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Hablando Claro: Calidad del gasto público
Por César A. García E.-
La semana pasada expresamos lo fundamental que sería para el futuro de nuestro país, priorizar con toda responsabilidad y conciencia el gasto público.
Esta sola acción, podría ser la diferencia entre seguir como vamos…es decir a la deriva, o marcar un punto de inflexión basado en la decencia, el carácter y el bien común.
Para ilustrar la importancia de la calidad del gasto público, permítanme hacer la analogía con el gasto doméstico de cualquier hogar, así como con el gasto de cualquier empresa.
En el primero de los casos, es obvio que los padres de familia responsables, velarán -como prioridades- porque sus hijos tengan una buena educación, una adecuada alimentación, un sólido cimiento moral y obviamente porque su salud sea la mejor posible; de esa cuenta dentro de su larga lista de gastos, priorizarán todo lo relacionado a buscar estos plausibles objetivos, es decir, pensarán únicamente si los recursos son excedentes, en contratar servidumbre, chofer, jardinero, etcétera; también resulta impensable que un padre que quiere lo mejor para sus hijos, los exponga al ejemplo de bacanales, desperdicio e irresponsabilidad, pues parte de correcta formación, es enseñarles -con el ejemplo- a administrar sensatamente.
En el caso de una empresa, es obvio que el gasto prioritario irá orientado a inversión de tecnología de punta, posicionamiento, investigación de mercados, servicio, controles y capacitación del personal, pues todo ello contribuye a garantizar la permanencia en el mercado, y eventualmente coadyuva a alcanzar el liderazgo.
Un empresario juicioso velará porque todas estas erogaciones se hagan sin poner en riesgo un volumen razonable de utilidades -justa recompensa a su inversión- y sería impensable que éste orientara parte de sus gastos a burocratizar su empresa y menos a contratar gente incompetente, mediocre o amoral, pues perfectamente reconoce el valor del elemento humano de calidad, como factor fundamental para lograr el éxito, de modo que no hará nada que termine con su rentabilidad y menos aún, provocará el menoscabo del patrimonio de su empresa.
Si en los citados ámbitos actuamos con prudencia, ¿Por qué nos convertimos en seres permisivos en lo relativo a la administración del erario nacional?, ¿Por qué no objetamos los desmanes y consentimos -con nuestra indiferencia- el abuso, el derroche y el desorden?, y más aún, ¿Por qué nuestros gobernantes se olvidan de los principios básicos de la buena administración y se adaptan al desastre heredado?.
Una respuesta probable es que quizá nunca conocieron tales principios, la otra explicación, a las interrogantes, proviene de la desvalorización que nos han vendido; muchos guatemaltecos están convencidos que se vale robar y/o ser mediocre…prueba de ello es que no exigimos calidad de los servidores públicos, gran parte de la población cree muy dentro de si, que éstos, tienen licencia para delinquir…pero no tanto, porque entonces si nos molesta.
El gasto público en la mayoría de los países indigentes, tiene como común denominador la inconciencia y corrupción…países que compartimos dramáticos índices de pobreza, desnutrición, analfabetismo…y en fin un precario desarrollo humano -grupo dentro del cual Guatemala tristemente “destaca”- nos damos el lujo de ignorar el drama, cerrar los ojos ante la miseria y le permitimos a nuestros gobiernos, gastar -en el caso de nuestro país- más de setenta centavos, de cada quetzal que éste recibe, mayoritariamente por concepto de impuestos…en “funcionamiento”.
Las gráficas ilustran la paradoja que resulta de que aunque el costo de funcionamiento de nuestros gobiernos sea creciente y sin control de calidad… ¿Funciona realmente el gobierno…el sistema de salud, los sistemas de seguridad, de educación y las "políticas" de erradicación del hambre y el crimen? Juzgue usted.
-Presidente Certeza Consulting, S.A.
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