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Guatemala, martes 13 de diciembre de 2005

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Opinión

HORIZONTES
Desconfianza

Le tengo envidia a los chilenos, porque ellos sí supieron superar la desconfianza por la confianza.
Por: Francisco Beltranena.

El domingo por la mañana, me morí de la envidia. Transmitía la televisión chilena en directo las elecciones generales y me quedé viendo la cobertura del momento en el que el presidente Ricardo Lagos llegaba al centro de votación a ejercer su derecho al sufragio.

Custodiado como cualquier presidente, Ricardo Lagos se fue abriendo paso entre la muchedumbre, que en vez de chiflarle o mentarle la madre, le aplaudía incesantemente.

Las noticias internacionales nos traen el recuento de los resultados, en los que la candidata de la Concertación (alianza entre la socialdemocracia y los demócratas cristianos), la pediatra Michelle Bachelet, obtuvo el 45 por ciento de los votos emitidos, obligando a una segunda vuelta a realizarse en enero de 2006 contra el candidato de centro derecha Sebastián Piñeira.

Pero los cables no nos dicen mucho de los niveles de aceptación de más del 70 por ciento con los que cierra el presidente Lagos su gestión, y es allí donde los chilenos me dan envidia.

Cuánto no quisiera yo que nuestros presidentes terminaran sus mandatos con tan alta aceptación.

¿Y saben por qué? Porque ese sería un signo inequívoco de la buena gestión que seguramente hubiesen hecho a lo largo de su mandato temporal. Pero la verdad es que en nuestro medio es todo lo contrario a lo que sucede en Chile.

No hemos llegado a la mitad de un mandato y ya se dejan escuchar los signos de derrota.

Nada podría ser más desalentador para la ciudadanía que esto. Faltan dos años y un mes de mandato y se hace necesario enfrentar los problemas que nos están agobiando.

Desde mi perspectiva, el presidente Berger tiene que considerar que hay tres líneas de problemas que tiene que enfrentar de manera inmediata: el bajo grado de gobernabilidad que exhibe su gobierno (hay quienes le llaman ingobernabilidad), la inseguridad ciudadana y la beligerancia que le ha dado a ciertos grupos a lo largo de la gestión y que ahora pretenden descalificarle a la mitad de su mandato.

Creo con toda franqueza que la falta de gobernabilidad se debe principalmente a la falta de liderazgo que ha exhibido el presidente Berger. Esa falta de liderazgo ha provocado que se mantenga un alto grado de descoordinación interinstitucional y la fatiga de los actores que más parece que hubieran arado en el mar.

Las luchas intestinas por convertirse en los delfines de un proyecto que, hoy por hoy, lleva todas las de perder, han desgastado la autoridad presidencial y han provocado un elevadísimo grado de insatisfacción entre la ciudadanía que sigue pensando en su fuero interno que no se equivocó al hacer presidente a Óscar Berger.

Las causas de la inseguridad ciudadana son varias, y quizá se devienen de la primera, la falta de liderazgo, en donde el narcotráfico, los inmigrantes, las maras y el terror que han llegado a provocar en la ciudadanía, son el talón de Aquiles en lo que lleva la administración Berger.

Pero si hemos de identificar una de las causales para que lo que se esperaba fuera un gran gobierno y que se ha convertido en un alto grado en desgobierno, se fundamentan en la desconfianza perpetua entre las personas y las instituciones.

En este sentido, hay muchos guatemaltecos que podrían estar haciendo un mejor trabajo que muchos de los funcionarios de gobierno que han llevado la batuta en los dos primeros años de gestión, pero que por el simple hecho de no ser parte del círculo de amigos o de la élite partidaria oficialista, no serían llamados a formar gobierno.

Creo sinceramente que el presidente Berger aún puede rescatar el rumbo de la nave y hacer de su gestión una verdaderamente exitosa.

Quedan dos años, y todavía se puede hacer muchísimo. Pero para lograrlo debe tomar el mando del timón y confiar en un nuevo grupo de marineros que le permitan llevar a puerto seguro el barco llamado Guatemala.

Le tengo envidia a los chilenos porque ellos sí supieron superar la desconfianza por la confianza.

Ojalá lo logremos en Guatemala, porque de lo contrario la mar se va a poner brava muy pronto.

¡Hasta la próxima!

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