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Guatemala, lunes 06 de junio de 2005

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Opinión

CONCIENCIA
¿Liderazgo o popularidad?

Tal pareciera que a la clase política le sigue interesando ser popular, olvidándose de su papel de líder.
Por: María Isabel Bonilla

Poco sorprenden las noticias sobre la rivalidad entre diputados y entre partidos políticos, o la conformación de “fuerzas” en el Congreso de la República para tomar el control en la toma de decisiones.

Tampoco nos extraña que las diferencias que existen entre el presidente de la República y el alcalde de la Ciudad de Guatemala sobre la forma de administrar el gobierno -nacional y local- se lleguen a ventilar públicamente; ni sorprenden las reacciones que éstos adoptan, dando a entender que pueden prescindir el uno del otro, y viceversa.

La clase política del país nos ha acostumbrado a esta forma de hacer “política” y de hacer “gobierno”. Nos han enseñado que la naturaleza y objeto de la “fuerza opositora” en el Congreso es la de estar en contra de las propuestas del Organismo Ejecutivo; es la de apoyar iniciativas a cambio de obtener concesiones; o es la de rechazar toda iniciativa que les reste votos electorales.

Durante el primer semestre del año hemos presenciado poco trabajo de oposición que vaya acompañado de verdaderos análisis técnicos, y de alternativas viables a favor de la población y no de partido político alguno.

Del conflicto entre los jefes del gobierno nacional y del municipio de Guatemala tampoco podemos sacar buenas lecciones. Tal pareciera que es la amistad y la reciprocidad lo que debe definir la política pública.

Se ha llegado al extremo de demostraciones de desacuerdo que rayan en el capricho y en la falta de profesionalidad, olvidándose tanto uno como el otro de que el puesto que ocupan es para trabajar en función de los guatemaltecos, y no de una amistad o del partido político al que pertenecen.

Tal pareciera que a la clase política le sigue interesando ser popular, olvidándose de su papel de líder. ¿De qué le ha servido a Guatemala contar con funcionarios electos, eficientes para mantener sus niveles de popularidad, pero que no tienen la habilidad para tomar las decisiones y para definir las estrategias de desarrollo que necesita el país?

¿De qué nos sirve a los guatemaltecos que un grupo de diputados se esfuerce por unirse para tomar el control en la toma de decisiones, si no se esfuerzan para convencer de lo bueno o lo malo de determinados proyectos, basándose en estudios y no en prejuicios?

La popularidad no es el tipo de liderazgo que requiere Guatemala. Necesitamos líderes que representen la excelencia; líderes comprometidos, que trabajen por el progreso de todos y no para un grupo determinado; líderes que sepan construir puentes y no obstáculos; líderes que se ganan el respeto y el cariño por la calidad de su trabajo y no por aparentar que ejecutan alguno.

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