerdo municipal de 1992.
“A raíz de eso, sólo unas 13 caballerías baldías están en posibilidad de convertirse en área protegida”, indica Roma.
Participación comunitaria
Conscientes de la importancia de conservar las especies animales y vegetales de ese bosque, las comunidades de San Miguel Uspantán, Santa María Cunén y Chicamán firmaron recientemente un convenio para buscar consensos y proteger el área.
“Reconocemos la riqueza ecológica y el potencial turístico de nuestras tierras, por lo que queremos preservarlas”, expresa Víctor Hugo Figueroa, alcalde de Uspantán.
El acuerdo busca promover programas que contribuyan a resaltar el valor del área y gestionar la evaluación catastral para delimitar y registrar la zona baldía. Las acciones incluirían medidas para el desarrollo sostenible de las comunidades.
Dicho convenio representa un compromiso interinstitucional, en el que participan Conap, la Fundación Rigoberta Menchú y la organización Movimondo.
“Debemos buscar modelos de desarrollo que reflejen nuestra diversidad cultural y añadan valor a los atractivos turísticos del país”, señala Rigoberta Menchú, presidenta de la fundación que lleva su nombre.
Por aparte, Vinicio Ramírez, de Movimondo, resalta la importancia de promover acciones amigables al ambiente, como el ecoturismo, que a la vez sean fuente de ingresos para las comunidades aledañas a la zona.
Proceso
El estudio técnico realizado por Conap y dado a conocer en julio recién pasado, es el primer paso para declarar la zona del cerro El Amay como área protegida.
Ahora las comunidades deben consensuar sobre la zona a proteger. “Es necesario concienciar y sensibilizar a las comunidades para que busquen medidas de conservación de su entorno”, asegura Ramírez.
Finalmente, habrá que presentar la propuesta en el Congreso para que declare oficialmente área protegida el espacio acordado por las comunidades de los tres municipios.
“Esperamos que la propuesta llegue al Congreso en menos de un año”, dijo Ana Luisa Noguera, secretaria ejecutiva de Conap.
Quieren proteger el cerro
El Conap espera que el Congreso declare su protección.
En 1992, las autoridades de Chicamán, Quiché, decidieron conservar el área del cerro El Amay.
Un estudio de Conap, de 2004, evidenció que no todas las tierras del cerro son propiedad municipal, invalidando el acuerdo municipal de 1992.
San Miguel Uspantán, Santa María Cunén y Chicamán, unidos, quieren conservar ese territorio.
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